«Arrieros»: observación de montaña

Dentro de los distintos sub-géneros que tiene el cine documental, se encuentra el de observación pura. Una cámara, tratando de no interferir ni modificar nada del ambiente donde se produce la toma, haciendo partícipe al público desde la butaca, de un fenómeno particular. La naturaleza, el mundo del trabajo, el perfil de los sujetos que ese recorte describe. Bien, si ese tipo de película te gusta, te podés animar a «Arrieros», un ejercicio contemplativo, rico, pero que sólo puede gustarle a un público específico, sin dudas.

Juan Baldana ya va por su tercer opus, dentro de esta trilogía de la «observación» que integran «Soy Huao», esta «Arrieros» y la próxima en rodaje «Pescadores de Manguiseco». Todas comparten un eje, que es poner la mirada en un grupo social en un contexto específico, rural, aislado y en el que el tiempo, parece no haber pasado.

Lo que el film intenta mostrar es que, este grupo (como el de cada uno de sus trabajos), vive cerca, relativamente de centros urbanos muy desarrollados (están a dos horas de Santiago de Chile, relativamente cerca!) y que sin embargo, conservan la esencia de sus tradiciones sin contaminarse de los elementos que el mundo moderno ofrece.

No hay mucho para decir del desarrollo de esta propuesta. El foco de la lente está puesta en el análisis de un grupo de arrieros chilenos (la familia Covarrubias) que viven en la Cordillera y las actividades que allí desarrollan: el intercambio eventual comercial, el cuidado de los animales, la matanza de alguno en cámara (ir advertidos), la elaboración de alimentos, el viento, los paisajes extensos de la montaña…Si, podemos ver claramente la cuestión antropológica, cuando se muestra el aprendizaje que hacen los más chicos de la familia de las labores domésticas y como funciona la transmisión cultural, en esas noches de fogones…

Y eso. No mucho más. No me convenció (es una cuestión personal) que el montaje sea tan…plano. Es decir, todo tiene el mismo valor. Los diferentes eventos, todos se pierden en la mirada. Hay que estar atentos, sobre todo porque no cierra de manera convencional y cuando empezás a procesarla y te debatís sobre algunas cuestiones, se prenden las luces y estás afuera del cine.

Como ejercicio, es demasiado formal para la audiencia corriente. Nos costó. Hay un buen trabajo de cámara y un gran despliegue visual pero su encuadre es de aquellos en los que no nos sentimos cómodos…

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