«Incompresa» (Incomprendida): infancia perdida

Lo que habitualmente ocurre en las películas es que aquellas con niños o animales resultan ser las mejor acogidas por el espectador por la empatía y la ternura que se genera. Con «Incomprendida», que fuese presentada en la tradicional sección del Festival de Cannes «Un Certain Regard» de 2014, pasa absolutamente lo contrario. La protagonista del filme de la directora Asia Argento, vive en un mundo, al cual quiere entrar pero todo se lo impide y eso genera cierta incomodidad al ver la ruptura, la distancia y el desamor en alguien que debería ser feliz.
Lo primero que se puede cruzar por la cabeza si se conoce la vida de la realizadora, se podría pensar que algunos hechos relatados en el filme son propios de su infancia. En principio, el nombre de la niña incomprendida, Aria: ¿una casualidad? Pues, en realidad, Asia es un nombre artísitico, el que querían ponerle los padres a la directora pero el Registro Civil no lo aceptó. No es el hecho más saliente: Aria convive con sus padres, artistas los dos y Asia se crió en una familia de artistas. De hecho, su padre es el famoso director de películas de terror, Darío Argento.

Asia se fue de su casa a los 14 años, Aria, también por las obvias razones del título. Estos datos son anecdóticos ya que Asia Argento se nota muy conforme con lo que vivió y lo que le enseñaron en su familia: es la realizadora italiana más joven de la historia y filmó la primera película digital en su país natal. En 1993, trabajó por primera vez con su padre como actriz en la película «Trauma» y no se siente mal con las cosas que él le hacía representar ya que Darío Argento le decía que no era algo real, que era justamente una representación.
Volviendo a la trama de esta intensa obra, veremos el retrato de una familia disfuncional: los padres de Aria, han tenido parejas anteriores y la niña tiene dos hermanas, una por parte materna y otra por parte paterna. Como la pareja se lleva mal, su refugio son dos consentidas adolescentes y Aria, en el medio, mendigando lo poco que pueda entre crisis conyugales, psicológicas, de bullying en el colegio y ya nada más le puede quedar. Ella admira a su padre, el artista, que por momentos está lucido pero luego, comienza nuevamente a los gritos e insultos contra su mujer actual.
Este papel lo interpreta Charlotte Gainsbourg, a quien hemos visto recientemente en pantalla en «3 Corazones». Aquí aparece como una mujer que cambia de pareja como de vestido, no le importa que sean hombres grandes, o jóvenes, conservadores o de izquierda. Todo le viene bien, y si está sola, toca el piano a cualquier hora. Desde este manicomio, Aria, que tiene una compinche en el colegio, disfruta robando cartas de amor, o metiéndose con cosas de grandes como fumar o beber cerveza. Estos actos también la alejarán de esta amiga que vive en un hogar tradicional italiano.

El asunto es que cuanto más se siente sola peores cosas hará para atraer la atención de cualquiera que quiera ser su amigo o que la traten un poco como a sus hermanas. En un momento encuentra a Dac, un gato negro, y ahí se desata una gran discusión con su padre que es totalmente supersticioso y empieza a buscar un camino para ella y el felino. La estética nos retrotraerá a los años 80 y veremos fotos de bandas de esa época como los Duran Duran.
El gato de una de las hermanas de Aria se llama Simon Le Bon, ¿les suena? Lo que voy a destacar es la admirable actuación de Giulia Salerno que hace que mucha de esta locura se vuelva tan real que sea una triste biografía. En cierto modo, uno espera que muchos de estos recuerdos y episodios que nos cuenta Aria sean parte de una frondosa imaginación, una forma de escape, que le hace escribir los mejores ensayos para su clase y de todas las escuelas de la nación. «Qué va a ser de tí lejos de casa, nena qué va a ser de tí,», decía la canción del Nano Serrat y es la pregunta que puede quedar pendiente al salir de la sala.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
¿Sería demasiado loco o ambicioso querer ubicar a Asia Argento al lado de Xavier Dolan? ¿Para poder entender a ambos como exponentes de un cine que busca impactar a fuerza de imágenes? ¿Y de esta manera armar un panorama actual sobre el cine que intenta explorar emociones y sensaciones a través de la pantalla y las imágenes? ¿Es muy descabellado plantear un paralelo entre “Mommy” (Canadá, 2014) e “Incomprendida” (Italia, 2014)? ¿Si ambas películas se enfocan en un personaje particular y a partir de allí narran las desventuras familiares del resto, esto es viable?
Basta de hipótesis, “Incomprendida” es un filme libre y desprejuiciado que habla de la niñez como lugar de conocimiento, pero también de la posibilidad de crecimiento desde la fuerza interior de cada persona. Todo lo que Asia Argento quiere mostrar sobre Aria (Giulia Salerno), una niña que intenta encontrar su lugar en el mundo luego de la separación de sus padres (Charlotte Gainsbourg y Gabriel Garko), y desde antes también, tiene que ver con lo lúdico del juego y la inexperiencia de la niñez como lugar pretérito.

Desde los títulos, con un recorrido por un diario íntimo y la impactante melodía de una caja musical, la elección de la porosidad y granulado de la imagen, que a través de filtros y ralenties para enfatizar los deseos y anhelos de la joven, se genera una empatía directa e inmediata con la historia y su protagonista. A Aria le gusta la música, los chicles, los colores, también le gusta Adriano (Andrea Pittorino) y tiene una sola amiga (Alice Pea), a quien le confía todos sus secretos y con quien mantiene una relación casi simbiótica, llegando a odiar a la misma gente.
Hija de una estrella del cine, la crianza que le ha dado su madre no escapa de un mero capricho que termina transformando a los hijos en objeto de lucha. Si su mundo infantil hace que sueñe y que intente progresar y avanzar, a través de diversas “travesuras” acceder al conocimiento necesario como para poder encarar las rutinas que diariamente comparte, el desmoronamiento de los cimientos familiares la hace retroceder y generar inseguridad en su persona. Por eso a Aria todo se le hace difícil, más cuando comienza a deambular como una pelota de ping pong de un lado a otro entre la casa materna y la paterna.

En ninguna encuentra su lugar y quizás en la espontaneidad del cariño que puede recibir durante una noche por parte de una prostituta o un proxeneta es en donde Argento nos habla de una problemática que excede al envoltorio que ella armó para la presentación. Los hijos como botín de guerra, el bullying como manera de vida, el pecado como lugar en donde la rebeldía busca una oportunidad, expresados con crudeza y naturalidad y el imaginario popular que produce el rechazo de los intentos de Aria por conseguir amor.
Que su “mejor amigo” sea un gato negro es el justo ejemplo de necesidad de amor de una niña, que se ve envuelta en un espiral de violencia familiar, de desidia filial, de una madre que prefiere irse de viaje y un padre cocainómano que sólo quiere más exposición mediática, y que ante los embates de la vida decide seguir viviendo tal como lo sueña, escapando de mandatos y sólo tratando de ser de una vez por todas comprendida y amada.
