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Entrevista a Javier Rebollo: “Sería inconcebible para mí ‘El muerto y ser feliz’ sin Pepe”

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Un filme diferente es “El muerto y ser feliz”, no sólo por la complejidad del personaje interpretado por José Sacristán, sino por la inclusión de un narrador que adelanta o duplica la acción. En esta exclusiva entrevista para Espectador Web, Javier Rebollo nos cuenta la tarea de dirigirla y cómo fue el proceso creativo de la misma.

¿Cómo seleccionaste/investigaste sobre los lugares del país que ibas a mostrar?

En un apasionante «dejarme ir», entre la intuición y el cálculo, y escuchar a Salvador Roselli y mis compañeros de viaje, haciendo kilómetros, con mapas y sin mapas a lo largo de veinticinco sucesivos viajes, durante la escritura primero y la preparación después. Es una arte saber perderse, decía Barthes. El cuento, es que no sé manejar. Es una película muy a la deriva, esa fue la mía en carretera, sin planes.

¿Siempre pensaste en José Sacristán como protagonista?

Sí. Pero muy al principio, cuando la historia la imaginaba, aún sin escritura, pensé en cómo sería entre París y Marsella, y entonces era Peter Coyote. En cuanto se descartó Francia por las distancias apareció adherido a Argentina, siempre, Pepe Sacristán. Sería inconcebible para mí “El muerto y ser feliz” sin Pepe, no hubiera hecho la película sin él, o sí.

¿Cuánto tiempo llevó la escritura del guión?

Hasta el último día de las mezclas el guión crece y muta, no lo sé. Al principio se garabatea mucho, los inversores y ministerios necesitan algo, un «simulacro de guión», no somos los cinesatas quienes necesitamos guiones o, al menos, lo que tradicionalmente se entiende por guión. Digamos que no lo sé. ¿Cuánto duró el rodaje? Seis semanas en carretera y una en la feliz Buenos Aires, pero hubo que repetir la primera semana entera por problemas con el material que, luego, cubrió el seguro.

Por momentos el narrador miente sobre lo que vemos (ej parador de ruta vacío y dicen que está lleno) ¿por qué decidiste que sea así?

Está vacío y lleno, fantasmal, lleno de presencias de lo que fue. No miente la voz en off, amplia el sentido y multiplica los tiempos en un espacio, está el tiempo pasado contenido en el presente y en el futuro. A medida que avanzan en el viaje Erika y Santos se van conectando consigo mismo más que con los demás, ¿no tendría que ser al revés? Podría ser, pero no tiene por qué. Cada vez creo más en la inoperancia de los juicios de valor, hay que escoger un camino, como Santos en aquel cruce de carretera, podría haber cogido otro, pero se escoge uno, y siempre es malo, …debemos intentar que sea el menos malo posible, decía Beckett.

¿La obsesión de Santos por las tetas está relacionada con la falta de afecto por su profesión?

No, está relacionado con la obsesión de su director, dos obsesiones; fue amamantado hasta muy mayor y quedó colgado en esta fase oral un día en que fue expulsado por su padre del lecho conyugal. Son bonitas las tetas, y los cuerpos, no hay nada más hermoso que un cuerpo, por arrugado y viejo que sea. Cuando Erika se entera de la profesión de Santos no decide alejarse de él, ¿por qué? Es un oficio como otro cualquiera; se entera con dolor y sorpresa en esa secuencia alucinada y Tucumán, pero el afecto es mayor, ni juzga Érika ni juzgo.

¿Por qué no pudo Santos terminar su último trabajo?

Le falló la pistola, primero, contagiada de sus tumores terminales, luego apuntó mal Santos, probablemente turbado por las tetas de la chica con el vino de San José de Chacochulla, que tanto me turba. Por lo demás, no termina su último trabajo para que la película pueda arrancar y esa sombra de thriller planea en forma de Jorge Jelinneck y su presencia fantasmática y miope durante toda la película y viaje.

¿Cómo fue filmar producido por fondos de tres países?

Es algo natural y orgánico -siempre he coproducido con Francia, con el mismo productor, Jérôme Vidal- y también dramático y lógico por la naturaleza de la película y sus personajes, de aquí y allá. ¿Cómo fue el estreno del filme en España y Uruguay? Aún no se ha estrenado en Uruguay comercialmente. En España Santiago Segura, después de verla, me dijo que quería hacer un Torrente contra Santos, pero solo lo acepto si la dirijo yo, me parece un actor y emparejamiento extraordinarios.

¿Cuáles son tus expectativas ante el estreno en Argentina?

Ninguna. Me voy a echar un fernet con pepsi-cola, y qué beba Santos.

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