“Havenhurst” (La Resurreción del Mal): Sangre rentada

Otro exponente de terror se acumula en cartelera previendo la llegada de Halloween y el comienzo del Festival Buenos Aires Rojo Sangre. Tomando prestadas atmosferas de aquí y allá, y en un contexto bastante original; es el nuevo film de Andrew Erin, guionista y director de telefilms y directo a DVD, que salta a la gran pantalla con La Resurrección del Mal – genérico título para el más correcto Havenhurst -.
Julie Benz es Jackie, adicta en recuperación con un pasado tumultuoso. Luego de perderlo todo necesita un lugar donde vivir y lo hará rentando una habitación en la Residencia Havenhurst, especializada en personas con sus mismos problemas.
Hay una segunda intención en Jackie, ella decide averiguar qué pasó con su amiga de terapia Danielle (Danielle Harris que solo aparece en la secuencia pre títulos), vista por última vez en ese hotel; para eso, contrató a un investigador privado ex policía, que inicialmente no cree en sus teorías.
Havenhurst se presenta como esos lugares idílicos, de estructura antigua, gótica, pero regenteado por la amable Eleanor (Fionnulla Flanagan) ayudada por su hijo en los servicios de conserjería.

¿Qué puede salir mal? Todo, porque por supuesto, Eleanor no es tan amable, y hay otro habitante en el hotel que merodea los intramuros. Havenhurst es en realidad una trampa mortal, llena de pasadizos e instrumentos de tortura y muerte, de la cual si no se cumplen estrictas reglas de comportamiento – que incluyen comportamientos morales en la vida -, deberá abandonar el lugar, y terminar con su vida.
Jackie deberá descubrir la verdad de su amiga y su pareja, rescatar a la pequeña de la que se hizo amiga, y luchar contra sus propios fantasmas, todo para lograr escapar de ese macabro lugar.
Erin y Daniel Farrands, con quien co-escribió el guion, idearon una película que se mueve en los hilos del suspenso y se asoma al gore en determinadas escenas. Asociarla a la primera entrega de la saga El Juego del Miedo será inevitable.
Farrands es conocido por sus documentales de clásicos del género, en especial el famoso Never Sleep Again dedicado a Pesadilla en lo Profundo de la Noche. Quizás eso explique en cierta forma la atmosfera similar de La Resurrección del Mal respecto a otros títulos a los que les debe no tanto su argumento como su tratamiento.
El clima se maneja lentamente, aunque ya sabemos que Eleanor y los suyos son perversos; están los suficientes golpes de efecto, el hotel y su mecanismo es otro personaje aparte, y se crea una cierta tensión que luego pasará a una acción más directa. También se agradece que sus personajes escapen, un poco, al cliché del adolescente fervoroso y descerebrado.
No todo cierra tan bien, su mecanismo no es tan aceitado como el de Havenhurst, y es por eso que hay varios asuntos que quedarán en el debe o librados al azar. Por otro lado, un giro sorpresa sobre el final – quizás lago innecesariamente adelantado – reforzará esa idea original y terminará por cerrar un producto prolijo, interesado, que no revolucionará al género, pero ofrece poco menos de hora y media lo suficientemente entretenidos. Hay algo más, las puertas están abiertas para que esto continúe.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
“La resurrección del mal” (2016) de Andrew C. Erin es el claro ejemplo de cómo no hay que hacer las cosas, porque partiendo de una buena idea, un tópico clásico como el de las casas, o en este caso, edificio con secretos, se termina por construir un relato que apela a sorprender al espectador solamente en momentos en los que el volumen de la banda sonora sube de manera considerable.
El filme comienza con una mujer que escapa de algo en los pasillos de un viejo y siniestro edificio. No sabemos mucho de él y mucho menos de ella, quien luego de encontrar a su pareja asesinada en el baño trata de huir de alguien y termina siendo capturada en el ascensor por el agresor.
Rápidamente la película cambia el registro y nos muestra a una mujer (la extraordinaria Julie Benz, recordada por su rol de Rita Bennet en Dexter) agobiada por sus adicciones, acabando de salir de un centro de rehabilitación e ingresando a vivir al mismo departamento de la joven desaparecida.
Dato a tener en cuenta, la mujer es amiga de la otra que no aparece, por lo que la conexión entre ambas, muy a regañadientes, forzada, por decirlo de otra manera, intenta dar una cohesión y sentido a la historia desde ese lugar. El edificio posee ciertas reglas y Eleonor (Fionnula Flanagan), la encargada del mismo, será quien imparta las mismas a cada uno de los habitantes.
Ni bien llega Jackie (Benz),lo primero que asiste es cómo es echada una de las inquilinas por su mal comportamiento, y a continuación pasa a escuchar el sermón que Eleonor le indica, en el cual su destino terminará por ser sellado detrás de las paredes de su departamento.
“La resurrección del mal”, inexplicable título local, trabajará sobre dos puntos para crear el suspenso y la tensión, primero potenciará desde la prohibición una narrativa relacionada a la expectación del quiebre de reglas para compartir con el espectador su carácter omnipresente, y, por el otro, manejará la estructura edilicia a su gusto para trabajar, desde allí, un relato basado o inspirado en casas o edificios embrujados o malditos.
Así, entre la prohibición y la modificación constante de las paredes, Erin va construyendo de manera muy sutil su propuesta, la que, lamentablemente, comienza a tener muchos vacíos e incógnitas que no terminan por cerrar algunos puntos que abre. El principal inconveniente del filme son los diálogos, y también las actuaciones, que en el caso de dos experimentadas como Benz y Flanagan, sorprenden para mal por el equivocado registro que manejan durante todo el filme, y también, otro de los principales inconvenientes, es que en la idea del quiebre de reglas, que presupone además una mirada muy maniquea sobre el pecado, se intenta terminar de justificar aquello que la propia trama no termina por resolver.
“La resurrección del mal” partía de una idea interesante, un lugar en el que “pecadores” se alojan y al quebrar las reglas, son castigados, pero cuando la película intenta justificar otras cuestiones y, por ejemplo dejar de lado el terror para meterse de lleno en el policial, el cambio de género sobre la marcha termina por perjudicar la totalidad del relato, el que, al tampoco poder apoyarse en las actuaciones, termina por naufragar y dejar a la deriva a sus protagonistas.
