«Double Vies»: Palabras, palabras, palabras

Cuesta decidirse entre los realizadores actuales del cine francés y determinar si Ozon, Brizé o el propio Assayas de quien se estrena su último film “Doubles Vies”, son los que más pueden considerarse como amantes de tomar riesgos en cada una de sus películas.

Analizando la trayectoria de Olivier Assayas, indudablemente, veremos que es un director inquieto, que sale permanentemente de su zona de confort y aborda en cada nuevo proyecto no sólo un filme que se enmarca en un género diferente al anterior sino que cada uno de ellos tiene un estilo bien diferenciado y evita por todos los medios caer en la repetición, como tantos otros directores modernos lo hacen revisitando una y otra vez sus propias obsesiones para crear su estilo.

Es así como después de una película sobre el Mayo del ´68 con una mirada marcadamente política como “Après Mai”, le sigue otra con un tono completamente intimista como “El otro lado del éxito / Clouds of Sils María” y luego un thriller moderno como “Personal Shopper”, todas propuestas sumamente diferentes entre sí.

Su nueva apuesta “Doubles Vies / Dobles Vidas” es una comedia donde Assayas puede homenajear a la estructura más clásica del género y que quizás pueda interpretarse aún mejor con su título para el mercado anglosajón que es “Non Fiction”: un nombre que indudablemente remite al mercado de la literatura, particularmente dividido en libros de ficción y aquellos con un sesgo más autobiográfico que se apartan de la novela más tradicional (“no ficción”, justamente).

Esta nueva comedia de Assayas se propone mostrar el derrotero de cinco personajes que giran directa o indirectamente dentro de diferentes mundos vinculados con aspectos culturales, aunque pone el ojo mucho más profundamente en el terreno de la literatura y el mercado editorial.

Si bien toda la película es de una verborragia por momentos apabullante, presentando atención a una de las primeras charlas en donde intervienen los personajes, en un tono de sobremesa posterior a la cena, se plantean los conflictos principales sobre los cuales Assayas –en du doble rol de director y guionista- quiere reflexionar y volver a marcar estos problemas con los que se enfrenta la sociedad actual y su vínculo con las nuevas tecnologías.

Así aparecen diferentes dardos de acidez sobre las diferencias de consumo: cómo el libro en papel ha perdido valor frente a las tablets, e-books, blogs y otros lugares en donde se puede consumir literatura y captar a los lectores más jóvenes. ¿Un audio libro es un libro tal como lo concebimos cuando hablamos de piezas literarias?

¿Los lectores / espectadores han ido modificando paulatinamente sus hábitos de consumo en función de los diferentes ofrecimientos de un mercado que lo que intenta es imponer nuevas formas de comercialización para aumentar sus ganancias?

¿Nos damos cuenta de la invasión del streaming, la tecnología, el poder del rating en la televisión, los éxitos de taquilla efímeros en el cine y los libros que se suben a una ola de éxito fugaz de algún personaje mediático que se convierte en autor de la mañana a la noche y los medios tratan de imponerlo antes de que pase su minuto de fama? ¿Nos detenemos a pensar que hemos tomado a la piratería como algo completamente natural y como un hábito de consumo más cuando en realidad se trata de un delito?

Assayas responde a través de la danza de sus cinco personajes, a todas estas preguntas y lo hace con una sobreabundancia de diálogos que responderían y serían más funcionales a una estructura teatral o literaria, que a un lenguaje cinematográfico. Un editor literario (Guillaume Canet –protagonista junto a Marion Cotillard de la inolvidable “Jeux d´enfants”) no quiere volver a ser quien publique la novela de su amigo (Vincent Macaigne) porque se encuentra fuertemente cuestionada.

Bajo el rótulo de “auto-ficción”, Leonard termina siempre exponiendo cosas de su vida privada, amparándose en el lema de que “toda ficción, finalmente, es autobiográfica”, y esto ha encendido calurosamente –en su contra, por supuesto- a las diferentes redes sociales. En su última novela ha contado algunos de sus amoríos –él cree que veladamente aunque ya se ha dado cuenta todo el mundo- y su objeto de deseo no es nada más y nada menos que la mujer de este editor y amigo (una vez más la delicadeza y dulzura de Juliette Binoche en pantalla).

Pero hablando justamente de las dobles vidas, Alain por su parte se enrolla con una joven experta en redes sociales y nuevas tecnologías (Christa Théret) y cerrando este quinteto intelectual está Valerie (Nora Hamzawi en un trabajo fresco, pleno de espontaneidad y naturalidad), pareja de Léonard y asistente de un político socialista.

Todos estos planteos están enfrentados por personajes lo suficientemente burgueses, que tienen todo el tiempo disponible para concretar este posible espacio de reflexión y que los encuentra pasados los cuarenta y lejos de la influencia de la cultura millenial.

En los sucesivos diálogos Assayas pone el filo del bisturí en la sociedad moderna, en las nuevas costumbres de consumo, la fugacidad de los vínculos y la influencia de los medios en nuestra vida cotidiana: lo hace en un tono reflexivo, irónico, en un intento de incomodar e invitar a la reflexión pero sin alejarse del humor y la comedia, es decir, sin ponerse demasiado solemne.

Pero en algunos tramos la sobreabundancia de diálogos va en contra del avance y la fluidez de la historia, que si bien no tiene como objetivo contar con un esquema tradicional de presentación-nido-desenlace, pone a sus personajes a la orden de una reflexión colectiva, tan interesante como apabullante y en donde no quedan exentos de su mirada incisiva todos los temas que tienen preponderancia en la sociedad actual.

Más palabras que hechos y más reflexión que ideas cinematográficamente atractivas, y con una resolución simplista que no hace honor al tratamiento que se le había ofrecido a todos los temas, “DOUBLES VIES”, tiene sin embargo la marca de Assayas y el riesgo propio de haber entrado de lleno en el terreno de la comedia para hacernos pensar y salir del cine, de alguna forma, modificados.

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