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“Este edificio es inseparable de la ciudad y poder estrenar la película cierra un ciclo muy importante en mi relación con Buenos Aires”. Daniel Espinoza García director de “Las Aspas del molino”.

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Un director chileno es el encargado de traer nuevamente a la agenda mediática la problemática relacionada con el edificio y confitería Del Molino. Daniel Espinoza García desde su experiencia como habitante construye un filme revelador sobre no sólo la problemática del lugar, sino, principalmente, sobre la crisis habitacional. En exclusiva dialogamos con el director frente al estreno de “Las Aspas del Molino” en el Gaumont, a pocos metros de su objeto de estudio.

¿Por qué contar la historia del edificio?

Cuando llegué a vivir al molino, estaba hace tres o cuatro meses a Buenos Aires y no tenía idea de qué lugar era ese. Tenía un amigo chileno que vivía ahí y que estaba super entusiasmado con el lugar, pero no entendía bien por qué. Me parecía que por fuera era llamativo, con la hélice esa y tal, pero adentro estaba bien a mal traer y lo que me interesaba era que me alquilaran uno de los departamentos, y sentía que tenía alguna ventaja porque no creía que alguien más quisiera vivir en ese lugar tan maltratado. Con el tiempo me di cuenta que ahí había una tremenda historia y que el edificio no era como cualquier otro.

¿Cuánto te ayudó haber vivido en él?

Jamás se me hubiese ocurrido hacer una película de ese lugar si no hubiese vivido ahí, sobre todo porque es muy difícil conseguir información novedosa acerca de la historia del edificio y de cómo llegó a estar en esas condiciones. Los dueños, que son los únicos que saben, son herméticos respecto al tema. De hecho, no creo que en la película se aclaren muchas dudas acerca de la «historia» de edificio, ni tampoco es un trabajo biográfico, sino más bien algunas historias que reparan un poco en el absurdo de que semejante obra de arte esté tan abandonada.

Además de la temática de la confitería hay un trasfondo que denuncia una problemática sobre la vivienda y las garantías y la resistencia en los espacios, ¿cómo llegaste a ese punto?

Creo que cualquiera que viene a vivir a Capital desde afuera (inclusive desde otras provincia argentinas), pasa por la problemática de tratar de alquilar un lugar para vivir. No es fácil para nadie, ya que si no tienes la famosa garantía tienes que alquilar mediante opciones que terminan en tratos raros. Sobre todo si eres estudiante, y no entiendes NADA. Con el Molino era tan trucho todo el tema de contrato de alquiler que cuando quisieron echar a la gente que quedó viviendo ahí, nadie tenía ni miedo ni vergüenza de ocupar el lugar, porque a ellos los estaban estafando desde antes. Entonces, haces la ecuación «me quedo sin casa», más «el contrato de alquiler es trucho», más «nunca me arreglaron ni el ascensor ni nada del edifico y me hacen pagar por adelantado y hasta expensas», y el resultado es obvio: resistencia a irse, mediante la ocupación.

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Luego de plasmar en imágenes, según vos, ¿cuál es el problema del edificio y confitería el molino y por qué se llegó al punto de la casi ruina del mismo?

Yo creo que lo que pasa ahí es que el dueño especula; si pone la plata para arreglarlo, se lo expropian y pierde todo. Por otro lado, ni Nación ni Ciudad querían expropiarlo porque había que poner tanta plata que no era negocio. Entonces el edificio queda en un limbo de especulación. Al que más le conviene es al dueño, porque la propiedad aumenta el precio. Esa familia tiene negocios en el rubro del agro, así que no tienen necesidad de dinero inmediato. Lo dejan estar y hacen plata igual, simplemente por el hecho de dejar pasar el tiempo.

¿Cómo seleccionaste a los entrevistados?

Casi todos eran o son actualmente inquilinos de los departamentos. Después hay un par de autoridades a las que les pedimos que nos contaran los proyectos de expropiación y las razones de cómo podía llegar a estar así semejante obra de arte. Pero de esas autoridades hay pocas porque casi nadie nos prestó atención. Nadie quería hablar del tema. Además sumé las entrevistas a Esteban Ierardo, que para mí es un genio absoluto, y la del gran arquitecto Rodolfo Livingston, otro de esos genios que a veces se apiadan de un simple mortal como yo y me bendicen con una de sus entrevistas.

¿Seguís el tema de cerca?

Hace unas semanas nuevamente fue noticia por el avance de la expropiación… Supe que se aprobó una Ley en Diputados para nacionalizar al edificio. Pareciera ser que ahora se viene en serio. Yo alcancé a ver tres proyectos de expropiación y ninguno dio frutos. Ojalá que este sea el proyecto que salve al edificio. Yo nunca pude conocer a la confitería funcionando, ya que cuando llegué a la ciudad ya llevaba nueve años cerrada. A menudo sueño que me tomo un café ahí adentro. Quizás ese sueño esté cerca de hacerse realidad.

¿Cómo te sentiste al ver las imágenes de la confitería que obtuviste clandestinamente y el estado en el que está?

Ese espacio para mi es una especie de obsesión, ya que es el único lugar a donde no pude entrar nunca. Además no hay mucho material fotográfico ni fílmico de ahí adentro, a excepción del video clip de Madonna y de un par de fotos de algunos eventos familiares, en donde nunca se ven los espacios de la confitería, ya que obviamente cuando se sacaron la foto la idea era que se vieran los personajes, no el salón completo. Cuando aparecieron esas imágenes para mí fue como si me mostraran una foto de un marciano real. Fue realmente fuerte. Me imagino que para los que conocieron ese lugar funcionando, y sobre todo para quienes guardan algún recuerdo preciado de ese lugar, como un casamiento o cumpleaños, debe ser muy triste.

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¿Cuáles son tus expectativas frente al estreno y en un lugar tan cerca a tu proyecto?

Yo siento que con el hecho de estrenar esta película puedo contribuir, aunque sea muy poquito, con volver a poner el tema en discusión y que el proceso de puesta en valor del edificio vaya sumando voces. Y además tener el honor de estrenar la película tan cerca del molino es un lujo. Para mí eso es suficiente. Siento que nunca dejé ese lugar, aun cuando me mudé en el 2007, porque siempre quedaron amigos y siempre estuve volviendo, sobre todo cuando me decidí a hacer la película. Ese edificio para mi es inseparable de la ciudad de Buenos Aires que me tocó vivir, y poder estrenar la película cierra un ciclo muy importante en mi relación con esta ciudad. Creo que eso ya cubre todas mis expectativas.

¿Cuánto tiempo te llevó el armado, investigación y desarrollo del filme?

Me llevó como cinco años. Las primeras imágenes las grabé en el 2007 sin pensar en usarlas en un documental. Después presentamos el proyecto al INCAA con los chicos de Estudio SIGIL como en el 2010, y entre que salió aprobado y empezamos a grabar nos dio el 2011, terminamos de grabar a fines del 2012 y recién terminamos el corte final. Fue un proceso largo porque lo fuimos haciendo entremedio de todas las otras cosas que cada uno tiene que hacer, sobre todo los otros trabajos.

¿Estás trabajando en algo actualmente?

A fines de 2013 volví a Chile y vuelvo a Buenos Aires cada tanto. Fuimos padres con mi pareja y el nuevo integrante de la familia da bastante trabajo. Yo soy independiente (o freelance como se le dice ahora), en el rubro audiovisual y tengo trabajo de vez en cuando. Además estoy trabajando en un proyecto de una revista digital de interés documental que busca vincular el oficio de realizadores audiovisuales con otros oficios novedosos. Es básicamente una revista de notas audiovisuales cuya base son cortos documentales. Lo ideal sería que se arme un puente de trabajo Buenos Aires/Santiago de Chile. Vamos a ver qué pasa…

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