«Bañeros 4, los rompeolas»: el retorno de… la banda

Nos acercamos a las vacaciones de invierno y el cine familiar nacional comienza lentamente a preparar su lineup para captar la atención del público. Dentro de ese espectro, hablamos de una cinta que retoma una saga que creimos cerrada en su tercera entrega, dado que pasaron unos cuantos años desde la últina.
A pesar de haber llevado más de 1 millón de espectadores a sala (en 2006, «Bañeros, todopoderosos»), se notaba que la franquicia necesitaba un nuevo enfoque para prolongarse en el tiempo. Luego de que este año tuvieramos la reedición digital y en 3D de la primera, regresa la banda de la última entrega, conformada por Emilio Disi, Pachu Peña, Pablo Granados y Fredy Villarreal a sus andanzas marplatenses, como en los viejos tiempos.
Detrás de las cámaras encontramos otra vez, al talentoso Rodolfo Ledo, hombre que sabe mucho de televisión (ha hecho programas como «Socorro quinto año» que promediaba más de 30 puntos en su mejor época) . Si bien muchos discuten su capacidad, lo cierto es que hizo suficientes éxitos para demostrar que conoce de propuestas ATP.

En esta oportunidad, trabaja sobre un guión de dos Salvadores: Valverde Calvo y Freire, (el primero es una leyenda con 47 desde la recordada «Quiero llenarme de tí», con Sandro en 1969!!!) y lo primero que hay que decir es que no han modificado la columna vertebral que tuviera tanto éxito (lo cual, anticipamos, no es positivo). Respetaron la estructura de las anteriores para posicionar «Bañeros 4», en esa línea. Digamos entonces que los fans saben que tipo de propuesta encontrarán. Nada nuevo bajo el sol.
No hay que buscar en esta saga un libro atractivo, actuaciones convincentes ni humor inteligente. En cambio, se ofrecen gags físicos, cuerpos exuberantes (Luciana Salazar y Karina Jelinek)y mucho clima de fiesta. La historia es casi una anécdota. Nuevamente un balneario, un grupo de amigos que no sabe ni siquiera nadar (siendo «Bañeros») trabajando en él y esta vez, una amenaza de destrucción del lugar si no venden en combo, rápido y con descuentos, las instalaciones y un acuario lindero, propiedad del personaje que juega la imitadora del momento, Fátima Florez.
En el desarrollo de la trama aparecerán situaciones con explosiones (no muy bien logradas, debemos decir), diálogos grupales que arrancan alguna sonrisa aislada, varias secuencias en Aquarium con lobos y focas y el clásico ritmo narrativo que evoca productos con poco vuelo, similares a los de la década del 80′.

Punto a tener en cuenta: el elenco (excepto Iudica, muy popular en estos años) no tiene tanta exposición televisiva como antes (los comediantes, decimos) y quizás a esta franquicia le cueste más llevar público a las salas. Igual, al elenco no parece preocuparle. Se divirtieron rodando la cinta y eso se precibe al ver «Bañeros 4».
Es difícil recomendar este estreno familiar, ya que si nos ponemos serios, hay flaqueza argumental en la realización y una concreción simple y sin sorpresas que no logra poner esta entrega a la altura de (por lo menos) las dos primeras. Destacamos a Nazareno Móttola como el mejor en un cast desparejo y poco propenso a arriesgar en pos de hacer algo original y jugado.
Si viste las anteriores y te gustaron, probablemente hasta pases un buen momento. Pero para el resto de los espectadores que no haya sido así, debemos decir que no es una propuesta que patee el tablero u ofrezca diversión garantizada. Estos bañeros están lejos de su mejor forma…De todas maneras, la elección es tuya. Discreto retorno (y un poco menos también).
Anexo Crítica Rolando Gallego
Hay una afirmación en el cine que hace Rodolfo Ledo, y principalmente cuando es por encargo, casi tan antigua como la propia industria fílmica, y es la de aprovechar algunos elementos consabidos y consagrados de un determinado momento para construir una pseudoficción que se basa en la nostalgia pero que no termina de cuajar por ningún lado.
No es que “Bañeros 4: Los Rompeolas” vaya a ser la excepción a esta regla, al contrario, una vez más afirma que la saga derivó en un cine que no es cine y que así y todo llevará hordas de público, vacaciones de invierno mediante, y que respaldará un producto que sólo podría pensarse para otro formato y soporte.
Cuando en los años ochenta Argentina Sono Film lanzó la primera “Bañeros…”, existía una necesidad de recuperar un género que en exponentes como “Los cuatro grandes del buen humor” permitían el desarrollo de productos familiares industriales, pasatistas, y que se exhibirían durante los recesos (invernal y estival) con gran respuesta del público.
A “Los Bañeros más locos del mundo” la precedían las dos primeras entregas de “Brigada Explosiva”, con el mismo equipo, que luego continuaría en dos aventuras más, hasta arribar a la secuela de Bañeros que comenzaba una nueva historia desde cero. Luego una serie de derivados como “Extermineitors”, y, más acá en el tiempo, toda la serie de filmes protagonizados por Guillermo Francella en clave desaforada (“Papá se volvió loco”, también de Ledo es su máximo exponente).
Si en la primera “Bañeros…” la ingenuidad e inexperiencia de alguno de sus protagonistas terminaban por generar cierta simpatía por la historia (malos bañeros que a fuerza de engaños lograban conseguir un trabajo), en “Bañeros 4” no hay espacio para la empatía porque todo lo naif se pervierte y se corrompe.

Porque no es que “Bañeros…” no cuente nada, hay una premisa que dispara cuando un malvado empresario llamado Olaf Larsen, junto a su torpe hijo (Nazareno Mottola) intentarán apropiarse de un parque acuático y un balneario para construir un megacasino.
Chiara (Fátima Florez), la dueña del lugar, no sabe nada del malvado plan pero decidirá aumentar la dotación del balneario (negocio que nunca prospera) para evitar caer en crisis por lo que le sugerirá al “gerente” de la playa (Emilio Disi) que rápidamente pueda conseguir empleados.
Emilio se pondrá en contacto con su grupo de ex ayudantes (Mariano Iúdica, Pachu Peña, Freddy Villarreal, Pablo Granados), que antes de destrozarlo, trabajan como cocineros en un restaurante chino de una mujer (Gladys Florimonte).
A ellos se sumará Karina Jelinek (que se ríe de si misma todo el filme) y entre todos intentarán recuperar el tiempo perdido, remozar la playa y luego impedir que Larsen se qude con todo. Pero esta premisa se difumina con el correr del metraje, por lo que asistiremos a un eterno sketch de algún viejo programa cómico y que en su eterna repetición llega a generar alguna sonrisa, pequeña y medida.
Ledo deambula entre un slapstick básico, gags salidos de la revista Condorito, malos encuadres y la utilización de imágenes de la naturaleza para empalmar el pastiche que poco a poco se va armando.

Los actores hacen lo que pueden con el material, y salvo Fátima Florez que aprovecha para mostrar una serie de personajes de su espectáculo con dignidad, en algunos casos se nota un esfuerzo por quitarle protagonismo a los demás (la puja entre Pablo Granados y el debutante Mariano Iúdica es innegable) generando una sucesión de estancos inconexos entre sí.
“Bañeros 4…” atrasa, y mucho, pero no al cine del que obtuvo sus premisas, sino que a todo lo malo que uno desea que sea extirpado de una buena vez por todas de la pantalla nacional, a saber: la cosificación de la mujer, las bromas discriminatorias y sexistas, y un estilo de realización que sólo reproduce imágenes sin ideas ni conceptos.
