#MDQ33 (XVI): Yo, la mejor (de todas)

Una nueva expresión narrativa, para algunos críticos tildada de “híbrido”, es una mixtura entre documental y ficción, la docuficción, en donde se pone a los propios protagonistas de los hechos en el centro de la escena contando –de diversas formas- su propia historia.
Los más interesante que se nos plantea como espectadores es el hecho de que se borre la delgada línea entre ficción y realidad y que nos despierta un particular interés al desconocer por completo dónde está ese límite entre lo “fabricado” y lo efectivamente real. Todo lo que se ve es cierto, es verdadero, ha sucedido.
Pero al mismo tiempo, todo lo que vemos es guionado, ficcionado: es “mentira”, está siendo filmado de forma tal de representar la realidad pero no es exactamente la realidad misma.La potencia de ciertas historias se refuerza más aún con imágenes de archivo, fragmentos de películas familiares, fotos, registros de lo real entrecruzándose con la ficción.

De esta forma, lo que vemos con un formato documental -que por cierto lo es, porque narra las propias vivencias de/los protagonista/s-, es en cierto modo manipulado por la mirada del director y sobre todo, por el proceso de edición, que se erige como una forma más de narrativa, una vez finalizada la filmación donde montajista y director eligen qué mostrar, que sugerir, que ocultar.
El Festival Internacional de cine de Mar del Plata ha tenido dentro de la competencia internacional dos grandes exponentes de este género: “Entre dos aguas” y “What you gonna do when the world´s on fire?” ganadoras del premio Astor de Oro a la mejor película y al mejor director respectivamente.
Reforzando la idea de la ficción dentro del mismo documental sus protagonistas, Israel Gómez Romero y Judy Hill también se han llevado las estatuillas a Mejor Actor y Mejor Actriz por la participación en estas películas.

El film de Roberto Minervini “What you gonna do…” plantea tres historias cruzadas en el verano de 2017 que tienen como eje la violencia racial que sigue viviendo, aun hoy en día, el pueblo negro en Estados Unidos, ubicando su historia más particularmente en la ciudad de Louisiana.
Por un lado, una serie de asesinatos brutales contra jóvenes afroamericanos por parte de la policía, hace salir nuevamente a las calles al movimiento de las Panteras Negras, manifestándose contra la violencia policial y su lugar de desigualdad e injusticia social, que siguen padeciendo a través de décadas y décadas.
Por el otro y en el centro de la historia conocemos a Judy Hill, la dueña de “The Ooh Pooh Pah Doo” un bar que respira New Orleans en cada rincón.

Ella ha intentado revertir un pasado traumático y una dura historia familiar y personal y en este momento deberá lidiar con el cierre de su emprendimiento más el desalojo de su madre de 87 años.
Por último, el tríptico cierra con la historia de dos hermanos Ronaldo y Titus y sus actividades cotidianas, con un dejo de niñez e inocencia perdidas en medio de la pobreza y el aire de violencia omnipresente: ellos olvidan completamente la presencia de la cámara y nos obsequian diálogos entrañables.
En un brillante blanco y negro, Minervini logra momentos de gran intimidad, de gran sensibilidad cuando retrata las historias personales, y de gran potencia cuando su ojo testimonial refleja la lucha callejera de los Panteras Negras frente a un sistema que les resulta completamente expulsivo.

Quizás la extensión de “What you gonna do…” juega en contra del resultado general, aunque de todos modos el director de “Low Tide” y “The Other Side” logra un film interesante, personal e intenso, tanto dentro del retrato íntimo como de la descarnada mirada social.
El español Isaki Lacuesta presentó su útlima película “Entre dos aguas” y se alzó con el premio mayor del Festival, llevándose el Astor de Oro a la mejor película.
Con una filmografía construida tanto desde la ficción con “Los condenados” (con Daniel Fanego y Bárbara Lennie) o “La próxima piel” (disponible en Netflix, con el protagónico de Emma Suárez) como del documental como sus trabajos en “El cuaderno de barro” “El movimiento Perpetuo” o “La leyenda del tiempo”, Lacuesta retoma justamente dos de los personajes de esta última, y vuelve a sus historias doce años después.
Asi como Linklater en “Boyhood”, Truffaut con Antoine Doinel o Michael Apted cuando siguió la historia de los catorce chicos en “Up Series”, Lacuesta vuelve sobre la historia de Israel y Cheito, dos hermanos gitanos, después de haberlos acompañado en un momento traumático de sus vidas, donde perdieron a su padre, momento en el que Israel decide no cantar más y abandona su pasión por el cantejondo.

Doce años es obviamente mucho tiempo y las vidas de Israel y Cheito han tomado caminos completamente diferentes.
La mirada de Lacuesta, elige como protagonista a la historia más sufrida y dolorosa: la de Israel, quien intenta insertarse socialmente después de la cárcel, las drogas y enfrentar la dificultad de encontrar un trabajo estable.
Con la ciudad de San Fernando en Cádiz como escenario que se impone, acompañamos a Israel en su derrotero cotidiano: el vínculo con su mujer, sus amigos, sus hijas y la cámara de Lacuesta pone una mirada desprejuiciada a su existencia, justamente entre dos aguas: entre el pasado y la reconstrucción, entre el presente y el volver, entre su deseos y sus imposibilidades.

Con las manos en el fango y sus pies enterrados en esas playas enormes y en soledad, quizás sea la mejor manera que Lacuesta encuentra de describirnos a Israel y sus contradicciones, sus limitaciones y su desamparo.
Hay mucho de melancolía y desolación en el retrato realista y honesto que traza Lacuesta haciéndonos olvidar las marcas de la ficción, generando la sensación de veracidad y realismo que, como espectador, nos conmueven.
Al igual que el film de Minervini, la proliferación de situaciones reiterativas vuelve a atentar contra el producto final que hubiese ganado contundencia con algunos minutos menos. Pero el pulso firme de Lacuesta brinda la posibilidad de encontrarnos con una historia que difícilmente olvidaremos, de esa niñez perdida, de esas canciones olvidadas, de ese niño que pasado el tiempo, la vida sigue lastimando y que nada entre dos aguas, sin poder hacer pie en ninguna orilla.
Dentro de la devaluada competencia internacional del Festival, el premio para “ENTRE DOS AGUAS” con el riguroso y minucioso trabajo de Lacuesta, acompañado de una fotografía notable y una sensibilidad especial sobre el amor con que muestra a sus criaturas, cierra esta edición 33º de un Festival que se encontró azotado por la falta de presupuesto que lo redujo en cantidad de días y de filmes a proyectar y que tuvo que superar los escollos desorganizativos que son casi una marca registrada en la Ciudad Feliz.
