«Perros»: Diferencia de clase

Tras su paso por la Competencia Oficial del Festival de Cine de Málaga y la Competencia Latinoamericana del Festival de Mar del Plata llega a salas esta coproducción argentino uruguaya, comedia negra de Gerardo Minutti protagonizada por Néstor Guzzini y Marcelo Subiotto.

Es imposible no pensar en Parasite de Bong Joon Ho o en Los Dueños de Agustín Toscano y Ezequiel Radusky cuando vemos Perros, la ópera prima escrita y dirigida por Gerardo Minutti. Al menos en un principio. Porque de a poco ésta va tomando su propio camino.

Perros está situada durante un verano en Uruguay. Los Saldaña son una familia que no tienen otro plan para el verano que quedarse en la casa. En cambio, sus vecinos los Pernas, se preparan para irse de vacaciones. Como buenos vecinos, los Saldaña le cuidarán la casa y el perro de sus vecinos mientras tanto. Pero esa casa ahora vacía, que siempre fue la envidia del barrio y provoca comentarios sobre cómo han hecho el dinero, se convierte en una tentación primero y luego en una amenaza cuando la desaparición inesperada del perro empiece a sacar a relucir el tenso enfrentamiento entre ambas familias.

Minutti plantea el choque social desde una manera mucho más sutil que la mencionada película coreana. Aquí las diferencias a simple vista no son tan notorias o tan grandes. Sin embargo, cuando los Saldaña, tentados a probar un poquito de esa vida ajena pero tan cercana que la pueden rozar, comienzan a permitirse disfrutar de esa casa los cambios se hacen evidentes. El aire en lugar de un ventilador que no calma el caluroso calor, las cremas caras del baño, el jacuzzi; aquello que para los Pernas es parte de la cotidianeidad para los Saldaña será algo parecido a unas propias vacaciones, a jugar por un rato a ser otras personas.

La historia no se queda ahí y la tensión que se siente acumularse se expandirá hasta abarcar otros personajes (y criaturas perrunas). Es por acá que la figura de un personaje siniestro cobra relevancia en el cuadro: el mecánico que se mete en todo, que se hace el copado pero destila mala leche.

Minutti va sembrando esa incomodidad reconocible desde lo cotidiano. Vecinos que en realidad no se soportan o hablan mal por detrás simulando amabilidad, el resentimiento que se acrecienta cuando del otro lado no parecen ser conscientes de lo que generan. Hay algo que se percibe inherentemente humano gracias a no caer en trazos gruesos y golpes bajos. La grieta es sutil, la guerra es silenciosa.

Desde lo técnico, se destaca el gran uso del sonido –el chancleteo, los golpes de lo que se apoya sobre ese terreno que queremos dejar intacto- y los encuadres –el modo de filmar cada ambiente, cada pasillo-.

Las interpretaciones de Néstor Guzzini y María Elena Pérez como el matrimonio de clase trabajadora en contraposición con las de Marcelo Subiotto y Noelia Campo como la familia de clase media acomodada resultan buenas por los matices y ambigüedades que presentan.

La culpa, la envidia, las frustraciones, los resentimientos. Un retrato preciso y costumbrista sobre las diferencias de clase. Con sus buenas dosis de humor y tensión. Modesta y efectiva.

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