«La dicha en movimiento»: Amor y música

Dejá de buscar y baila
animate si es que puedes
no te resistas al ritmo
gira tu cadera y
bailarás, con ritmo colocado
bailarás, con ritmo colosal
Dirigida por Maxi Gutiérrez y escrita junto a Gonzalo Salaya, La dicha en movimiento toma como punto de partida la historia de la grabación del primer disco de los Twist pero ficcionaliza a su alrededor una historia de amor y crecimiento.
Situada por lo tanto en los 80s, desde el primer momento se puede apreciar una construcción de época que apela a la nostalgia, donde predominaba lo analógico. Cassettes, televisores de tubo, estudios de televisión que trabajaban por fuera de los tiempos actuales, cámaras videograbadoras. Pero aunque al principio la película nos sitúa en una fecha en particular y promete contarnos un hecho histórico de la música argentina, la ficción se cuela y toma protagonismo, como si lo otro no fuese más que una excusa o un medio para hablar de algo tan universal como el amor.
Aparece entonces en escena Mario, un adolescente hijo de un rígido trabajador del canal ATC y una madre comprensiva ante la turbulencia de emociones y hormonas que se transitan a esa edad. En una de esas juntadas nocturnas con amigos y salidas a escuchar y descubrir bandas de música, se le cruza en su camino Ana, como si nada pasa frente a él y lo hechiza. De ese encuentro casual y algún malentendido, omisión o mentira piadosa, Mario es invitado junto a Ana para presenciar y registrar la grabación de un discr. Esas veintinueve horas y media no solo se tratan de Mario intentando conquistar a Ana, sino que sin saberlo será testigo del nacimiento de uno de los álbumes más influyentes del Rock Nacional.
Protagonizada por Kevsho, Ornella D´Elía, Sofía Morandi, Julián Cerati, y con la participación especial de Romina Richi, Ronnie Arias, Campi, Lalo Mir y la participación del propio Pipo Cipolatti. Cerati como Cipolatti y Morandi como Fabiana Cantilo se permiten jugar y brindan interpretaciones simpáticas aunque a veces bordeen un poco lo mimético. En cambio, la figura de Charly García, productor del disco y una de las excusas que le sirven a Mario, quien promete una entrevista exclusiva con él, cobra presencia siempre desde un fuera de campo o en las sombras, está pero no está. Es curiosa esta decisión, no sé si aporta esa idea de omnipresencia o simplemente prefirieron escaparle a retratar a alguien tantas veces imitado.
Hay un poco de cómo se gestó el álbum y los inconvenientes que la joven banda ya estaba sufriendo pero el enfoque está puesto en otro lado. Incluso se desaprovecha un poco el contexto social y político, con algunas pinceladas del momento que se atraviesa, con una época oscura todavía demasiado cercana.
Si bien se logra transmitir bastante la vibra y los colores de una época tan particular, hay algo en el retrato que resulta superficial. Quizás porque todo se sucede bastante rápido es que hasta la historia de amor resulta demasiado cursi y forzada. De todos modos ya lo dijo una de las tías de Sabrina, la bruja adolescente: a los 16 siempre es amor verdadero. Siempre se vive con intensidad y se cree que uno o una se va a morir de amor. Que esos flechazos no son, no pueden ser efímeros.
No estamos ante una biopic musical, aunque la película tenga destellos varios de ese subgénero, sino que se trata de un coming of age romántico. Pero el situarlo en una época, el agregarle el componente histórico y cultural, le agregan una impronta interesante. Se trata de una película simpática que logra captar parte de ese espíritu lúdico que tiene el álbum, también algo aparatosa y superficial.
