«El bosque de los perros» (review 2): regreso sin gloria

Mariela, después de 15 años de ausencia vuelve a su pueblo natal. En principio no sabemos exactamente cuál es el motivo de su regreso, pero poco a poco podemos ver que se acercará a Gastón, un antiguo amor de la adolescencia con quien intenta retomar contacto.

¿Será ese el verdadero y único motivo de su regreso? La llegada de Mariela al pueblo donde fue criada, no solamente perturbará a Gastón sino también a su hermano Carlos, quien siempre se sintió atraído por ella e intentó de todas las formas posibles, alejarlos en el pasado y es quien cierra este atípico triángulo amoroso.

Algunos hechos traumáticos de su pasado saldrán a la luz: situaciones vinculadas con la muerte de sus padres en un incendio accidental del que nunca pudo encontrarse al responsable y siempre ha quedado un estigma y un halo de sospecha sobre la figura de Mariela.

Pero además, mediante flashbacks precisos, podemos reconstruir otros hechos del pasado que vuelven a golpearla en el presente y los recuerdos que van rearmando y reinterpretando la historia, que nosotros como espectadores podemos reconstruir casi al mismo tiempo que Mariela va poniendo en orden a todas las piezas de su rompecabezas

interior. La ópera prima de Gonzalo Javier Zapico se narra permanentemente en estos dos tiempos: pasado y presente confluyen para contar la historia de esta mujer signada por tragedias personales con ciertas heridas que no se han cerrado y que, ante nuevos sucesos, la dejarán ubicada nuevamente en el ojo de la tormenta como principal sospechosa, volviendo a revivir esa traumática historia de sus padres.

La forma en que Zapico presenta la historia mediante los mencionados flashbacks, nos va dando, poco a poco, diversos elementos para ir construyendo a un personaje tan complejo como el de Mariela. Montando paralelamente pasado y presente, sólo sabemos, recién llegada al pueblo, que prefiere hospedarse en un hotel donde no es tan bien recibida como en la casa de su tía y que ha enviudado recientemente.

El vínculo con Gastón va mucho más allá de revivir lo que fue un “amor” adolescente. Pronto sabremos que comparten un secreto: esos actos prohibidos que realizaban en el bosque a la hora de la siesta, mientras el pueblo estaba en calma.

Lo sacrificial, la pulsión de muerte y la tragedia, tiene una fuerte presencia dentro de la historia y la mayor virtud de Zapico es que trabaja en un tono ambiguo donde todo es puesto en duda y favorece a generar un clima de tensión y de desconcierto sobre las pulsiones de sus personajes.

Con un estilo cercano al thriller, la negrura y la hostilidad omnipresente, nos hace percibir un aire de tragedia que sobrevuela todo el relato, pero que se desencadenará en una potente última parte de “EL BOSQUE DE LOS PERROS”.

Otro de los puntos fuertes de esta ópera prima es el excelente trabajo de casting no sólo sobre el trio protagónico sino con el elenco joven –Angelo Mutti Spinetta, Francisco Macia y Julieta Brito que tiene un asombroso parecido con la protagonista adulta a quien encarna-.

Lorena Vega, quien tiene una extensa trayectoria teatral (sólo por mencionar algunas, podemos nombrar sus tres creaciones más recientes como “La vida extraordinaria” y “Todo tendría sentido si no existiera la muerte” ambas con dramaturgia de Mariano Tenconi Blanco y su propia autobiografía en la exquisita “Imprenteros”) y sus trabajos cinematográficos en “Tigre” “Kartun, el año de Salomé” o su protagónico en “El año del León”, brilla una vez más poniéndole el cuerpo y transmitiendo toda la fuerza que Mariela necesita, abordando todas las aristas que su personaje le permite desplegar.

Guillermo Pfening y Marcelo Subiotto son Gastón y Carlos, hermanos y rivales en ese amor que esconde un dato trascendental en la historia y ambos trabajan perfectamente en ese registro seco y áspero que requiere la historia.

Mónica Raiola, como la tía de Mariela, entrega un personaje de una composición precisa y es quien quizás pueda aportar la única cuota de amorosidad que se permite en la historia. Construye un personaje completamente alejado de las estridencias y de las explosivas creaciones teatrales que Raiola brillantemente ha interpretado de la mano de “clan” de Spregelburd.

Un regreso sin gloria al pueblo natal para saldar cuentas del pasado, por más doloroso y trágico que sea el camino.

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