“Las Ineses”: Unión parental

Hay algo de película antigua, de un cine que hace tiempo se dejó de hacer, pero que en este año con “Angelita la doctora” (2016) de Helena Tritek, y ahora con “Las Ineses” (2016) de Pablo José Meza, se lo recupera para la pantalla grande, que funciona en determinado tipo de público.
En ese cine el uso de arquetipos, una narración simple y clara, el drama o la comedia como vector, sirven para construir historias que cumplen con sus premisas pero que se quedan en los laberintos de lo popular sin innovar ni arriesgarse.
En este caso “Las Ineses” bien podría haber surgido de una noticia policial, en un pueblo del interior del país dos bebas son cambiadas en un confuso episodio y entregadas a sus equivocadas madres.
Ese es el arranque de este filme, dos mujeres (Brenda Gandini, Valentina Bassi) ven como sus hijas no responden a su color de piel o al menos es lo que le hacen evidenciar sus maridos (Luciano Cáceres, André Ramiro) y la madre de una de ellas, Dominga (María Leal) que no puede ocultar su sorpresa al ver que su nieta, hija de una mujer blanca como la nieve sea morocha.

Tomando la decisión en conjunto de quedarse cada una con la que posee su color, y sabiendo que era muy posible que el médico, un alcoholico empedernido, haya realizado en medio de una borrachera el cambio, avanzan con algunas dudas sobre la situación. Pero tanto una como otra madre no saben realmente si la decisión que tomaron es la acertada, y sabiendo que esa inseguridad proviene de sus instintos maternales, dejarán un poco el juego abierto poniéndole a las hijas el mismo nombre, Inés, por lo que si en un futuro cambia el panorama no haya problema.
El relato va avanzando a partir de flashforwards, que posicionan los diferentes momentos de las niñas y las familias en la crianza de las Ineses. Mientras ellas comienzan a crecer, los miedos sobre la decisión en una y otra madre crecen. Así, mientras Carmen (Gandini) se apoya en su marido (Cáceres) a fuerza de tratar de no pensar más en el pasado, Rosa (Bassi), pierde a su marido (Ramiro) ante lo inevitable de la insatisfacción conyugal.
Las Ineses, vecinas y compinches, avanzan en su vida sin conocer este dato, pero cuando Dominga (Leal), la abuela, sigue sospechando algo raro desde ese día, por lo que guiará el relato hacia una comedia de situaciones y el gag para potenciar algunos chistes y momentos que buscarán revelar la verdadera identidad de las niñas.

“Las Ineses” se pierde en su propio laberinto, y si bien algunas actuaciones, como la sólida Leal, que compone a su entrañable Dominga a partir de refranes, dichos populares, y un registro muy similar al que manejaba en el clásico “Grande Pá!”, no logran superar varios anacrónicos momentos del filme.
Los protagonistas defienden el material como pueden, algunos potencian el hilo narrativo que les ha tocado, como el caso de Bassi, mucho más dramático que en de Gandini, pero así y todo no se logra empoderar a un filme que podría haber sido mucho más contundente y efectivo, pero que se pierde en la construcción arquetípica de ciertos lugares comunes de un cine que se manifiesta popular y no logra transmitir, más que forzadamente, su impronta.
Hay algo que favorece a “Las Ineses” y su duración, algo que seguramente surgió en la edición y que tras cortar y cortar material se pudo comprender que muchas veces menos es más, y en el caso de este filme, el director Meza habrá necesitado respetar
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Anexo de Crítica por Fernando Sandro
José Pablo Meza podría ser considerado un realizador discreto, no por lo magro de los resultados; por la simpleza y calidez que imprimió a cada una de las películas que llevan su firma.
Las Ineses es su tercer film después de Buenos Aires 100Km y La Vieja de atrás, dos films con los que guarda cierta relación, pero también de los que se despega en el tono particular.
Una comedia de pueblo, que aprovecha su co-producción con Brasil para ubicarse en una zona limítrofe entre los dos países, allí en Misiones, y sacarle un buen provecho.
La historia es simple, si se quiere anecdótica, modesta, pero pareciera alcanzar para lo que se quiere desarrollar.
Es 1985, y el barrio está convulsionado con tres partos simultáneos. Las dos familias Garcia viven una al lado de la otra, y ambas tendrán familia el mismo día.

Carrmen (Brenda Gandini) y Pedro (Luciano Cáceres) por un lado, esperan un varoncito pero tendrán una tercer hija mujer. Rosa (Valentina Bassi) y Ramón (André Ramiro) son primerisos y también tendrán una nena. El problema es, si se quiere, racial; los primeros son rubios y la hija nace morocha; los segundos son morochos y la bebé es rubia ¿Hubo una confusión en la salita de la zona?
Con esta premisa básica, que llevará a que ambas familias, ante la sospecha intercambien sus bebés, a las dos les pongan Inés, y sean criadas en una suerte de comunión; Meza (que co-escribió el guion junto a Victoria Mammoliti) emprende un film con la gracia y simpatía como mejor arma.
Los más puntillosos notarán algunos detalles fuera de época – no obstante la recreación en general es buena –, estereotipos, algunas exageraciones y/o casualidades, y hasta alguna tibieza. Lo cierto es que ninguna de estas objeciones llega a opacar las pretensiones de un film que busca un margen popular y la llegada directa desde lo simple.
Las Ineses no es un film ambicioso, así como no lo fueron los dos anteriores trabajos como director de Meza, y ese termina siendo un detalle muy a favor. No necesita de una gran puesta, de giros grandilocuentes, ni un sobrecargo desde la imagen; haciendo un trabajo correcto desde sus ideas sencillas pero efectivas, el trabajo pareciera estar cumplido.

Las interpretaciones son un saludable ítem en el film, algunos recurren al viejo recurso de “comerse las “s”” pero todos entran en el juego de comedia y amabilidad que la película propone, y se creen y nos hacen creer sus personajes. En especial su verdadera protagonista, que no está ni en los nenes (que irán creciendo) ni en los cuatro padres, la verdadera protagonista del film es Dominga, la madre de Carmen y abuela en definitiva de las Ineses.
Probablemente otro sería el film sin la presencia de María Leal que se come cada una de sus escenas y va cobrando importancia hasta hacer que la historia gire alrededor de sus acciones. Dominga es de esos personajes con una pizca de caricaturescos pero creíbles, entrañables y a la vez algo odiosos, pero siempre muy simpáticos.
La actriz de Grande Pá, que no tuvo muchas posibilidades en el cine, lo hace suyo, le imprime muchas de las características que ya le conocemos y hace que gran parte del buen humor que la historia despliega pase por ella, sus diálogos, dichos, o sus gestos. El resto del elenco, en determinado punto, en especial Gandini y Cáceres, pareciera apoyarse en ella y salir ganando.
Las Ineses no ofrece otra cosa que una gran sonrisa, varias risas y alguna carcajada. El mensaje de integración y la puesta sencilla y correcta son un plus que conforman una propuesta tan honesta como concreta.
Aunque disimuladamente, Meza tiene su sello y en este film se siente en cada una de las escenas que huyen de la oscuridad para aferrarse a una fuerte luminosidad. Las Ineses es una película a laque bien vale darle una oportunidad, no defrauda.
