“Inferno”: Enigmas en el fin del mundo
Siete años después de Ángeles & Demonios llega la tercera inclusión en el mundo del cine para el experto en iconología y simbología Robert Langdon, de la mano de Inferno, adaptación de la cuarta novela de Dan Brown en la que aparece el personaje.
El tiempo, parece, no pasa en vano. Cuando hace diez años finalmente veíamos las casi tres horas de El Código Da Vinci, las expectativas estaban en lo más alto del mainstream, aguardando por una película que trepara a los topes históricos de taquilla y que satisficiera a la novela que en ese momento estaba en boca de todos con las polémicas armadas del caso. Poco de eso pasó, el éxito llegó las primeras semanas, pero no se sostuvo y el resultado, a la distancia, nos habla de una de las más deficientes adaptaciones y “tanques” más vapuleados de los últimos tiempos. Con menos publicidad y expectativas, A&D fue mejor recibida y su resultado si bien distaba de ser perfecto, por lo menos, entretenía.
¿Qué esperar entonces de Inferno? Bueno, Akiva Glodsman quien escribió el primer guion y co-escribió el segundo, ya no está, continúa David Koepp, co-escritor de la primera secuela. Esto nos orientaría a cruzarnos con algo más similar a su antecesora directa, y sí, algo de eso, o mejor hay una mezcla de ambas.
Si algo hay que remarcarle tanto a A&D como a Inferno es la baja en la pretenciosidad respecto a CDV; ninguna de las dos, toma la postura de estar descubriendo una cierta revelación que cambiará la forma de ver las religiones de ahora en más; se entiende que es ficción y nada más. Pero sí se vuelve a los secretos ocultos dentro de las grandes obras artísticas, aunque de un modo algo diferente.

Esta vez Langdon (Tom Hanks más canoso y ya definitivamente sin esa cosa rara en el pelo) despierta imprevistamente en un hospital de Italia sin recordar cómo llegó hasta ahí, producto de un severo traumatismo de cráneo que le provocó amnesia parcial.
Lo asistirá la Dra. Sienna Brooks (Felicity Jones) quien no solo atiende en el hospital, sino que admira a Langdon y tuvo un encuentro con el siendo ella muy pequeña.
Pronto, el misterio de la trama comienza a desarrollarse; un grupo extremista comandado por un científico y ponente que recientemente se suicidó, Bertrand Zobrist (interpretado en flasbacks por Ben Foster) planea liberar una plaga letal para la humanidad para solucionar la sobre población mundial, causante de mucho de los males actuales. Todo siguiendo las ideas del Infierno del Dante.
Langdon es perseguido por oficiales estatales por poseer un dispositivo que puede ser clave para frenar al grupo, y más tarde se complicará más aún cuando se descubra que fue él quien robó una mascarilla del Dante del museo. Todos dats de los que actualmente no tiene recuerdos limpios, pero que lo ponen en peligro, por lo que necesitará de la ayuda de Sienna.

Siendo ya una tercera entrega, se puede decir que la historia sigue por carriles más o menos esperados. Langdon es una suerte de James Bond sin armas, pero con conocimientos sobre todo tipo de trivialidades. Si bien el esquema es el de resolver acertijos como en la primera en la primera parte, el ritmo termina siendo más dinámico y menos solemne, similar a la primera secuela; con el plus de poner al mundo en peligro.
Los inconvenientes vuelven a estar en los detalles. Habrá que hacer un gran esfuerzo para creer el mínimo verosímil que se nos propone. Langdon no es capaz de recordar la palabra café pero si su casilla de mail y contraseña, más todo tipo de datos más o menos irrelevantes sobre cualquier cosa que le pregunten (o no); como mínimo es una amnesia una tanto extraña. Hay problemas con los tiempos, con los viajes por todo Europa, y hasta muy notorios en la vestimenta de los personajes. Los diálogos, con una superficialidad abundante, no ayudan.
El argumento presenta giros demasiado anticipados, y hay que decir que laquímica entre Hanks y Jones no es de las mejores. El elenco, cosmopolita como siempre, pareciera actuar bajo reglamento, demasiado estructurado, lo cual le quita la gracia que estas películas necesitan.
ES la tercera vez que Ron Howard se ubica en lasilla de director en esta trilogía y la cosa está aceitado, sin esos extraños movimientos de cámara de la primera, con el suficiente vértigo, pero sin arriesgar demasiado, pareciera algo poco para el director de Rush.
Inferno se sabe tercera entrega, conoce a su público, y su público la conoce; quienes hayan disfrutado de las entregas anteriores, encontraran lo que fueron a buscar; quienes hayan tenido objeciones, aquí las encontraran algo magnificadas. Entretenida (aunque se agradecería que fuesen más cortas) y poco innovadoras, así es el mundo de Dan Brown y sus criaturas en el cine.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
Efectivo regreso al universo creado por la mente de Dan Brown. Con un aggiornamiento a los tiempos que corren “Inferno” (USA, 2016) arranca con una arrolladora escena de persecución pedestre en la que alguien huye de sus captores y termina tirándose al vacío desde lo alto de un campanario.
Así, el mismo equipo de “El código Da Vinci” y “Ángeles y Demonios”, Tom Hanks, Ron Howard, David Koepp y Hans Zimmer, trabajarán sobre el material de Brown, que en esta oportunidad recaerá sobre la cosmología imaginada por Dante Alighieri, y en particular su visión sobre el infierno.
Tras ese arranque vertiginoso, la acción se traslada a un hospital en donde el Dr. Robert Langdon (Hanks) tiene pesadillas horribles sobre tal vez una plaga o algo más. Internado, y con sólo la compañía de una joven doctora (Felicity Jones), Langdon no puede distinguir qué es realidad y qué no. Pero cuando en el hospital irrumpe una mujer policía, que en realidad quiere asesinar a quien vea que le impida el encuentro con el catedrático, Langdon es arrastrado por la doctora para salir del nosocomio y dirigirse a su casa.

Allí intentarán armar el panorama que los llevó a esa situación y comenzarán a dilucidar piezas claves, a partir de la incorporación del flashback como elemento principal del relato, para comprender el porqué de la carrera contra la muerte que deben enfrentar. Algunas revelaciones, como la del multimillonario que se suicidó para seguir adelante con sus convicciones, y el descubrimiento de la próxima propagación de un letal virus que, si en breve no logran descubrir ambos el siniestro plan que se esconde tras una imagen del infierno de Dante.
“Inferno” es un efectivo filme de suspenso internacional, cosmopolita, vertiginoso, que cae en muchos lugares comunes, pero que seguramente los ávidos lectores de Brown, y aquellos seguidores de la saga podrán disfrutar sin exigirle mucho más que eso, dos horas a puro entretenimiento.
Los escenarios escogidos, en esta oportunidad Italia, además potencian la idea de relato de conspiración internacional en la que el espionaje y el contra espionaje, posicionan la aventura de Langdon en un lugar tradicional y a la vez en una chatura narrativa.

El placer de género, seguramente, es aquello que posicionará al filme en un lugar de preferencia o no de los espectadores, porque no es por innovar que se destaca, si hasta en la música Zimmer decide apelar a la utilización de sintetizadores como en la tradición de filmes setentosos que potenciaban la trama de esa manera para generar intriga.
“Inferno” es un filme que no reinventa nada nuevo, sólo traspone un relato que de por sí, en la linealidad de aquello que cuenta, pudo convertirse en uno de los best sellers arrolladores de los últimos tiempos.
Acá Hanks hace lo que puede con su personaje, que en esta oportunidad corre, como en las entregas anteriores, pero que además debe lidiar con una supuesta infección que lo perturba, pero que en realidad, como se verá más adelante, eso también será parte de un siniestro plan por destruir al mundo.
