«Fragmentada»: Tres generaciones de mujeres en un pueblo patagónico
La ópera prima de Facundo Escudero Salinas es un thriller de manual y efectivo que cuenta con Jazmín Stuart como protagonista en el rol de una policía, una mujer llena de matices y sombras.

Irina es una mujer policía a la que acaban de sancionar en su trabajo. Su hija adolescente, al mismo tiempo, fue suspendida en su colegio. Cuando se entera de que su madre está enferma, viajan al Sur del país. Allí se reencuentra con un pasado del que no habla, con una madre con la que no se entiende, y un pueblo que le resulta hostil, a excepción de un par de personajes que se han mantenido fiel a la familia. Tres mujeres de una generación, cada una fuerte y con sus sombras, que chocan pero también se complementan y se ayudan.
El guion escrito por su director va sembrando huellas de esa historia pasada que marca el presente de Irina de manera inteligente y a fuego lento. Cuando la desaparición de una joven genera revuelo en el pueblo, Irina no puede evitar querer colaborar y su vida personal y la investigación conviven y se entrecruzan.
Como en todo policial, hay una serie de pistas que Irina va siguiendo. Las chicas desaparecen todo el tiempo en todos lugares pero acá la historia no se apoya especialmente en temáticas de género (como aquellas crónicas de Selva Almada en su libro «Chicas Muertas»); el feminismo aparece de otro modo, en la construcción de sus personajes femeninos.
En la trama policial de Fragmentada se plasman otras dos cuestiones: una más social y relacionada con los pueblos originarios y la otra más ecológica relacionada con la explotación petrolera. Además hay un villano que se revela en el último tramo, hay vueltas de tuercas y en este caso una resolución acorde al tono de la película, que se aleja de lo esperado. Con esas puntas se termina de construir una historia que siempre se intuye oscura, más allá de los pequeños momentos de reconciliación y entendimiento entre las mujeres de una misma familia pero de distinta generación.

Stuart interpreta a una mujer que a veces parece no poder con ninguno de sus roles: madre, hija, policía. Dura, de pocas palabras, algo impulsiva; la actriz crea una mujer llena de matices y cuya historia trágica y sus debilidades, o más bien sensibilidades, se van revelando a fuego lento, en gran parte con ayuda de los plots que van marcando el relato. Y sin embargo siempre es fuerte, siempre mantiene la cabeza firme y sigue adelante.
El resto del elenco está bien: Paula Tabachnik como la hija y Beatriz Spelzini como la madre, César Bordón como el padrino y además jefe de policía. Cada uno aprovecha sus momentos para delinear personajes igual de multidimensionales, con sus secretos y grises. El guion se desarrolla de modo inteligente, calculado. Se opta más por sugerir que por mostrar y eso termina de armar la idea del rompecabezas.
Desde lo técnico también estamos ante una película formal y cuidada, con planos prolijos y una ambientación austera que deja algunas dudas sobre el tiempo en que la historia se sucede: parece muy moderna en ciertos tratos pero los personajes utilizan teléfonos de líneas y agendas analógicas.
Al estar rodada en la Patagonia, no faltan los paisajes deslumbrantes que tiene nuestro país en el sur. El director aprovecha la belleza y frialdad de esas zonas que le sientan muy bien a la historia.
Fragmentada resulta en un buen y sórdido policial, quizás algo anticuado por momentos en su forma pero con la combinación perfecta de contemporaneidad en sus temas y modos de tratarlos. Entre la crítica social y el drama familiar, la película no consigue abordar todos los temas que quiere con la misma profundidad pero nunca pierde su ritmo ni interés, aún cuando todo luce áspero y frío. Jazmín Stuart en su rol protagónico logra lucirse, con un personaje lleno de capas al que interpreta de un modo contundente.
