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“Libre de sospecha”: Acorralado

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Luego de haber trabajado mucho tiempo en distintos rubros detrás cámara, un veterano de nuestro cine, Emilio Blanco, debuta con un largometraje propio en Libre de sospecha, un clásico policial al que podría resumirse en dos frases “como los de antes” y “hecho a pulmón con escasos recursos”; sus virtudes y sus defectos se desprenden de estas dos vertientes.

Nos ubicamos en la época del corralito, Víctor Aranda (Miguel Habud de mayor experiencia televisiva y en su primer protagónico cinematográfico) es el contador de una financiera. Los tiempos son complicados y pareciera que más para él. Se encuentra entre dos mujeres, la ex y la actual, la primera le exige que le aumente la cuota alimentaria, la segunda le exige mayor atención en la pareja y le molesta la presencia de la ex por lo cual quiere emprender viaje al exterior sola.

Como si fuese poco, su jefe, de esos personajes que saben más que el común de los ciudadanos, pretende hacer una maniobra fraudulenta para salir ileso de la que se viene, claro, estafando a todos los clientes. A todo esto Víctor tiene una única respuesta, idear un plan propio que se pondrá en marcha rápidamente.

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La clave de la cuestión está en su realizador, Blanco proviene de una escuela de cine que, como suele suceder con todo lo que es dejado de lado, hoy se defenestra. Sus épocas como asistente datan de las tres últimas décadas del Siglo XX, de ahí su formación en policiales que, de algún modo, intenta emular con Libre de sospecha.

El retrato del ciudadano capitalino medio, con todas sus dudas y certezas, sus inquietudes. El oficinista que trabaja y quiere progresar pero el entorno no lo deja; la clase media. Por supuesto, la oportunidad de ese progreso que llega de modo turbio pero exculpado por las circunstancias sociales. Desde Aristarain, Lecchi, Ayala, DeSanzo, Olivera, y otros, han hecho películas bordeando estos tópicos.

Hay otro dato fundamental, el film está dedicado a Anibal Di Salvo, con quien trabajó y los une una gran amistad. Hay mucho aquí del celebérrimo director exploitation de Acorraladas. Así también como del Emilio Vieyra de Cargo de Conciencia o Delito de Corrupción; Libre de sospecha es autoconsciente y enarbola cierta bandera del film de complemento, del estilo Clase B.

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La puesta en escena es pobre, los recursos son escasos, y todo suena muy televisivo y no de la televisión actual con altos valores de producción. Pero ate todas esas falencias, Blanco pareciera no querer disimularlas sino hacerse cargo y hacer que formen parte de la propuesta, del estilo propio del film. Esto será un dato positivo para quienes añoran aquellos films que nno se abstenían a una rigurosidad técnica absoluta sino que buscaban cierto entretenimiento con fuertes dosis morales.

Pero por otro lado, se presentan ciertas falencias que no tienen que ver tanto con la pobreza de recursos económicos, una débil marcación actoral, ciertas debilidades argumentales notorias, y un corto vuelo en el desarrollo nos hacen pensar que este sería un producto menor, aún en aquellas épocas en donde brillaban los films directo al video hogareño.

El cine de género local ha crecido a pasos agigantados en los últimos años, ha dejado de ser “de nicho” para jugar en las grandes ligas de producción. Como consecuencia, ciertos tipos de films con algo de colorido por sus recursos pintados cada vez son menos frecuentes. Visto de ese modo «Libre de sospecha» podría celebrarse como un regreso a las fuentes, pero nos preguntamos, aun estando en ese molde ¿alcanza para decir que es un producto aceptable?

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