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«Clown» (El payaso del mal): la transformación

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La vida le sonríe a Jon Watts. De hecho, después de hacer pequeñas cintas (pensando en temas de presupuesto), se encontró con el ofrecimiento de Marvel de hacer el nuevo reboot de Spider Man en este nuevo encuadre del universo que se viene a partir de 2017. Hoy entonces tenemos una oportunidad de conocer un poco más a este novel director, encararando este cinta de género. Sí, no está solo. Detrás de su trabajo, se encuentra la hábil producción de Eli Roth, referente del terror de bajo presupuesto que siempre atrae con sus propuestas arriesgadas.

Y la idea de «Clown», hay que decirlo, es original. Será que hoy hay pocas ideas frescas entre los guionistas, quienes se repiten usando found footage e invocando espíritus en forma demasiado etérea para mi gusto. Si vamos a hablar de terror, tenemos dos líneas para encararlo (y sin dudas, eso marca el valor de James Wan para los tiempos que corren, capaz de integrar misterio, suspenso y violencia en dosis iguales), o vamos por la construcción de atmósferas oscuras, de corte psicológico con espíritus que buscan redención… o nos metemos con las posesiones, mutilaciones y motosierras varias. «El payaso del mal» elige la segunda, la abraza con fuerza y Watts se la juega, con pocos elementos (el también la escribe), para afectarnos e impactarnos como audiencia.

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No todo le sale bien. De hecho, el guión no es algo logrado, ni prolijo. Lo siento como una construcción borrosa, planteada en un tablero como esquema, donde el peso de la trama recae en la suerte de su protagonista, un padre responsable que ante una suerte de reparación para su hijo, elige utilizar un disfraz de payaso que encuentra en la casa con ánimo de celebrar un cumpleaños. Pero el traje, obviamente, tiene características especiales.

Y las mismas, comienzan a afectar la personalidad y curso de acción de los hechos, cuando Kent (Andy Powers, en una interesante labor) no logra despegarse de esa segunda piel que lo va devorando en vida. Su deseo de asesinar crece y ahí nomás llega Eli Roth, (quien también está en el line-up) listo para dinamitar lo poco que queda de cordura, dandole un giro interesante a la trama, lejos de los habituales recorridos del género.

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De ahí en más, hay que hablar de los crímenes. El horror, la muerte y las clásicas escenas violentas, sangrientas y perturbadoras, bien a tono con los paladares «slash» en toda su dimensión. ¿Hay algo que asuste más que los niños sean protagonistas de esta historia? «Clown» peca de apelar a algunos mecanismos simples para subrayar los cambios de ritmo y la atmósfera ténebre. Watts trabaja mucho con Powers, pero no tanto con el resto del elenco, con lo cual hay poca fibra integrada a cada intercambio, cuestión que no le permite al film alcanzar grandes alturas.

Sí, es cierto que hay mucho que revuelve el estómago en la segunda mitad pero… no es eso lo que los fans de Roth quieren?

Tengo que decir que «El payaso del mal» es un film correcto, fuerte, esperable pero honesto. Tiene poco y lo muestra en carne viva. Desde sus ideas centrales, propone un juego al que cada espectador debe adherir para disfrutar… o angustiarse. «Clown» es una aceptable cinta, mejor en la primera parte que cuando define sus objetivos y va por ellos. Que peque de falta de recursos originales para la resolución de ciertas escenas no deja de ser una anécdota. Lo que termina haciendo la diferencia es como te la late el corazón cuando salís de sala. Ahí, hay que decir que aprobamos la propuesta. Late. Seguramente se podría haber hecho mejor pero… aquí hay algo que vale la pena verse en el género, y no es poco.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

Ubicada dentro del género de terror y más precisamente de un nuevo subtipo de filmes que pueden ser llamadas como «retro terror», que encuentra en el «homenaje» a viejas películas su materia prima para consturir el relato, «El Payaso del Mal» (USA, 2014), de Jon Watts con producción de Eli Roth, se presenta como una buena propuesta para los adeptos a este tipo de historia concreta y sintética.

«El Payaso del mal» bien podría ser una adaptación de algún viejo cuento del maestro del horror Stephen King, porque en su atmósfera y narración hay pequeños destellos de muchas otras clásicas historias revisitadas y muchos puntos en común con algunos relatos como «Maleficio» o «Sortilegio», novelas que, ya han sido llevadas al cine y que desde una pequeña anécdota terminan construyendo una épica sobre el bien y el mal y la decisión de algunos de quedarse en uno u otro bando.

Y si bien en éstas dos películas mencionadas la contraposición entre roles y lugares era más notoria, en esta oportunidad, Watts, trabaja con la negación de un lugar claro en el que se debe colocar el espectador, que más que en el de pasivo receptor, hasta que la tragedia que toma por sorpresa a una familia se esparce, debe decidir si acompaña al perverso clown del título en su periplo hacia la oscuridad total.

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En «El payaso del mal» hay un ascendente ejecutivo inmobiliario llamado Kent (Andy Powers) que por cumplirle a su pequeño hijo la fantasía de tener en su fiesta de cumpleaños a un payaso (el contratado cancela a último momento), decide ponerse un viejo traje de clown encontrado en una vivienda en reparación que comercializa.

Sin saberlo, ese mismo traje será el que, luego de dormirse con él y ante la imposibilidad física de quitárselo, irá transformándolo en un terrible villano que, según luego se enterará, forma parte de una vieja leyenda en la que deberá consumir «niños» para poder subsistir y evitar quedar finalmente mutado a la más horrible caracterización, la más grotesca, y la más alejada, de aquellos bufones que otrora supieron entretener a las grandes audiencias.

Watts va deformando el mito del payaso para hablar de la necesidad de cumplir con algunos roles en la sociedad y de cómo éstos ante alguna modificación van mutando hacia un lugar mucho más oscuro y complejo.

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Si bien no es la primera vez que el tema de payasos y maldad ha sido trabajado desde el cine, es justamente en su posibilidad de revisitar el género y de tomar de sus predecesoras aquellos puntos más relevantes en donde «El Payaso del mal» funda su posición de disfrute y placer de género.

Watts va dosificando la transformación de Kent y agrega indicios de la posible amenaza que él mismo puede llegar a convertirse para su propia familia. Su pequeño hijo (Christian Distefano) y su mujer (Laura Allen) irán colaborando con él, a pesar de los denodados esfuerzos de un misterioso mercader de objetos mágicos y circenses (Peter Stormare) por aclararles que todo aquello que puedan creer como bien para su padre/marido en realidad será contraproducente.

El efectismo en algunas escenas quitan peso a una historia que trabaja con climas y atmósferas logradas, y que principalmente en la clara transmisión de un cuento de hadas a la inversa, en la que todo de un momento para el otro cambia, sin una solución cercana aparente, y en la que un estado de equilibrio inicial, el de una familia ideal, con anhelos y con planes por venir, termina viniéndose abajo cuando la cabeza de familia pierde justamente la cabeza, es en donde la materia prima del relato se regodea con el gore y aprovecha el placer de género para construir una de las historias de género más interesantes de los últimos tiempos.

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