«7 salamancas»: en busca del Zupay

Debo reconocer que la temática del documental me atrapó desde el inicio. Conociendo algo de los mitos populares de nuestro norte argentino, siempre sentí curiosidad por tomar contacto con ese relato que los lugareños repiten una y otra vez. Ese sistema de pruebas propuestas por el Zupay (el Diablo), para lograr dones que los hagan particulares en la tierra, se presta para el debate y la investigación.
La Salamanca es un espacio (físico) que puede ser muchas cosas (dentro del relieve local), donde lo sagrado y espiritual se cruzan con la finalidad aparente de tentar al necesitado a adentrarse en una serie de pruebas que lo empoderen con magia para conseguir su propósito o deseo natural.
Claro, esto no es tan simple y los pasos que deben cumplirse no son precisamente accesibles (hay muerte e instigación de asesinato dentro de dicha convocatoria, por ejemplo).

Marcos Pastor (el director) cuenta que todo se inició con el relato de una abuela que contaba estas historias en la hora de la siesta. Y que cuando escuchó de boca de Manuel Echegaray, su protagonista aquí, hombre que se conociera con Pastor en el rodaje de «Rastrojero, utopías de la Argentina»), un relato sobre una mujer en relación con una Salamanca, todo comenzó a tomar forma. Algo había ahí para profundizar y el cineasta percibió.
Santiago del Estero es el lugar donde se filmó este documental y Echegaray, parece ser el hombre del film, ya que funciona como nexo entre las secuencias (prolijamente numeradas) en que se va dividiendo la cinta y hace su ruta buscando referencias de la presencia de salamancas y escucha historias sobre el mito, con distintas perspectivas.
Lo cierto es que esta «investigación», que por momento parece una cuasi película de caminos, logra atravesar testimonios e impresiones de gente que cree en lo potente de su mito.

El film está estructurado en segmentos donde se van explicando las condiciones para realizar este encuentro y las pruebas que deben atravesarse. Siempre, hay una mujer de blanco y algo característico de fauna de la zona.
Si bien hay un camino bien editado (gran montaje) como derrotero, la ausencia de Echegaray en algún momento (sumado a su fluir, totalmente natural) se siente. Está bien Pastor aprovechando sus recursos (sobre todo con el sonido), pero quizás ese falta de fibra del protagónico podría haber sido compensada de otra manera.
Buenas escenas, una banda de sonido muy sutil y una temática que invita al debate y a la reflexión. Quizás este documental casi ficcionado pueda no ser absolutamente logrado, pero hay mucho trabajo en él y su temática interesa. A seguir por la misma senda.
