«Poor things» (Pobres criaturas): Un viaje hacia la emancipación femenina

La última película del director griego Yorgos Lanthimos es una fábula inventiva y barroca sobre una mujer que explora el mundo despojada de mandatos, limitaciones. Basada en la novela de Alasdair Gray, una especie de relectura de Frankenstein, el guion de Tony McNamara (La Favorita) pone en el centro a una mujer libre.

A lo largo de su carrera, el cine de Yorgos Lanthimos ha desarrollado un sello muy personal. Desde lo estético (en especial con su uso de los grandes angulares y los travellings) pero también desde lo temático, con personajes e historias que reflejan un lado oscuro del ser humano, a veces miserable y egoísta, o vanidoso y vengativo. En su última obra, la despampanante Pobres Criaturas, Lanthimos conjuga lo mejor de su cine en una película que es divertida, picante, visualmente desbordante y por momentos perturbadora.

En una era victoriana que combina elementos y estética futurista, Godfrey (Willem Dafoe que se mueve entre lo monstruoso y lo humano) es un científico que da clases pero oculta su verdadero trabajo. En su casa, experimenta con animales o con su propio cuerpo. Cuando encuentra el cuerpo recién fallecido de una mujer embarazada que se arrojó al mar, aprovecha la vida aun latente de su interior y consigue revivir a la mujer con el cerebro virgen de experiencias.

Godfrey se convierte en un padre para Bella (interpretación brillante de Emma Stone, por la cual podría ganar su segundo Oscar), un padre pero también una especie de Dios (de ahí el juego con su nombre) que maneja los hilos de su existencia hasta que Bella descubre el goce sexual. La masturbación se convierte en la puerta de entrada de un mundo inexplorado al que ella ansía salir y aventurarse, un mundo lleno de color (en este punto Lanthimos utiliza un recurso similar al que se había visto en la argentina El Apego, de Diment en la que el orgasmo hace pasar del blanco y negro al color; acá es el comienzo del viaje que emprende el que le devuelve el color a la película). Y en ese momento en que Godfrey quiere casarla con su joven e incondicional aprendiz, aparece el abogado de su familia y queda maravillado con la mujer. Mark Ruffalo es un canalla que la seduce sin vueltas y se la lleva a recorrer el mundo, pero lo que no consigue nunca es controlarla, domarla. Bella puede todavía no saber mucho del mundo que hay ahí afuera de las paredes de su casa y laboratorio y sin embargo no carga con la presión de tener que ser ningún tipo de mujer excepto lo que ella quiera y desea.

Esta fábula no se queda solo en esa idea de una Frankenstein feminista. Es el deseo lo que mueve, el gran motor de la vida y en Bella se refleja principal, pero no solamente, en lo referente a su sexualidad, siempre retratada sin pudor y con mucha autenticidad, no de manera provocadora. En ese viaje conoce el arte, la cultura pero también la parte menos pintoresca del mundo y su pobreza. Es así como va creciendo y formándose esta mujer, a través del conocimiento en carne propia.

Todo en Pobres criaturas es recargado y desmedido. Cuenta con un trabajo tremendo de arte detrás, donde destaca el vestuario diseñado por Holly Waddington, que mezcla periodos y texturas, abraza los volados y mangas exageradas y se aleja de los ítems que se suelen asociar con lo erótico y sensual; no se ve un corset en toda la película y la lencería suele resaltar los cuerpos con tonos de piel en lugar de negros, rojos o violetas como uno esperaría ver en cualquier burdel. El estilo visual del director le juega en función a la historia: los grandes angulares del director de fotografía Robbie Ryan (La Favorita) no son un capricho, ayudan a retratar un mundo extraño y perturbador, deformado, en el que nunca se sabe qué puede pasar.

Emma Stone está mejor que nunca porque se entrega a un personaje complejo y arriesgado con mucha confianza y sin miedo al ridículo. Quien también resalta a su lado es un Mark Ruffalo al que no solemos ver, menos encantador que la mayoría de los personajes que ha interpretado en su carrera. Su Duncan es el reflejo de la masculinidad frágil, el hombre que cree que se las sabe todas hasta que encuentra a una mujer a la que no puede domar y de a poco empieza a romperlo. Es curioso que la temporada de premios que empezamos a transitar no se haya fijado tanto en él.

Pobres criaturas es sin dudas una de las mejores películas de un director que no buscó amoldarse a la industria y por eso logra diferenciarse. Una fábula retorcida, barroca, surrealista sobre el amor, el sexo, con algo de terror y bastante humor y sátira. A lo largo de toda la película se pueden apreciar ecos de sus trabajos anteriores, en especial de Dogtooth y de The Lobster, aquí optando por un tono algo más tierno y un poco menos cínico quizás.

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