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«By the sea» (Frente al mar): Jolie y su circunstancia

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Debo decirles que soy de los que no les gustó «Unbroken» en su momento. No celebré aquella historia pretenciosa que Angelina Jolie intentó posicionar de cara a los Oscar del año anterior y tampoco veo demasiado cambio en «By the sea».

Con un agravante, podría decir. En «Invencible», pude, rudimentariamente, conectarme con sus personajes, establcer alguna vinculación dentro de su trágico destino. Aquí, siento que como espectador me llevan a la categoría de cuasi voyeur, en la que la estructura de escenificación no da lugar a la identificación con los perfiles de quienes llevan adelante la acción.

Cosa extraña porque… ¿Quién no ha vivido crisis de pareja? ¿Quién no ha tenido situaciones de hartazgo, melancolía y frustración profesional?¿Quién no ha sentido curiosidad por la felicidad ajena? Todas esas situaciones, forman parte (probablemente) de cierto bagaje previo con que cuentan la audiencia madura y que colabora para conectarlos con la propuesta.

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Pero no sucede así. Jolie se apoya en sus grandes recursos de producción, nos lleva a un hotel costero en Francia, época de alta temporada, en los míticos años 70′. No escatima gastos para todo lo que rodea y ostenta el film: derrocha buen gusto por la ambientación y el vestuario, cuenta con una fotografía excelente y una banda sonora adecuada y ofrece una pareja consagrada como centro neurálgico.

Sin embargo, la tendencia a procurar profundidad emotiva con escenas largas, paisajísticas, comienza a embarrar la cancha desde temprana hora. Y mucho más cuando ya «By the sea» se encamina a constituir su cuerpo principal. Nos miramos en la sala y sentimos que alguien subió el aire acondicionado. No es casualidad, la frialdad que emana de la pantalla, incomoda y congela.

Vanesa (Jolie) y Roland (Brad Pitt) son un matrimonio pudiente, de clase acomodada, que llega a pasar sus vacaciones en un pequeño paraíso local. El es un escritor que pasa por un frustrante bloqueo para su trabajo y ella una bailarina prestigiosa que dejó su carrera hacia sus cuarenta años. Están cansados y angustiados, cada uno a su manera. Roland tiene más armas para conectarse con el público, y las usa, no con mucho éxito.

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Pero Vanesa… Vanesa no. Es un personaje que su directora soñó como complejo y distante, voraz y desconcertante y así lo juega Angelina. Se corta sola, por así decirlo.

Para complicar un poco las cosas, el cuarto de al lado recibe una pareja de visitantes recién casados (Melanie Laurent y Melvil Poupaud) y eso parece despertar el interés de la cambiante mujer de Roland, quien comienza a interesarse por el destino de los visitantes, más de lo necesario, diría yo.

Hay un esfuerzo colectivo en el cast por romper el status quo que propone su directora pero sólo se da en algunas escenas, ya que Jolie sigue al mando, ensimismada en su propio drama personal. No sabemos si esto que traen a la pantalla tendrá o no conexión con algo de su propia vida privada (no es que nos interese pero…), lo que sí se percibe es que la directora se toma demasiado personal la artificiosidad de su construcción. Quizás la tentación de asemejarse a ciertos cánones de los rituales en filmes europeos… No lo se.

La historia es larga, muy bella desde lo visual, pero decididamente sin impacto. Incluso en quienes, como ya he dicho, transitamos por situaciones similares, nada es movilizante ni original. Jolie debe estar satisfecha con su obra, porque se la ve personal y hermética, como ella la pensó aunque como espectadores, debemos decir que «By the sea» es sólo un producto fallido y aburrido , al que sólo se lo recordará por sus acertados rubros técnicos.

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