Nuevo estreno dentro de las obras del Complejo Teatral Buenos Aires, esta vez en el cine teatro «El Plata», del barrio de Mataderos. Este espacio recuperado que tanta vida cultural ha promovido en la zona, recibe a una versión local de «La ternura», obra española de 2017 escrita por Alfredo Sanzol que fuera muy exitosa en la península y que se versiona aquí con un importante elenco.
Ya cuando los protagonistas intercambian las primeras líneas de diálogo, el espíritu del gran dramaturgo británico invade la sala. El autor se ve influenciado y motivado por los grandes pasos de comedia de Shakespeare en «La tempestad» , «Noche de reyes», obras que abonan al sentido de la propuesta presentada. Es cierto que Sanzol bucea mucho en los problemas que cualquier persona que se enamoraba, tenía en el siglo XVI. Matrimonios armados, poco espacio para la espontaneidad, directivas férreas de unidad dictadas por la política… pero que la dirección de Eduardo Gondell, pone en otra perspectiva. El título de la obra pone en relieve la importancia de lo vincular y lo afectivo, más allá de los discursos.
En esta versión local de «La ternura», la fuerza de la trama está instalada en ver qué sucede en las relaciones entre los sexos, partiendo de los prejuicios instalados en el ámbito familiar y la inevitable lucha de deseos que impulsa la atracción por un otro.
Esta es la historia de tres mujeres, la reina Esmeralda (Cristina Alberó) y sus dos hijas (Anita Martinez y Valentina Podio), quienes deben escapar de un barco cuando reciben la orden del rey Felipe II de celebrar matrimonios arreglados para ámbas. Esa decisión motiva a Esmeralda a organizar una fuga que termina con ellas en una isla, en apariencia abandonada, donde podrán escapar al destino que algunos hombres tienen preparado para ellas.
Pero en ese lugar, no estarán solas. Habitan esa isla, un leñador (Antonio Grimau), con sus dos hijos (Marcelo Mazzarello y Juan Cotett). El padre es un hombre decidido y triste, que decidió retirarse a ese espacio para no tener contacto con mujeres, porque ha sufrido por amor y no quiere que sus hijos pasen por experiencias similares. Es decir, en ámbos casos, los progenitores deciden proteger a sus hijos, basados en sus propias vidas, más que en las de ellos/ellas.
Es así que se arma en ese encuadre, una batalla de sexos, donde los prejuicios hacen gran parte del trabajo. Y son abordados con abundante humor. Porque Esmeralda propone que las mujeres se vistan de hombres y de esa manera, se pongan a salvo de cualquier relación con ellos, plan que obviamente, va a fracasar. Se apoya en su autoridad y las chicas se dejan llevar por la iniciativa materna.
Pero como ya sabemos, la naturaleza hace su parte. Es así como las dos parejas jóvenes se irán dejando llevar por la necesidad de conocerse con el otro y eso motivará las reacciones de Esmeralda y el leñador para que no se concreten los romances que la convivencia diaria impulsa.
La obra es divertida, está bien actuada y es dinámica y colorida. Como todo clásico que capture el espíritu de las propuestas de Shakespeare, hay magia y debe ser entendida en el contexto del relato. Las actuaciones son ajustadas, en un nivel de intensidad que cobra mucho vuelo (y bueno!) al final.
Es un placer ver en el escenario a Antonio Grimau y Cristina Alberó, quienes en los 70′ y 80′ eran el centro de la atención del público masivo con sus telenovelas, hoy en día mostrando una gran actualidad. La puesta es sencilla, austera pero cumple, sin dudas. Como plan de un sábado a la tarde, es una propuesta válida y atractiva, sin dudas.
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Rodrigo Chavero
Periodista, docente y redactor de contenidos. Amo el cine y no hay mejor plan que ver películas.
Coordino Espectador Web desde 2011 y en mis redes hay mucho material de cine, teatro y espectáculos en #CABA.




