«Forajidos de la Patagonia»: Un western bien sureño!

No, aunque pocos lo sepan, Django sin cadenas no es el único western que se estrena esta semana; no, y la variedad que se ofrece es tan amplia como para ubicarse en la otra punta del film de Quentin Tarantino.
Lamentablemente pocos saben de su estreno porque Forajidos de la Patagonia es un estreno limitadísimo, por esta sola semana, en una sola sala (Artecinema), ¡gratis!, y en un solo horario (15:15hs.), y con los resultados, aunque no son perfectos, hubiesen merecido una mejor suerte.
Forajidos… es una mezcla de varias cosas, es una comedia de enredos, es parodia, es cine hablando de cine, es una película de aventuras con algo de acción, y básicamente es un western, aunque uno local como su título lo indica (algo que se está haciendo cada vez más común en la filmografía sudamericana). Pero principalmente, Forajidos… es una película ultra independiente, y eso es lo más importante, lo que marca todo su espíritu.
El protagonista es Pancho (Juan Manuel Rodil), un joven director de cine independiente, proveniente de Buenos Aires, que buscando desesperadamente financiación para su tercera película, recibe un dato de su abuelo Fausto para encontrar en Chubut el tesoro que el mítico Butch Cassidy escondido vaya uno a saber dónde; parece que la clave se encuentra en un mapa del tesoro escondido en una pintura. Pero nada va ser sencillo en la travesía de Pancho, se cruza con una pareja que parece querer ayudarlo a encontrar el botín, pero también se cruza con el desalmado Dimitri (una especie de buscador de tesoro profesional); y además es perseguido por un comisario incansable por un delito que le es ajeno.

Pancho, Anibal y Nancy se van a meter en todo tipo de problemas y van a vivir una aventura muy simpática que hasta logra emocionar al espectador como si se tratase de una de Indiana Jones, eso no es un dato menor sabiendo que se cuenta con menos del 0,01% de presupuesto del que maneja Lucasfilm.
Forajidos de la Patagonia tiene clima y espíritu de western, loa Patagonia es mostrada como si se tratase de esas locaciones típicas de la frontera entre EE.UU. y Méjico; y lo mismo sucede con los personajes, actúan como si estuviesen ahí, se visten como tales. Es el Lejano Oeste pero en el sur del continente.
El director Damián Leibovich sabe hacer un buen uso de los escasos recursos, y eso siempre es fundamental para este tipo de film, sabe que cuenta con los hermosos y desolados parajes patagónicos, y la utilización de la locación es poco menos que perfecta. Bellos paisajes, buen clima, y haciendo que el lugar en sí sea un personaje más.

La historia de Butch Cassidy en Argentina ya fue contada varias veces en el cine, y en esta oportunidades, si bien hay algo de historia, suena más a excusa para ubicar un tesoro escondido al que varios sigilosamente quieren echarle mano. En este aspecto, es donde más se nota el logro humorístico, y si bien no será de grandes carcajadas, y algunas cosas pueden pecar de clichés o poco originales, la sonrisa permanente está asegurada.
El grupo actoral, por tratarse de rostros pocos conocidos y quizas falto de una basta experiencia, cumple correctamente con el cometido; y si alguno suena a sobreactuación, el clima paródico lo salva y saca a flote.
Estamos frente a una película hecha a pulmón, es pequeña pero ambiciosa y eso la convierte en lograda. A pesar de su escasísima difusión y su poco tiempo en cartel (que ojalá se extienda) es un gran mérito que pueda estrenarse en una sala cinematográfica, lugar en el que las grandes aventuras merecen ser vividas.
