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«Divergente»: El Crepúsculo de los Juegos del Hambre

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Otra nueva saga literaria exitosa llega a los cines. Una vez más la búsqueda de identidad en medio del caos y el estricto control arman el escenario para que Betrice/Tris (Shailene Woodley) se pregunte sobre su particularidad en “Divergente” (USA, 2014) de Neil Burger (“El Ilusionista”).

Su “diferencia” radica en que en el momento de realizar su prueba de iniciación, a la que deben someterse todos los jóvenes de un Chicago devastado por la guerra y que en el establecimiento de castas o facciones ha encontrado cierta tranquilidad, le indican que es distinta al común.

Y es que detrás de ese “orden” ideal, en el que cada uno de los grupos posee un determinado espacio, hay una particular ambición por parte de una de las líderes (interpretada por Kate Winslet, en uno de sus pocos papeles de “mala”) de tomar el control total del lugar para también eliminar a los “divergentes” como Tris.

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La saga de Veronica Roth, best seller mundial, nuevamente analiza tópicos trabajados con anterioridad en clásicos de la literatura y el cine como “1984”, “Un mundo feliz”, “Los juegos del hambre”, y en su adaptación al cine no logra despegar del clásico filme de personas que son distintas a las demás y que deben ocultarlo.

La elección de los protagonistas tampoco acompaña a una trama que por momentos cae en el tedio, ya que a diferencia de, por ejemplo, “Los juegos…”, las escenas de acción son escasas, enfocándose en la iniciación de Tris por parte de Cuatro (Theo James), un joven que también tuvo que solapar su verdadera identidad y con el que vivirá un romance solapado.

En el orden social de “Divergente”, marcado por cinco facciones: Verdad/Cordialidad/Erudición/Abnegación/Osadía, nada está librado al azar, y así como Tris descubre en su prueba que no pertenece a ningún grupo en particular y a todos en general, su camino por ser libre y poder decidir qué ser, se verá condicionado en cierta medida por su pasado y las ganas de cambiar su futuro.

Así, en el momento de la ceremonia de iniciación (por cierto muy similar a la creada por J.K. Rowling para Harry Potter –el sombrero seleccionador-) suplirá su intencionalidad con una decisión que traicionará a sus padres (que pertenecen al grupo de los Abnegados y recupera a Ashley Judd y Tony Goldwyn para la pantalla grande) para formar parte del bullicioso equipo de Osadía.

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En Osadía, el libre albedrío y la espontaneidad marcan el ritmo, algo que Tris necesita en su vida. Pero a través de las luchas internas y externas que deberá superar para ser aceptada la historia vira de un análisis muy liviano sobre las sociedades de control para narrar la épica sobre la superación personal para poder ser parte de.

Neil Burger extiende demasiado esta etapa, por lo que recién casi al finalizar la cinta podemos vislumbrar cierto dinamismo genuino cuando Tris y Cuatro evitarán ser capturados por su categoría de divergentes y fortalecerán su vínculo (reflejado con todos los clichés del mundo).

“Divergente” resulta tediosa y extensa. No aporta nada nuevo ni en lo estético, visual y mucho menos en lo actoral. Es como si alguien le sacara una fotocopia a “Los juegos del hambre”, pero en el medio de la copia, obviamente, se perdiera no sólo la calidad original, sino el carisma de los protagonistas, Woodley no tiene ni una pizca de Lawrence. Aburrida y pretenciosa.

Anexo de Crítica por Patricia Relats

Hace relativamente poco hice un post sobre los diez pasos a cumplir en una película que apunte a ser una saga teen: que el orden establecido sea horroroso para el personaje, que siempre se sienta fuera de lugar, enamorarse del menos indicado, el desarrollo del personaje para convertirse en el héroe (ver todo desde el punto de vista del perdedor no engancha a nadie), al menos uno de los padres no vive o se mueren durante la película pero la amenaza al orden está relacionada directamente con ellos, los personajes principales dilatan las relaciones sexuales en un intento de alargar los hechos románticos y son tentados a pasarse al lado de “los malos”.

Como un relojito, la película cumple nueve de diez pasos, pero luego están todos los otros supuestos giros que te demuestran que no hay fórmula infalible.

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Esta es la historia de Tris, una chica que vive en un mundo futurista post guerra en el que la sociedad se divide en facciones para poder ordenarse y seguir adelante. El territorio está cercado por muros y más allá del muro no se sabe qué hay.

Cuando llega la adultez y ella tiene que elegir a qué facción pertenece, resulta que no pertenece a ninguna: es una Divergente. Los divergentes son peligrosos para la sociedad porque no se conforman y por eso hay un complot para eliminarlos.

Contamos con una villana altruista y que cree en su causa ante todo, dispuesta a morir por ella. Aparentemente siempre está en calma lo que hace que Tris cada vez esté más nerviosa y, cuando descubre lo que le puede suceder, se quiere camuflar en una facción.

Entrenamiento va, entrenamiento viene, conoce a su líder que claramente tenía que ser un chico lindo, misterioso, distante, que apenas se conecta con el resto pero que ella conquista. Claro está: él se siente fascinado y no amenazado por su característica de Divergente. Pero el resto del orden social no está muy de acuerdo con él.

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Como todo film de ciencia ficción, es explicativo. Recordemos que la ciencia ficción trabaja sobre una proyección con base científica, por ende, tiene que justificar y explicar los elementos que utiliza.

Esto funcionaría si Niel Burger, el director, pudiera imprimirle ritmo o si el casting ayudara. Desgraciadamente, no sucede. El relato es lento y agónico y basado en una chica que es hermosa pero tiene muy poca gracia. Los actores mayores como la preciosa Ashley Judd, Kate Winslet y Tony Goldwyn defienden su trabajo, pero son los únicos. El resto son un atentado a su carrera. Y tampoco defienden la historia.

La película recupera una estética que tiene que ver con los espacios de ciencia ficción post guerra como muchas locaciones abandonadas, cuevas y refugios similares. Los colores siempre van entre el negro, el tierra y el verde pero quemado, para que la paleta no resulte muy viva.

Parece haber eternamente una capa de kippel que hace que todo parezca grisáceo. Honestamente, estas historias son como un placer culposo para mí, pero no encontré en esta ni una gracia. Un planteo desaprovechado, actores poco carismáticos, lenta en su relato y plagada de lugares comunes pero de los malos, porque ni siquiera se me plantea un triángulo amoroso. No se van a llevar mucho más que pochoclos de esta peli.

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