«Hija única»: la otredad y las heridas abiertas
¿Cómo pensar la identidad y reflexionar sobre un pasado oscuro de la Argentina, que duele, que sigue latente y que busca respuestas aún en los casos en que las decisiones personales atraviesan esa información? ¿Cómo enmarcar la historia de un amor en el proceso a partir del cual la identificación y la memoria resquebrajan los cimientos de las personas?
Algunas de esas respuestas están en “Hija Única” (Argentina, 2016) de Santiago Palavecino, un realizador con una obra que ha permitido contrastar realidades desde una mirada no complaciente y disruptiva, que potencia las ideas que presenta en cada uno de sus filmes y que exige una contemplación por parte del espectador activa.
Acá se narra la historia de Ezequiel/Juan (Juan Barberini), un hombre que está en el límite de sus propias creencias y conocimientos. Alguien que se debe repensar a sí mismo cuando se le revela una verdad sobre su pasado, la que menos sospechaba, y por la cual todo su presente se modificará, y también su futuro.
En el camino se topará con dos mujeres (Ailin Salas, Esmeralda Mitre), una más fuerte que la otra, en momentos diferentes de la narración, que trabaja con tres líneas temporales (1992, 2000, 2017), y con cada una mantendrá un vínculo particular que repercutirá en la otra.
A su vez, mientras su historia de dolor avanza, con una lograda puesta, que descansa en la bella paleta de colores que la imagen muestra, su pequeña hija se va acercando a su propia verdad en medio de juegos que la acercan a una realidad en la que el asumir otra identidad le permite relacionarse con el mundo de una manera diferente.
Y mientras la niña bucea en sus juegos, en juegos que la terminarán por presentar ante una verdad que la atraviesa, que también le da otra identidad, su padre, desesperado por sus propios dolores, la terminará envolviendo en su historia, en la de su mujer, en la de su madre y en cada uno de sus pensamientos.
“Hija Única” es una película incomoda, primero porque termina por hablar de temas que nos fundan y que muchas veces se los ha trabajado desde la pantalla pero no de esta manera. Palavecino se permite hablar de la última dictadura, no como tema excluyente, sino como disparador de líneas narrativas para luego configurar un complejo entramado de pasiones y de verdades.
La otredad como elemento narrativo, el doble asumido en el cuerpo de los personajes menos pensados y la música como válvula de escape ante tanta oscuridad, hacen que “Hija Única” no quede como un panfleto sin espíritu. Además, la incorporación de referencias explicitas a la búsqueda de la identidad en la utilización de elementos de la cultura masiva, también potencian la propuesta.
El trío protagónico, además, ofrece una calidad interpretativa ineludible, alcanzando un nivel de excelencia, la que, sumada a la logradas atmósferas, a un guion sólido y una historia que apasiona desde el primer fotograma, no hacen otra cosa que ubicar al filme en un lugar de destaque para seguir pensando el pasado de otra manera, incomodarse y reflexionar sobre uno mismo.
