Entrevista: Santiago Palavecino «Quiero que la gente se pelee con la película y no con los apellidos ni con los nombres propios».

Cuarto largometraje de Santiago Palavecino, segundo que estrena en el año, “Hija Única”, protagonizada por Juan Barberini, Esmeralda Mitre y Ailín Salas, entre otros, profundiza sobre la soledad de personajes varados en medio de sus dolores y de un pasado que no los deja avanzar.

Días antes del estreno del filme EspectadorWeb dialogó con Palavecino para conocer más del proceso del rodaje, sus impresiones sobre el cine actual y cómo logró impecables actuaciones en sus protagonistas.

Tus películas buscan un espectador atento ¿por qué?

En primer lugar yo no sé si es lo que trato, o algo que haga voluntariamente, y a la hora de hacer un filme hay tantos problemas que no sé si lo pensás, y yo voy a aprender, a aprender trabajando,  porque acá nadie es director hasta que no dirige, es mentira que se aprende en la escuela de cine, voy a aprender cosas nuevos y eso me genera estar atento todo el tiempo produciendo una cosa complementaria para el espectador, atento o no, y todo es más disfrutable si uno está abierto para sorprenderse, porque la vida cotidiana no lo permite, no por hacerse el revolucionario, me parece que la respuesta está en la combinación cuanto me importa el cine y cuánto le importa al espectador.

Pero eso no es fácil…

En el cine argentino hay muchos de mis colegas a los que no les gusta el cine y otros a los que les encanta, yo hablo con varios y tengo discusiones apasionadas de cine, mi equipo es cinéfilo rabioso, y no hay nada mejor que rodearte de gente sensiblemente más inteligente que vos así aprendés.

¿Es más complicado entretener a los espectadores hoy?

No es casualidad que mis películas gusten a los jóvenes y a los críticos abiertos a ideas nuevas, y me parece que en general es difícil encontrar textos de mis películas en los que no se me compare con David Lynch o David Cronenberg, y es cierto que me gustan, pero me parece que ambos piden estar atentos pero no intelectualmente, del mismo modo que uno transita internet, cierta música experimental o la poesía dispuesto a ver qué viene después, y eso no se entiende de una manera experimental o con un silogismo, jamás haría una película de algo que yo ya sé, a la gente le faltan experiencias y eso busca el espectador, si volvemos a tratar de reflejar eso estaría ok.

En “Hija Única” tocás varios temas de manera diferente a como venía haciéndolo el cine argentino, ¿cómo fue pensar esto y buscarle una vuelta?

Casi es una obligación nuestra, soy argentino y mucho de ese tema tenía que ver conmigo, es un homenaje a Harldo Conti, no por épica, sino porque es muy cercano a mi familia, muy entrañable, y por otra parte hacer películas de la misma manera para qué, con Fernando Manero nos preguntábamos qué aspectos de la problemática de los derechos humanos, la tecnología y el futuro de la nación, porque teníamos la idea que se venía algo nuevo, tomamos tres momentos diferentes (92, 2005 y 2017) de las organizaciones, uno sin visibilidad, otro bien establecido y otro pensando qué siguen haciendo, y resulto que lo que pensamos, es lo que las abuelas estaban pensando, relacionado a la genética, y es bastante desafiante que una vez reparado el dolor las organizaciones aquí y afuera piensan cómo seguir, el eje que atravesaba todo esto, que son temas que me obsesionan, eran la memoria y la identidad, qué es uno, lo que sueña, si sobrevive, y qué pasa cuando esa persona sobrevive tres terremotos sucesivos, primero no es él, luego queda solo porque nadie banca la situación y el mismo termina haciendo un autoexilio perdiéndose en una crisis de identidad del amor y luego el duelo, y luego la paternidad, y hay un momento en el que todo se mezcla, con los deseos, y lo oculto, era ambicioso, lo sé.

Una de las protagonistas, Esmeralda Mitre, posee una particularidad relacionada justamente a aquellos puntos que se muestran en la película, ¿cómo surge su participación?, ¿hablaron sobre esto?

Yo la conozco hace mucho y hablamos sobre todo. No es indiferente que la haya llamado, la conocí hace años haciendo Beckett y si bien hubo otras oportunidades esta me pareció la más afortunada, porque además era la más políticamente incorrecta, que para mí era un acierto de casting, porque ella es verdaderamente Esmeralda Mitre, aunque en la ficción no es ella, fue como incorporar otra capa de significado, además acá no se hace casting, porque no hay posibilidad de enfrentar una legión de actores para un papel, me parece que es más importante juntar personas, una de las gracias, como acá que si bien es importante la técnica, me importa más juntar personas que antes no se habían unido, porque no hay muchos motivos para hacer cine en Argentina, poner en relación cosas que nunca habían estado antes unidas, y en esta película se nota bastante, si juntás al comienzo Cenicienta, que es copiado todo el tiempo por Hollywood, La Flauta Mágica, y si hacés un hilo de los temas ahí está todo. Una de las primeras prosas de occidentes empieza relacionando las guerras, los conflictos humanos y el secuestro de personas, y con Fernando reflexionamos sobre esto, y no sólo desde la reflexión sobre la dictadura, el personaje de Susana Pampín se lleva a la nieta porque cree ver a la hija resucitada, por ejemplo.

El trío protagónico es notable, con un tono justo, ¿cómo fue el trabajo con ellos?

Muy buena parte de mi trabajo es lograr esa química, sin imponerles cosas. Fue muy difícil, porque entiendo, en el rodaje soy inflexible, que mi modo es muy difícil para ellos, no apunta sólo a la calidad interpretativa sino a encontrar verdad, y cuando aparece al otro día aspiro más, y ni ellos saben eso. Este rodaje, además, que fue más complejo que lo que había previsto, fue difícil, y también luego para ellos fue aún más difícil, porque es difícil ver una mala actuación, pero aún más complicado es ver una actuación excelente, de una manera no prevista para nada en absoluto, es muy shockeante.

Porque justamente esa es la verdad, Ailin Salas y Esmeralda Mitre poseen una verdad inobjetable…

Claro.

Y también en lo que no dicen…

Si, el nivel de inspiración que alcanzaron fue increíble. Y casi ni hablan, al final del rodaje habían entendido todo, y estaban sufriendo.

¿Cuánto duró el rodaje?

25 días.

Fue hace mucho?

Hace casi exactamente un año.

¿Y la post? ¿Fue complicada?

Hay una cuestión que el rodaje es una parte fundamental en la que hay que dejar sangre sudor y làgrimas porque te corre el tiempo, pero luego hay una cosa más industrial en la que empezás a trabajar y la clave es no descansar, el trabajo de color con Fernando López fue complicado, pero yo tengo un dream team, por ejemplo me ayudó Pepe Estrada, con el hicimos la música, y no nos juntamos antes, y hablamos y le dije que yo iba a grabar largo, sin cortes, pero para que deje sólo los momentos intensos, y si logras combinar eso con “Cenicienta” yo sería muy feliz.

¿Cuáles son tus expectativas?

Para mí sería tristísimo que por portación de apellido decida el significado de la película, no tiene nada que ver con eso y sí, pero para que todos pensemos otra vez, y yo no tengo la conclusión, pero me parce que la película moviliza mucho, ya con “Algunas Chicas” recibimos una devolución muy interesante y acá interviene la política de manera más o menos explícita, y tiene que ver con la actriz, es como cuando Goddard llamó a Alain Delon por sus películas, no por él, yo quiero que la gente se pelee con la película y no con los apellidos ni con los nombres propios.

Es que si no se van a perder la verdad de Esmeralda Mitre como actriz, y del resto del equipo…

Si no entraba en crisis la identidad de los actores, en una película sobre la identidad, nada tendría sentido, si la película tiene un merito mío es que la película te obliga a prescindir del prejuicio para regalarte un momento para repreguntarte muchas cosas, cualquier interrogación sobre el lugar común es interesante. Con Fernando y Pepe nos preguntábamos sobre esto, por ejemplo el amor perdido, el doble, lo más arquetípico lo filmamos diferente, como por ejemplo en la escena de la muerte, tiene una anomalía, en el cine la víctima sobreviviente alguien se acerca y lo consuela, acá no, el protagonista se queda solo, y nadie se le acerca, creo que filme la cosa más terrible del mundo sin darme cuenta. Es un grado de soledad tremenda, te quedas solo como antes y para siempre.

El personaje es así todo el filme, sólo en el idilio lo vemos brillante, siempre es solitario…

No podía ser otra cosa y Juan entendió que tenía que interpretar a ese personaje abandonándose.

 

 

 

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