«Autómata»: yo, robot, vos?

Cuentan en España que Antonio Banderas, productor y alma máter de «Autómata», no gastó más de 5 millones de euros en esta película de ciencia ficción. ¿Por qué comienzo a hablar de números? Hoy en día, animarse al género con un presupuesto limitado es un gran desafío y lo primero que hay que decir aquí es que la fotografía y la dirección de arte se las arreglaron muy bien para las posibilidades económicas de la realización (tuvo nominaciones en rubros técnicos en los últimos premios «Goya»).
La recreación «física» de la atmósfera del film y los «fierros» (robots), lucen reales. Ojo, a veces, ser independiente también significa volver a los clásicos diseños. Pensemos que esta es una coproducción entre Bulgaria y la Madre Patria. No está el dinero de los grandes estudios. Pero hay buenas ideas y eso también cuenta.
Quizás, las mayores fallas de «Autómata» se encuentren en un guión irregular, donde sus primeras aristas son atractivas, pero donde una vez establecido el encuadre y la dirección, no logra sostener la tensión de los primeros minutos. Tiende a prologar escenas con diálogos no muy ingeniosos y termina convirtiendose en un producto extraño al que hay que decifrar bajo sus mismas reglas. Eso sí, si no aceptas esas convenciones, te costará engancharte con la propuesta.

¿Es «Autómata» una cruza de ideas «indie» de «Blade Runner», «I,robot» y «Sector 9»? Absolutamente. Lo cual no la define como discreta. Sí, hay que decir que no logra aunar diferentes enfoques sobre la gran cuestión de fondo («alguna vez los robots lograrán pensamiento independiente puro?») y se queda en un guión pseudo-detectivesco, más colorido que intenso.
Banderas es Jacq Vaucan, un agente de seguros que conoce bastante de robots y se encarga de reparación y casos donde el comportamiento no sea protocolar (recuerden que hay dos leyes que gobiernan este funcionamiento).
Estamos en el futuro, y todo se ve, feo. Eso si, los pocos que quedan en la Tierra tienen sus autómatas. Así es que Jacq un día da con un robot armado con partes de otros (lo cual está sumamente prohibido) y eso lo lleva a pensar que puede estar sucediendo algo con respecto a la violación de estas premisas (digamos que se reversiona a Asimov: «un robot no puede dañar ninguna forma de vida» y «no puede modificarse a sí mismo o a otros robots»).

Así planteada la tarea, Jacq investigará hasta dar con revelaciones que podrían cambiar el destino de la humanidad.
Gabe Ibañez (el director) hacía tiempo que tenía ganas de trabajar con Banderas y se nota. Hay determinación en el cast para hacer creíble una historia en la que los efectos especiales no deslumbran. Ese es quizás un punto a favor de «Autómata». Puede parecer demasiado «indie», pero siempre se toma a sí misma en serio. Lo cual se justifica porque es honesta en sus recursos siempre.
Anexo de crítica por Rolando Gallego
En el año 2044 la sociedad convive con robots, y que si bien en un primer momento han ayudado, lentamente y sin explicación aparente han comenzado a “independizarse” de la corporación y los controles a los que constantemente han sido sometidos.
La marginalidad y el tráfico de piezas ha aumentado, como así también los robots que no cumplen con los controles de calidad, pero también la delincuencia, por lo que el gobierno decidió cerrar con un inmenso muro la ciudad y aislarla.
En “Autómata” (España, 2014), de Gabe Ibañez, este planteo es el disparador de una película que deambula entre una ciencia ficción contenida, sin muchos efectos especiales más que los necesarios para hacer “funcionar” a los robots, y una reflexión sobre la ontología de la tecnología y de cómo ésta nos afecta y atraviesa.

Jacq (Antonio Banderas) es el responsable de la seguridad de los robots y es el encargado de ir a los domicilios de aquellas personas que poseen unidades hogareñas y que por algún motivo dejaron de funcionar o se encuentran dañadas.
Su vida rutinaria y aburrida nunca termina de cerrarle y si bien está esperando un hijo con su mujer (Birgitte Hjort Sørensen) nada lo hace despertar del eterno letargo en el que está sumergido y subsumido.
Cuando por casualidad se topa con un caso de un robot averiado que ha sido modificado sin el consentimiento de la empresa productora, verá como en realidad hay detrás un negocio más redituable que el de la empresa que trabaja que incluye hasta la prostitución de máquinas.
Jacq encontrará una razón para salir de su mundo y se adentrará en las profundidades del misterio que envuelve a robots, corporaciones, policías, y malhechores tras el “segundo protocolo”, o la transformación de las máquinas sin permiso alguno.

“Autómata” suma su impronta casi minimalista para una historia que se acerca a clásicos del género como “Blade Runner” y que analizaron la convivencia no pacífica de máquinas y seres humanos, como así también filmes como “El hombre bicentenario” o hasta la animada “Wall-E”, que se encargaron de denunciar un posible estado de las cosas que sin un freno puede llegar a pasar.
Jacq pasa de ser el ser gris y obtuso que originariamente el guión presenta a convertirse en un investigador a priori que a través de la recolección de indicios tratará de resolver el misterio de los robots modificados y hasta será “ayudado” por alguno de ellos en el camino hacia el final.
“Autómata” posee una impronta que resuelve de manera correcta, e Ibañez cumple con solvencia su tarea, al igual que el elenco protagónico (una serie de estrellas que han brindado su profesionalismo a la propuesta), que destaca sus premisas, y que mas allá de sus falencias principalmente se trata de generar un filme que además de la búsqueda de respuestas hacia afuera, nos habla de una sociedad completamente dividida y que a pesar de los avances tecnológicos sigue potenciando las miserias más inherentes a la humanidad, los pecados más atroces y pese a esto sigue apostando al cambio como posibilidad de transformación.
