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Marcos Pastor, director de «7 salamancas»: «…buscaba algo más performático en algunos aspectos, que fuera un terreno más fértil para la búsqueda con la cámara, con la imagen.»

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Hace unos días se estrenó en el Espacio INCAA Gaumont, un interesante documental que aborda la figura de las salamancas, mitos bastante particulares del NOA argentino. Marcos Pastor, su director, charló con nosotros y así compartió sus impresiones sobre el rodaje y sus próximos proyectos.

1) ¿Cuales fueron las motivaciones para encarar «7 salamancas»? Cuales eran tus impresiones previas antes de tomar contacto con la naturaleza del relato que presentas?

Ante todo quería investigar formal y temáticamente con ideas nuevas, explorar otro estilo que no fuera el de mi primer trabajo, («Rastrojero») buscaba algo más performático en algunos aspectos, que fuera un terreno más fértil para la búsqueda con la cámara, con la imagen. Y por casualidad apareció este tema y me cautivó. Despertó mi imaginación, mis recuerdos y mis emociones de ese momento así que me embarque en ese viaje.

Digo que resonó en mis recuerdos porque me trajo a la memoria los relatos que mi abuela Juana nos hacía a mi hermana y a mí en las siestas de verano para evitar que saliéramos al calor. -Mi madre le tenía prohibido hacerlo porque a ella la habían aterrorizado cuando era chica.-

Obviamente que la vieja se hacía la zonza y nos contaba historias de duendes, fantasmas, monstruitos domésticos como el «basilisco» –un pollito maléfico que si te miraba antes que vos a él, te morías- brujas, diablos y muchas cosas locas más.

Así que creo que para mí todo este universo tiene una cierta aura de ingenuidad, no de «terror» o de miedo, lo relaciono más con la inocencia que con la maldad.

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2) ¿Cómo trabajaste el tema de las locaciones y porque elegiste las que aparecen en el film?

Las locaciones surgieron a partir del primer lugar al que nos lleva Manuel, un pequeño pueblito de Santiago del Estero, cerca del límite con Chaco que se llama «Los Juríes» y desde allí fueron surgiendo a medida que transcurrieron los viajes y el conocimiento de las leyendas y de la cultura popular sobre la idea de la Salamanca. Hay lugares «icónicos» de los relatos salamanqueros que tenían que estar. Lugares como Salavina, Añatuya, Quimilí, Atamisqui, Cerro Colorado, San Marcos Sierras, un arco entre el norte de Córdoba, Santiago y Chaco.

Y después hubo un proceso de rodaje muy intuitivo que desembocó en un gran trabajo de edición porque hay muchisimos planos «robados», pequeños momentos que se iban dando y tratamos de capturar. Creo que son lo mas bello de la película y lo que permite tambien el juego con la ficción a través de una asociación estética.

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3) Hay en el documental un clima bien logrado y sugerente, obtenido con cierta economia de recursos, ¿lo pensaste asi o fue surgiendo a medida que avanzaba tu investigacion y el rodaje?

Como decía, en ese proceso de búsqueda durante la investigación fue surgiendo el estilo formal de la película. Lo establecimos en el primer viaje –fueron cinco rodajes- y aunque fueron variando los fotógrafos, al final creo que todo encontró una cohesión.

En ese sentido, la propuesta estética estuvo clarisima desde el principio, lo que costó bastante en todo caso fue la cuestión narrativa. Conjugar ese mirada ‘poetizante’ con un discurso que no desentonara sino que se retroalimentara, que dialogara.

Ahi comienza a ser esencial el sonido, el registro más sensorial posible y con respect a eso estoy muy feliz del resultado que logramos con Gino Gelsi, con quien compusimos la banda sonora. Tambien fue esencial la colaboracion de la montajista Maura Delpero, que aportó su conocimiento en la narración y una mirada lúcida sobre el material.

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4) El enfoque antropologico de «7 salamancas» es interesante y siento que, mas alla de lo presentado, hay mucho material que quedo fuera del corte final, ¿sentís que algo en particular te quedo sin incluir?

En este costado tuve la ayuda de dos grandísimos antropólogos: la Dra. Anatilde Idoyaga Molina (Directora del Centro Argentino de Etnología Americana CAEA-Conicet) y del Lic. Luis Esteban Amaya, especialista en el tema de la Salamanca.

En general los documentales tienen siempre ese desafío, una cantidad descomunal de material para procesar. Esta no fue la excepción ciertamente, aunque los han habido mucho peores… Igualmente, creo que en cierto sentido el desafío en este proyecto pasaba más por otro lado, por la cuestión de sostener una atmósfera y un relato «alusivos», indirectos digamos, no mostrarlos directamente. La naturaleza del material no lo permitía me parece, tiene que ser aludido, metaforizado, de otra manera se quiebra el hechizo.

5) ¿Cómo va el rodaje de tu ultimo trabajo («Calquín, memoria de un sueño.»)? Cuales son tus expectativas con el mismo?

El rodaje está terminado hace ya un tiempo pero creo que habrá alguna última cosita antes de poder cerrarlo por completo.

«Calquín…» es un documental histórico pero también autobiográfico, otra cosa rara… Es la historia del ‘Calquín’, el avión a partir del cual se llega al desarrollo del ‘Pulqui,’ y mi sueño de ser piloto cuando era niño, creciendo a pocas cuadras de la Fábrica de Aviones de Córdoba.

Fue construido con maderas nacionales porque se desarrollaba en ese momento la Segunda Guerra Mundial y luego de equipar a la Fuerza Aérea durante mas de una década, con el Golpe del ’55 son perseguidos y quemados en una hoguera, junto con el inicio de la decadencia de la industria en general y en particular, de la industria aeronáutica.

Espero que nos permita ejercitar la memoria, seguir conociendo y comprendiendo nuestro pasado para poder elegir un futuro mejor para todos. Creo que está a punto de volverse muy actual.

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