«Calvary» (Calvario): la venganza en domingo

El británico John Michael McDonagh, figura importante de la cinematografía de las islas, hizo historia con «The Guard», allá por 2011, al obtener el reconocimiento de ser la cinta de mejor performance independiente en Irlanda a lo largo de toda su historia.
En aquel film, ya se perfilaba su asociación con Brendan Gleeson como una alianza que daría que hablar, hecho que se confirma, en este «Calvary» y seguramente se profundizará en el próximo emprendimiento conjunto: «The Lame Shall Enter First» (no confundir con la del 93). Aquí, la historia que trae es realmente controversial. Densa, lacerante.
Decididamente no deja indiferente al espectador desde el primer cuadro. James (Gleeson) es un sacerdote de una ciudad irlandesa costera, en la que no pasa demasiado. Como cualquier otro día, nuestro protagonista va al confesionario a hacer su trabajo, pero encontrará allí una tremenda sorpresa. Del otro lado de su ventana, alguien le transmite su intención de matarlo el próximo domingo.

Este sujeto que hace la amenaza le pone en palabras la razón de esa condena: él ha sido víctima de abuso por parte de un religioso y siente que su vida, está perdida. Ese dolor, quiere hacerlo visible a través de la muerte de un buen párroco, para que la gente preste atención a su mensaje. Tiene entonces sólo 7 días James, para descubrir y desactivar su amenaza o terminará muerto a manos de este sujeto.
El sabe que su potencial asesino es miembro de su comunidad y tendrá entonces algo de tiempo para descubirlo y convencerlo de detener su plan criminal. «Calvary» hay que decirlo, tiene un trailer engañoso. Parece a simple vista un ingenioso thriller negro, con mucho humor y no lo es.
Es un drama de aquellos. Y la situación que aborda (el destino de las víctimas de abuso por parte de sacerdotes en Irlanda) es una herida abierta en esa sociedad que se puede apreciar en la atmósfera del film. Supura. Molesta. Y aunque muchos intenten ignorarla, parece estar presente con todo su dolor y furia.

McDonagh se apoya en el aplomo y el carisma de Gleeson para sacar un film complejo, lleno de matices y que demanda mucho trabajo interno al espectador. Puede decirse que a cada paso del camino, no sólo acompañamos la búsqueda del potencial matador, sino que también instalamos la cuestión de fondo en toda su extensión. Hay debate y reflexión, que se agigantan en el tremendo climax de la historia.
La banda de sonido y la fotografía son puntos altos aquí. Tampoco hay que dejar de destacar la segunda línea de personajes (con Kelly Reilly y Chris O’Dowd en grandes papeles) y los aciertos de McDonagh para transmitir su idea, sin caer en lugares comunes. Podemos decir que «Calvario» es un producto serio, controversial y humano, por donde lo abordes.
En el debe, la primera parte del film es demasiado laxa y contemplativa, siendo que la noticia de apertura es una bomba y al protagonista le cuesta hacer pie en este primer tramo. Por otra parte, el paisaje irlandés es bello pero… no para justificar tantos minutos en el metraje. Muy buena propuesta (les repito, es un dramón, a tener en cuenta), incluso, para debatirla a la salida de sala. A tener en cuenta.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
La dureza del paisaje de Irlanda acompaña al personaje principal de “Calvario” (Irlanda, 2014), un cura al que una confesión inesperada lo hará debatirse entre el deber de la fe y sus miserias personales, expuestas por cada uno de los habitantes del lugar.
Cumpliendo con su tarea habitual un extraño se acerca al confesionario del padre James (Brendan Gleeson) y le revela un profundo secreto del pasado que aún lo aqueja.
El Padre no tiene palabras para decirle, por lo que recibe una amenaza sobre la que deberá temer. A partir de ese momento John Michael McDonagh construye un relato paralelo, uno sobre la conjetura acerca de la autoría de la sentencia de muerte que le acaban de dar, sobre cada uno de los personajes que se presentan, y otra sobre el debate moral que aqueja a James a partir de la amenaza.

También hay un tratamiento tangencial sobre la sombra que amenaza siempre a la religión y es aquella idea relacionada a la pedofilia y el abuso infantil por parte de los curas. Este tema no sólo es trabajado desde la confesión del misterioso pecador, sino que también a lo largo del metraje con escenas claves que refuerzan el sentido de denuncia necesaria de “Calvario”.
“No alcanza con que muera un mal cura” le indican en el confesionario al padre, y el sabe que en esas palabras se esconde un trasfondo que trasciende su posición sobre la culpabilidad o no relacionada con el hecho de los abusos cometidos por la Iglesia.
El padre James está representado desde un lugar más cercano a la debacle que a la gloria, y a pesar de la investidura, el hecho de la amenaza sobre su vida le hace reflexionar sobre sí mismo, su pasado, sus temores y sus vicios.

La naturaleza enmarca la historia y a su vez determina el límite de los protagonistas y actantes, que aun siendo, como en el caso de James, cercano a la fe, resalta su mortalidad y también el límite sobre el cual se construye la relación de este con los demás. James no tiene miedo de morir, el misterioso amenazador le dice que le da una semana para que pueda cerrar sus asuntos, pero él no tiene más que sincerarse consigo mismo para poder así enfrentarse a la verdad que lo acecha.
Los planos aéreos y la música de cámara además dotan de cierta aura mística a un filme que, si bien reflexiona sobre la condición humana y la fe, no deja de ser un filme de género, duro y oscura, con personajes toscos, parcos y con pocas palabras.
El mayor hallazgo de “Calvario” es su protagonista, enorme y ajustado Brendan Gleeson, apoyado a su vez en buenas actuaciones secundarias que profundizan la compleja trama psicológica de la propuesta, en la que nada ni nadie está libre de ser objeto de sospecha.
