«En los ojos de la memoria»: Epecuén, el pueblo fantasma

Seguramente muchos de ustedes no recordarán (a no ser que se acerquen a los cuarenta) qué sucedió en 1985 con la población de Epecuén. El 10 de noviembre de ese año, el desborde del lago que daba nombre a esa población (a unos 550 km de Buenos Aires) provocó la desaparición de dicha villa turística, cuando cedió el muro que encerraba las aguas donde los visitantes tomaban baños de tipo termal (o similares). Esto se debió en apariencia, a una serie de canales que se construyeron por pedido de los hoteleros para anticiparse a la sequía y asegurar temporadas largas.
Betiana Burgardt, en su ópera prima (trabajando junto a Cecilia Porta) llevaron a cabo un proyecto ambicioso: ofrecer el recuerdo de un espacio que ya no está, en las voces de quienes formaron parte de él, a la distancia. Estremece el inicio del documental cuando vemos los restos materiales de esa ciudad. El tono blanquecino de los restos (debido a la salinidad del agua, altísima para la zona), el silencio que cubre con su manto los restos de hormigón que pueden verse al navegarlos…

Es así, impresiona ver el estado de lo que alguna vez fue Epecuén, una población que cada verano albergaba alrededor de 20 mil visitantes, en la actualidad…
Tantos años, tanto tiempo y el hombre, vencido, sin posibilidad de retornar. Ahí se hace fuerte el relato, en esa sensación que sobrevuela cada registro: el hombre tiene que aceptar haber perdido su espacio, derrotado por la fuerza de la naturaleza, que aprovechó sus errores (la estructura de canales fue la que favoreció las consecuencias de la inundación, dado que el lago que daba nombre al poblado no ofrecía desembocadura) y arrasó con los bienes materiales de una población en su totalidad.

“En los ojos de la memoria” está presentado como un documental de observación, curioso y delicado. Burgardt elige situar a lo que queda de Epecuén como centro de su relato y utiliza sus imágenes actuales como transiciones entre los relatos de los antiguos habitantes del lugar.
“Es como si le rompés el nido a un pájaro…” se escucha en un momento mientras alguien rema en el medio de ese espacio ahora abandonado… Los pobladores recibieron una compensación económica pero lo cierto es que las indemnizaciones no resolvieron las cuestiones emocionales y de pertenencia de la gente y el registro logra dar cuenta de eso con meridiana claridad.
Dentro de un metraje ajustado, el trabajo destacado es de Ignacio Izurieta, quien acerca una fotografía fundamental para sostener el armado del film. Algunos acordes muy austeros en la banda sonora complementan los elementos que se hacen visibles a lo largo de la proyección. Amable y casi poético, un film que aborda el olvido y el desarraigo, en tonos tan sutiles, que quizás no sean perceptibles a simple vista. A tener en cuenta.
