«Divã a 2» (Terapia para dos): volver a empezar

Curioso estreno este jueves en el Gaumont. Poco cine brasileño llega a salas locales y mucho menos, de corte industrial. En general, recibimos cintas festivaleras y principalmente vemos títulos de cine arte, por lo cual no deja de ser curioso este arribo. «Diva a2» es una coproducción con el INCAA y eso le permitió llegar a estos mercados, dato interesante siendo que al parecer, esta es la secuela de un film de éxito en la hermana tierra, del 2009.
Ya desde el título («Terapia para dos») nos imaginamos de que viene la cosa: parejas en crisis, signo de los tiempos actuales, algunas subtramas románticas con notas sutiles de humor y el conflicto de fondo que es…hoy en día ¿está bien casarse joven?
No tengo estadísticas a mano pero puedo decirles por experiencia, que los tiempos han cambiado y no hay parejas que duren lo que duraban hace 20 años. El lapso de tiempo para estar juntos se acortó de manera drástica y las separaciones y rupturas dan pie a nuevas parejas, entre los 30 y 40. Este es el anclaje de la temática que «Diva a2» ofrece. Nada muy original aunque, debemos reconocer, un tema que el cine latinoamericano transita poco en la pantalla grande aunque mucho, en televisión.

Aquí partimos de la historia de Eduarda (Vanessa Giacomo), quien está en crisis con Marcos (Rafael Infante), su marido. Deciden hacer terapia de pareja, pero tan mal están, que la hacen separados. Tienen un hijo, Benjamín y diez años de estar juntos. El desgaste natural se produjo y lo que viene, es la inexorable búsqueda del amor, fuera de este matrimonio. No es que haya pasado algo demasiado grave, pero comenzaron jóvenes y no han podido sortear las clásicas dificultades de la vida conyugal con un hijo demandante.
Luego habrá dos actos más, en los cuales abordaremos, primero como volver a la soltería en los tiempos que corren (Facebook, celulares, etc ) y luego la compleja decisión de retomar la relación o entregarse realmente a un recorrido nuevo.

La película es un compendio de lugares comunes, ninguno demasiado especial. Los protagonistas tienen poca química, los diálogos son planos, sin imaginación y despojados de atractivo. Sorprende que teniendo a una protagonista tan bella, Paulo Fontenelle no la explote en pantalla. Los intercambios de Eduarda y Marcos rara vez tienen esa tensión que los recién separados tienen y eso resiente la estructura del film.
En el haber, está bien exhibido el marco donde se da la historia, este escenario postmoderno donde el individualismo está exacerbado. Ahí, en ese espacio, «Terapia para dos», funciona de a ratos. Lo hace cuando muestra las complicaciones que deben sortear las parejas para sobrevivir y reinventarse en estos duros tiempos. Discreta, sólo para curiosos que quieran explorar una grieta desde un adentro liviano y accesible.
