«Don Jon» (Entre sus Manos): lo que separa la realidad de la ficción

No es ningún secreto que banco mucho a Joseph Gordon Levit. Crecí viéndolo crecer así que siento que es amigo de la casa y en éste, su debut como director y guionista, no iba a dejarlo a pata.
Don Jon tiene lo que me gusta de una película independiente: tiene cero pretensiones. No intenta solucionarte la vida ni dejarte un mensaje que dé lugar a reflexiones. No, lo que hace esta peli es contarte algo chiquito, que te podés relacionar hasta cierto punto y en otro consumirlo como el cuento que es.

Jon es un chico que ya dejó de ser tan chico, por ende esos ideales de que sos el mejor si podés todas las noches levantarte una distinta o de ser un ganador por tener un autito y una casa se quedaron viejos. Pero él no lo sabe y no lo sabe porque siempre le han funcionado.
Ahora: Jon es un Don porque vuelve cada noche acompañado pero eso no lo aleja de lo que verdaderamente disfruta que es mirar porno. Se engancha, claro está, con alguien peor que él que lo hace sufrir y es que las enseñanzas más importantes sobre las relaciones son usualmente regadas por lágrimas.

Si en vez de pensar en el porno, lo pensamos como nuestros ideales de relaciones gracias a lo que hemos visto o leído, nos vamos a dar cuenta de que esto que le pasa a Jon de expectativas versus realidad nos tocó a todos. Qué feo descubrir que nadie te persigue al aeropuerto y que no siempre el amor lo puede todo. O lo es, hasta que aprendés qué esperar y a quien elegir.
Me gustó lo cercano de la película, lo divertido de lo caricaturesco de los personajes (Tony Danza está divino) y cómo el cromatismo cambia junto a él. Una comedia tierna y simple, de esas que hace mucho no veía. ¡Felicitaciones, amigo Joe!
Anexo Crítica por Rolando Gallego
Y sí, el pibe la tiene clara. Escribe la película, la dirige y la protagoniza. Además te arma una romcom masculina (y no es para polemizar de si existen las comedias románticas para hombres o mujeres, las comedias existen y ya) enfocándose en la vida de Don Jon, un megalómano, metrosexual obsesionado con el porno.
“Entre sus manos”(USA, 2013), horrible título que han decidido poner en Argentina a la ópera prima de Joseph Gordon-Levitt, es una agradable sorpresa en las pantallas por su novedosa narrativa sincopada, disruptiva y hábilmente icónica.
Todos los clichés de las clásicas y cursis historias de amor son enviadas a la papelera de reciclaje y el lienzo que pinta Gordon-Levitt es atravesado por un sinfín de tópicos, principalmente masculinos (lo que no quiere decir misóginos) con los que dialoga durante el metraje de la cinta.

Tomando como punto de partida la idea de que “todos los hombres consumen pornografía”, estando en pareja o no, este Don Jon que compone el actor, vendría a ser la versión onanista de Brandon Sullivan de “Shame”(USA, 2011), y que más allá de poder conseguir todas las noches a la chica que quiera, tiene un problema con el porno que lo hace tambalear cuando finalmente cae en las redes de Barbara (Scarlett Johansson), una manipuladora belleza rubia, que sólo quiere conseguir un hombre para casarse.
Don Jon no tiene otro objetivo en la vida más que masturbarse, limpiar su casa, andar en su automóvil e ir los domingos a la misa a confesarse, y cuando esta rutina se modifica por su noviazgo, y porque su chica lo obliga a ir a estudiar, comienza a pensar que lo de mejor sólo que mal acompañado tampoco ya le sirve.
En esa “escuela nocturna” conocerá a Esther (Julianne Moore), una mujer madura, desprejuiciada, que contrastará con la ingenuidad y vacuidad de todas las relaciones que mantiene con el sexo femenino.
“¿Qué es mejor, el porno o el sexo?” con esa pregunta analiza las relaciones que mantiene con el sexo opuesto, un sexo que no lo completa pero que paradójicamente manda sobre su vida segundo a segundo hasta niveles obsesivos.

Jon además mantiene una relación de amor odio con su padre (Tony Danza) y trata de mantener siempre contenta a su madre (Loanne Bishop) cada vez que los visita. Tiene una hermana (Brie Larson) que siempre está con su teléfono interactuando en redes sociales y no emite palabra hasta casi finalizar la película, toda una afirmación sobre las relaciones en el siglo XXI.
“Entre sus manos” arranca con una explosión de imágenes, centrípeta, que ubica al espectador en el largo listado de máximas que el protagonista comenzara a enunciar. Los planos detalles de objetos, cuerpos, partes del mismo, afianzan y potencian cada palabra que pronuncia el protagonista. Porque la película es muy verborrágica y pasional. Jon habla y habla en todo momento y grita y mucho. Un tano de ley.
Los sonidos, tanto como las imágenes, son parte importante de la estructura narrativa, encabezando el inicio de un video de porntube como la sectorización y serialización de la película. Toda una toma de posición acerca del amor y el aislamiento de la vida actual. Fresca, ágil, entretenida, pero sobre todo, innovadora, “Entre sus Manos” es el prometedor arranque de Gordon-Lewitt del otro lado de cámaras.
