Entrevista Tomás Lipgot “Nunca se vio de manera tan intima y con una mirada estética el mundo gitano”.

«Vergüenza y Respeto» (Argentina, 2015), un documental sobre el mundo gitano cuenta con la mirada particular de su director Tomás Lipgot, quien ya ha sorprendido con sus anteriores filmes.
El documental reposa la cámara en la familia Campos, un clan gitano del Gran Buenos Aires en el que la vida moderna se enfrenta con los mandatos culturales ancestrales.
Espectador Web pudo dialogar con el realizador antes del estreno del filme para conocer más de su mirada sobre las tradiciones gitanas y la difícil tarea que tuvo para lograr una empatía total con el clan.
¿Cómo conociste o llegaste a la familia Campos?
Fue un largo recorrido, porque cuando decidí hacer este filme estaba en el exterior filmando y en el pabellón gitano de Auschwitz se me ocurrió hacer algo con el tema. Al tiempo volví, me contacté con instituciones gitanas, y fue un largo tiempo hasta lograr la confianza, que no es sencillo, y me presentaron a la familia Campos y yo me aluciné porque vi que tenía a todos los personajes.
¿Cuánto duró el rodaje?
No fue mucho, aunque lo parezca, fueron 13 o 14 jornadas, pero super efectivas, sobre todo porque teníamos un presupuesto chico, investigamos, montamos, filmamos y volvíamos a filmar lo que nos faltaba, fue muy preciso.
¿Cómo fue el proceso para ganarte la confianza de ellos?
La mitad del filme es lo que no se ve, o sí, y es el hecho de haberme metido en su casa, pero cuando entendieron lo que quería hacer y vieron que era serio pactamos algunas cosas. Cuando se abrieron las puertas se abrieron.

¿Qué querías transmitir sobre la identidad gitana y lo lograste y qué no?
No sé si tenía en claro qué, si quería en términos generales hablar de su mundo, de esta familia, no abarcar la historia del mundo gitano, fue más modesta la pretensión. Afuera quedaron algunas cosas, que en realidad se consensuaron, yo hablé con ellos y no quería dejarlos mal parados o cargarlos de mala fama, por eso convenimos cortes en el montaje y algo se quedó afuera, era algo íntimo de celebraciones y rituales que estaban dichas y que no hacía falta mostrarlas.
¿Hablás de la prueba de virginidad en el casamiento?
Sí, y yo no tenía ganas de mostrarlo, en una primera versión había un plano del vestido o pañuelo que ellos llaman y lo había puesto y no estaba muy convencido así que lo saqué.
Hay una escena reveladora en la que se habla de la diferencia de la cultura gitana en el siglo XXI, ¿esa confrontación continuó fuera de cámara?
No, pero eso es clave, porque el documental no tiene un gran conflicto, está más en qué le pasa al espectador con esto. Dentro de lo que pude ver el más fuerte es la escisión entre la costumbre y el mundo moderno que avanza.
¿La tensión sobre este punto es real?
Si, es así, hay un recelo muy grande con el mundo gitano y del exterior, que proviene de su propia historia, y el mundo para ellos es una amenaza y la preservación de ellos tiene que ver con el retraimiento para sobrevivir como especie.
En tus películas logras siempre un acercamiento increíble, ¿tenés alguna técnica?
No tengo algo esquematizado, pero si hay una instancia previa al rodaje, porque cuando filmo estoy más abierto, la clave es esa, en la confianza y el compromiso, los vínculos que logro más allá de la película es algo extra cinematográfico y que se traduce en la pantalla.

¿Hubo sesgos o te reclamaron algo luego de ver el filme?
Ellos la vieron en el BAFICI y los cortes los negocié con el más grande de los Campos, el patriarca, el Pirri, lloraban cuando la vieron, emocionados, yo tampoco quise mostrarles antes mucho porque el corte era mío. En el estreno estuvieron todos y fue maravilloso.
Hay algunas imágenes de archivo para, principalmente reflejar la relación que los gitanos tienen con la música, ¿cómo fue el trabajo para conseguirlas?
Viajé a Washington al Museo del Holocausto y la Fundación de Steven Spielberg, que apoyó la película, tiene imágenes que compró y las donó y ahí encontré eso, también acá en Buenos Aires apareció algo, y me topé con la imagen del gitanito que baila en blanco y negro de Andalucía y fueron imágenes muy deseadas y esperadas.
¿Cómo fue filmar cuando la música explotaba en la casa?
Todas mis películas tienen que ver con la música porque es una fascinación personal que tengo y acá encontré una manera de hacer música increíble, porque el ritmo lo llevan en la sangre. Hace poco vi un show comercial en el Abasto y me di cuenta la diferencia con ellos y eso que nadie es músico, lo llevan en la sangre. Sobre la energía que tenían vino muy bien la consigna que les di de que actuaran naturalmente, esto principalmente en sus rutinas, para poder mostrarlos naturalmente.

¿Hubo algo que ellos te pidieron incluir de su idiosincrasia?
Fue un poco todo así, ellos me mostraron lo que quisieron, para mi montaron algo, y me parece bien que así sea.
¿Cuáles son tus expectativas ante el estreno comercial? ¿Por qué la gente tiene que verla?
Porque tiene algo relacionado con la curiosidad previa sobre el tema y que hasta ahora nunca se vio de manera tan intima con una mirada estética. Mis expectativas son las que siempre tengo, estreno en salas comerciales y hay que cumplir con una media, no va a explotar la taquilla pero «Vergüenza y Respeto» entrará en la lógica de los cines.
¿Seguís en contacto con la familia Campos?
Si, creo que van a ir al preestreno más allá que ya la vieron en BAFICI, ellos están muy contentos.
