«El secreto de Julia»: la compleja trama familiar

Indudablemente Ernesto Aguilar es uno de los jóvenes directores del cine que ha cimentado una de las carreras más prolíficas dentro de la reciente producción nacional.
No solamente ha filmado varios largometrajes en un corto tiempo sino que ha probado suerte con diferentes géneros, tomando riesgos, en productos tan opuestos como “Lisa” “Lucy en el Infierno” “Necromancia” más vinculados con el terror y lo fantástico, o dentro del drama más clásico ha filmado “De despojos y costillas“, película en la que tres hermanas, luego de la muerte de su madre vuelven a la casa familiar para ir tratando temas inherentes a la herencia y en donde obviamente surgirán conflictos, secretos y problemas familiares que vuelven a salir a la luz a partir de este nuevo encuentro.
Justamente este último trabajo sea el que más se emparente con esta nueva película, “EL SECRETO DE JULIA”, donde Aguilar vuelve sobre el entramado y los secretos que se esconden dentro de la historia familiar que tendrán una marcada connotación con el abuso de menores y la violencia de género.

Tal como pasaba con las tres hermanas, en este caso es la muerte de su padre la que dispara el viaje de Julia hacia su casa de la infancia, en un pequeño pueblo de las afueras del interior del país.
Emprenderá el viaje con su novia e intentarán quedarse allí en una corta estadía dado que el objetivo es vender esa casa lo más rápidamente que les sea posible. Casi sin pensarlo, esos días se van tornada cada vez más oscuros: Julia no solamente conecta con ciertos acontecimientos ocurridos en su niñez que tienen un fuerte impacto en su historia actual, sino que, casi sin quererlo, comienza a vincularse involuntariamente con su vecino, un ex – policía, que tiene un vínculo muy particular con su hija adolescente que le remite directamente a su propia historia de abuso, ocurrida años atrás en esa casa a la que ahora visita.
Julia se siente fuertemente perturbada desde el primer momento por este vínculo padre-hija tan particular: él pinta cuadros y a Julia le inquieta fuertemente el hecho de que ella pose desnuda para él, pero además descubrirá ciertas actitudes completamente ambivalentes en su vecina, que le parecerán sumamente extrañas y la desequilibrarán más todavía.

Como una manera de exorcizar el pasado, de volver sobre los fantasmas y lo que no se pudo superar, de buscar la forma de sanar aquello que tanto la ha herido, Julia intenta -pero no puede- sobreponerse a sus recuerdos y la historia con su vecino José, le complica más aun todo su panorama. Si bien Aguilar tiene un rico material como para poder trabajar temas que, además, tienen una contundente vigencia en la actualidad, la forma en que elige tratarlos se torna demasiado obvia y subrayada, sobre todo en la segunda mitad del filme cuando algunos diálogos, inclusive, pecan de declamatorios.
En el inicio, el planteo de “EL SECRETO DE JULIA” se encamina por el registro más cercano al thriller generando una cierta expectativa que, a medida que avanza la historia, se abandonará por completo. Elige para su segunda mitad un camino más explícito, las situaciones se muestran más abiertamente y no queda nada librado a una pequeña construcción por parte del espectador, sino que por el contrario, todo queda (sobre)explicado en palabras que luego se apoyan una vez más en las imágenes, espejando lo que sucede en la actualidad, con lo que aconteció en aquel momento, en esa casa de infancia.
Algo que podría haberse trabajado más sutilmente, a medida que avanza la película se transforma en algo explícito y lo simbólico se hace obvio, generándose momentos de violencia, de perversión y tortura que, alejados del tono de thriller psicológico inicial, se presentan de una manera obvia, que no armoniza con el clima inicial que mantenía una cierta rigurosidad dentro del género.

Otro de los problemas con el que debe lidiar la película es el tema de las actuaciones que no logran crear un equipo compacto y homogéneo sino que, por el contrario, se encuentran con severos desniveles y por ende hace que la historia funcione, sólo en algunas partes, como fragmentariamente.
Natalia D’ Alena, como Julia, logra momentos bien armados aunque en muchas situaciones su rol aparece un tanto calculado, como construido exteriormente sin mayor emocionalidad, pero indudablemente corre con el mayor peso dramático del filme y sale airosa de un complicado personaje protagónico. Santiago Schefer bordea el registro caricaturesco para su ex – comisario y quien más acierta en la dualidad que requiere su papel es Luciana Grasso en el rol de Belén.
“EL SECRETO DE JULIA” no logra decidirse entre el drama y el suspenso y en esa ambivalencia es donde pierde fuerza, para un tema tan potente como el abuso intrafamiliar que queda atrapado en una serie de clichés que merecían una mejor resolución.
