«Amar es Bendito»: En cuestiones de pareja, las cosas, como son

Todo es cuestión de ver medio vaso lleno o medio vaso vacío, así parece que ven la vida Mecha y Ofelia, las protagonistas de Amar es Bendito, tercer largometraje de Liliana Paolinelli.
Aceptar las cosas como son, y mirarlas a partir de ahí. Hablamos de las relaciones de pareja; pero también se puede tomar la misma actitud frente al film. Hay una tradición en el cine argentino de afrontar temáticas supuestamente tabú y explotarlas desde un ángulo que juega con lo zafado, lo liviano, y hasta la sátira, recordemos, por nombrar ejemplos relativamente recientes El Favor de Pablo Sofovich o Dos más Dos de Diego Kaplan.
La realidad es que esa expresión rara vez suele dar resultados felices, y más en esta oportunidad en que la sociedad ha avanzado lo suficiente como para que la diversidad de sexo deje de ser tabú.
Ahí están, Mecha (Claudia Cantero), recicladora, y Ofelia (Mara Santucho) que pareciera ejercer de ama de casa. Ambas forman pareja, pero en la primer escena ya vemos que las cosas están mal. Es el aniversario, y ante una inocente pregunta de Ofelia, Mecha confiesa una infidelidad; se está frecuentando con una maestra de jardín de infantes (Carolina Solari), y aparentemente, por más que llora y pide perdón, no hay intenciones de abandonarla… a ninguna de las dos.

Ofelia acepta la realidad, perdona, pero ante la reiteración, corta por lo sano. No, no deja a su pareja, le anuncia que ella también saldrá a buscarse amante; y lo encuentra, en un empleado municipal (Carlos Possentini).
Así las cosas, la historia sigue avanzando con una relación cada vez más distanciada entre Mecha y Ofelia, y los dos costados, que se van relacionando hasta formar una simbiosis de pareja de cuatro, o cruce de parejas permanente.
Paolinelli, que también se encargo del guión, elige un registro diferente al de sus anteriores trabajos,Por sus propios Ojos y Lengua Materna, drama y comedia dramática respectivamente. Esta vez se inclina por una comedia de acciones (creemos) pretendidamente absurdas, hasta podríamos decir un grotesco medido, o una sátira. Mecha y Ofelia viven todo tipo de situaciones disparatadas, la historia a cada minuto se aleja más de hechos realistas para embarcarse en rumbos extraños.

El principal problema, es que lo expresado en el párrafo anterior no es seguro que haya sido intencionalmente. Amar es Bendito es una película a todas luces fallida, los diálogos llevan a la risa, pero no por su comicidad sino por la incoherencia implícita, los errores de continuidad se suman a pasos agigantados, y hay situaciones que son imposibles de tomárselas seriamente.
Hay momentos en que pareciera remar el género dramático, pero es tanto lo cargado que es imposible analizarla desde ese lado. Amar es Bendito se toma todo tipo de licencias, filmar gente caminando en cuatro patas por una plaza, otros que van y vuelven de Paraguay en pocas horas tras ser atropellados por una bicicleta, y hasta personajes que toman decisiones fuera de la lógica.
El asunto es que en un momento, esto empieza a jugar a favor del resultado, cuando ya aceptamos lo que estamos viendo, cuando vemos el vaso medio lleno, podemos disfrutar de una película bizarra, no hay otra palabra que la exprese mejor. Cantero y Santucho han probado ser actrices de gran nivel, pero acá, al igual que el resto del escaso elenco, lucen deslucidas al tener que lidiar con tamañas situaciones y diálogos.
Retomando el punto inicial, es una actitud de vida y una actitud frente a la pantalla, Amar es Bendito puede ser disfrutada como un gran disparate, o puede ser observada desde la seriedad y afrontar los resultados, lejos de ser los mejores.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
Hay en “Amar es Bendito” (Argentina, 2013) un intento por parte de su directora Liliana Paolinelli, de crear un clima romcom casi disparatado en medio de una trama de conflictos de amor entre mujeres. La naturalidad de la relación está muy lograda, pero lamentablemente con sólo eso no basta para llevar y cerrar de una manera coherente y limpia un filme. “Amar…” es una película que despierta risa y por momentos vergüenza ajena.
Porque por los temas que plantea Paolinelli no es, por ejemplo: Woody Allen (y perdonen si soy muy ambicioso o exagerado con la comparación), y bien que podríamos estar dentro de una de sus neuróticas y dinámicas películas, y mucho menos sus intérpretes (Claudia Cantero, Mara Santucho, Carolina Solari, Carlos Possentini) son el dream team que Allen diseña para cada uno de sus filmes. En “Amar…” hay una pareja, Mecha (Cantero), más racional e instrumental, y Ofelia (Santucho), la afectiva y sentimental, que está atravesando la comezón del séptimo año.

Para superar la “asfixia y la muerte” que siente en esa relación (según las palabras de una de ellas) Mecha le plantea a Ofelia la posibilidad de “abrir” la relación. Ofelia se vuelve loca y no quiere saber nada con el planteo, y mucho menos luego de enterarse que Mecha ya hace tiempo que la engaña con la bella Ana Laura (Solari).
Elipsis mediante, al tiempo Ofelia engaña a Mecha con Mario (Possentini), sí, un hombre, y allí ambas comienzan a realizar un intercambio de parejas, como un intento de salvar lo suyo, que no terminará de la mejor manera. Quizás, y siendo benevolente, con más producción (escenarios, objetos, vestuario) y con una amplitud de los planos (muy cerrados todos, que generan claustrofobia) y de los espacios (todo sucede puertas adentro), como así también la generación de diálogos más interesantes (acá las palabras atrasan años y no coinciden con la idiosincrasia que presenta Paolinelli en la pantalla) el resultado de “Amar…” sería otro, porque en realidad ya estaríamos hablando de una película completamente diferente.

Pese a todas las limitaciones anteriormente mencionadas, la naturalidad con la que construye el desparpajo y la libertad de Mecha en sus decisiones y su relación con Ofelia, se contrapone con la misoginia y violencia del personaje de Possentini (que hasta es descripto como un “conocedor” de las armas e hijo de policías).
También llama la atención dentro de este exponente del cine queer el recato y el cuidado de las imágenes que muestra (besos y caricias solapadas). A esto hay que sumarle la “irrealidad” de algunas situaciones (Ana Laura es “atropellada” por una bicicleta en la ruta, cómo son atadas en determinado momento Mecha y Ofelia) que, sumado a los saltos de continuidad, de eje y las imágenes sucias van deconstruyendo el verosímil que en algún momento “Amar es Bendito” se propuso crear.
