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“Exodus: Gods & Kings” (Exodo: Dioses y Reyes): La modernización A.C.

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¿Cuantas veces se contara esta historia? ¿Qué aporta Sir. Ridley Scott con «Éxodo» al cine denominado «bíblico»?

Poco y nada, y esto es lamentable, porque con un cast encabezado por Christian Bale la propuesta bien podría haber sido otra y la estructura narrativa reforzada y reinventada para contar la historia de Moisés, su pueblo, la división de agua y la escritura de los diez mandamientos..

Scott se ciñe a las reglas de este tipo de cine, y excepto en las multitudinarias escenas en las que la confrontación entre bandos apela a la utilización de imágenes generadas por computadora no hay otro aditamento para que «Éxodo» pueda trascender.

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Cuando hace unos meses Darren Aranofsky construía su versión del diluvio universal en «Noé», con la utilización de la repetición como recurso estilístico y narrativo, muchos alzaron la voz en contra del film principalmente porque lo tildaban de blasfemo.

Pero justamente en ese filme lo interesante era la particular mirada del director para algo que ya se había narrando de diferente manera y en diferentes soportes, algo que Scott no puede comprender y avanzar en este punto.

La trama se presenta y va sucediendo en la pantalla como un manual de catecismo sin aportar, más que académicamente, una reflexión. Y si bien los efectos dotan de verosimil a alguna que otra escena, tampoco alcanzan para despertar interés en una historia extensa por demás.

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«Éxodo», aburre y posee mesetas de las que no puede levantar y excepto por la utilización del 3D, que dota de un realismo increíble a la acción, y la escena magnánima de la separación de aguas, nada hacía suponer tamaño fiasco.

«Éxodo” trabaja sobre Moisés y descarga todo el peso de la historia en la actuación de Bale, abatido por la culpa y el sentimiento inexpugnable de la distancia con su pueblo, y salvo este punto y el anterior, nada nada hace suponer que se trate de un filme producido en el siglo XXI, todo lo contrario.

Scott aporta una visión periférica y una habilidad para las imágenes de los enfrentamientos entre los bandos opuestos, pero sacando esto nada hará trascender al filme de su chata y vaga propuesta.

Anexo de Crítica por Fernando Sandro

Un relato épico llevado al cine repetidas veces, un director con probada experiencia en relatos de épocas anteriores a la modernidad, un elenco de primeras figuras, y un presupuesto acorde a semejante circunstancias; esto conforma Éxodo, nuevo opus del fluctuante Ridley Scott. Como se adivina desde el título, no es más ni menos que una adaptación del Éxodo del Pueblo Judio.

La historia de cómo Moises reveló a los suyos frente a la esclavitud a la que fueron sometidos por el Faraón Ramses y ya desde antes, desatando las siete plagas y llevándolos a vagar por el desierto. Pero Scott y su equipo tienen su visón de las cosas. Éxodo podría dividirse en dos partes, con una duración que alcanza las dos horas y media, asistiremos ya de entrada a un Moises adulto, general de los egipcios, en quien el Faraón confía más que en su propio hijo de sangre, Ramses; más aún cuando el primero salva al segundo de una muerte inminente en plena batalla… pero la ambición de Ramses es grande, así como también de quienes lo rodean.

Efectivamente, la intención pareciera la de llevar Gladiador al período egipcio, las similitudes son varias, sobre todo cuando ya sabemos cómo continúa la historia. En una de sus diligencias, a Moises se le revelan sus orígenes, él pertenece al pueblo judío, aquel que es esclavizado desde hace añares por los egipcios para que construya sus monumentos y haga todo tipo de tareas inhumanas sin la menor recompensa.

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Más tarde, frente a la traición de Ramses que le erigirá como Faraón, Moises será desterrado y ante una revelación divina pasará a defender a su pueblo frente a la tiranía. Aquí comienza la segunda etapa del relato, que contendrá mayores elementos bíblicos, y un despliegue de efectos digitales para mostrar las enormes plagas. Claramente esta segunda parte funciona mejor que el inicio aún sin ser perfecta.

Durante la primera mitad, Éxodo demuestra varios baches narrativos y hasta algunos personajes que no tienen el desarrollo necesario y simplemente desaparecen de la escena; lo cual es más llamativo ya que distan de ser personajes secundarios y son interpretados por actores de fuste como Sigourney Weaver, John Turturro, y hasta el propio Ben Kingsley en el rol que le revela su origen a Moises. Hay tramos conocidos de la historia que aquí se ausentan, se omite la niñez de Moises, cómo él es enviado por su familia en un moises por el Nilo y es rescatado por la familia del Faraón que lo cuidará como un hijo sin ser tal; todo esta cuestión de la relación entre Moises y Ramses no tiene el peso suficiente y se reduce a anécdotas que bien podrían haber sido suprimidas del todo.

Esto hace que el ritmo se fragmente y sea más lento de lo debido; todo lo contrario con lo que vendrá. Una vez que a Moises le sea revelado su destino, en una catarata de CGI que llega a empelagar veremos ranas, lluvia, langostas, océanos, y hasta pescados digitales; y a la par, todo comienza a suceder de manera mucho más rápida. Probablemente se trate de asuntos de montaje (lo cual se revelaría, como es usual, en los típicos cortes extendidos de director), pero entre uno y otro, Éxodo no fluye como debería.

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Inmortalizado por las versiones de Cecil B. DeMille y hasta la versión animada de 1998, esta narración siempre se caracterizó por una fuerte épica, asunto que aquí pareciera faltar por momentos; Moises y Ramses no tienen el peso antogónico suficiente y hay más importancia en lo que padecen los egipcios por obra divina (las plagas) que en las acciones de liberación de Moises. Christian Bale es un Moises a lo Christian Bale, ya se sabe, rostro pétreo, voz carrasposa, pocos gestos y adustos; hay más rudeza que carisma, aún en su etapa anciana.

Joel Edgerton como Ramses muestra ser pérfido con un permanente gesto de oler feo. Ambos actores cumplen con su roles de modo correcto sin necesidad de destacarse. La puesta en escena, si bien en menor medida de lo visto en Gladiador, le imprime cierto aire de modernidad solapada al relato. Todo es enorme, grandilocuente, y desde la fotografía, muy dorado. En un año en el que se vieron varias películas cristianas evangélicas,»Éxodo» termina el período con un relato de exaltación del pueblo judío.

Es una película correcta, dispuesta al pochoclo y la gaseosa, en donde la extensa duración pasa rápido; pero lejos está de ser una película inmortal, eterna. Un buen tanque de fin de año, ni más ni menos.

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