Entrevista: Fernando León de Aranoa “Las historias deben pensarse no en el momento que se hacen sino en el momento que se ven”.

Fernando León de Aranoa llegó a la Argentina invitado por Espanoramas 2016 para presentar su filme “Un día perfecto” (2015), protagonizado por Tim Robbins y Benicio Del Toro, una muestra del trabajo humanitario en zona de conflicto bélico y las diarias luchas a las que deben enfrentarse.
Adaptando la novela “Dejarse Llover” de Paula Farías, León de Aranoa construye un relato coral en donde convergen los miedos de los recién llegados, la experiencia de aquellos que hace tiempo trabajan en la zona y, en esencia, la humanidad que brota en los momentos más complicados.
Sobre el filme, el proceso de adaptación de la novela, el trabajo con un cast internacional y otros puntos EspectadorWeb tuvo un diálogo exclusivo con el realizador, quien sueña, en algún momento, dirigir a Ricardo Darín.
¿Cómo fue adaptar la novela de Paula?
Para mí fue la primera vez de adaptar un trabajo ajeno y el primer paso fue reconocerme en el, su forma de contar, la historia que cuenta y cómo lo hace, la forma de entender las cosas creo que es fundamental, para luego hacer un proceso contrario, usarlo como material de partida, y creo que es importante cuando adaptas trabajar con creatividad y que no solamente uses lo mejor del libro, sino que la novela sea sugerente y que te lleve a nuevos lugares, no un trabajo mecánico de adaptación, así lo he hecho. Había si un trabajo sobre la voz del personaje, más reflexiva, que había que transformarla en acción y que llegara al mismo sitio. La primera decisión hubo que estirar un poco más la idea de la cuerda hasta el infinito, y esa búsqueda se transformó en la metáfora central del filme, una historia sobre el absurdo, de cosas que en apariencia son sencillas y fáciles pero que dejan de serlo por la irracionalidad, y la tremenda confusión, caos y absurdo que hay en la zona de guerra, de manera que sentí que la película y el guión encontraban su raíz y sus propias situaciones.

¿Tu conexión con el libro viene de tu anterior trabajo en Invisibles?
Están totalmente conectados y eso se dio natural. Yo durante años he hecho ese tipo de documentales, de hecho estuve en Bosnia un tiempo antes del momento relatado del filme, e incluso estuve con Paula allí, ella nos acercó la propuesta. Rodando en Uganda uno de estos filmes otro trabajador humanitario, un poco el Mambrú de allí, me cuenta la novela y me seduce por las lógicas de guerra y rutinas que no podemos imaginar en nuestras vidas. La convivencia entre la brutalidad y la rutina me atrajo, y luego si es cierto que al desarrollar la historia fue muy útil haber estado en otros lugares y con otra gente porque pude volcar mi percepción sobre ellos, con el peligro siempre latente pero a la vez con el espíritu gamberro, punkie y farwest, sin reglas. Esa parte de hacer documentales fue importante para mí y el corto de “Invisibles” fue el punto de encuentro de todo, de mi experiencia con ellos, la novela de Paula, todo se cristalizó en ese lugar.
¿Fue difícil trabajar con un cast proveniente de diferentes lugares? ¿Cómo fue el ensamblaje?
El tema de las diferentes nacionalidades también hace honor a la realidad, porque los equipos de las ong’s que trabajan en zonas de guerra suelen ser así, son un poco como Babel, y quería que en la película haya un poco una pequeña torre de Babel que mostrara las diferencias de culturas y cómo esto afecta al trabajo. El ensamblaje tuvo la dificultad de todas las películas corales, en mi primera “Familia” me pasó y cuando le conté a un amigo que iba a hacer un filme con nueve actores me miraba. La dificultad es que tienes a seis o siete actores en el set y debes encontrar con cada uno la frecuencia, no todos están en la misma línea.
¿Cómo se hace para nivelar los egos de cada uno?
Mi experiencia con lo extra cinematográfico de un filme pasa fuera del set, para mí son todos iguales. Cuando me llega un actor con un papel pequeño le doy el mismo espacio que al protagonista, ni lo pienso, busco contar la historia de la mejor manera, no trabajas con actores, trabajas con los personajes, yo trato de darles el mismo lugar y que no se note la diferencia, el trabajo del director es que no se note eso, sea Tim Robbins o un actor bosnio sin experiencia.

¿Fuiste un poco como el traductor de la película?
Creo que uno cuando escribe un filme se ubica en determinados lugares porque un poco inconsciente depositas experiencias propias en los personajes, puede ser que en Mambrú, que intenta poner el equilibrio en el grupo, pongo algo, pero también en el de Tim Robbins, que posee una relación más gamberra y sin protocolo en su accionar. El intérprete para mí era uno de los personajes más importantes porque representaba a la población local, y en estas películas puedes correr el riesgo de los occidentales que vienen a ayudar, y esa no era mi idea, él representaba a los locales, con algo aristocrático, mirando al equipo con cierta superioridad y distancia, y me gustaba también que el grupo lo trate mal, el personaje era el representante local y quería que sea fuerte.
En varias ocasiones te han colocado como director de cine social, más que nada por el timming de estreno de tus películas, ¿cómo ves esto?
No lo sé, es una manera rápida de definir un trabajo, yo sé que mi cine es coyuntural, pero es inevitable, porque siempre va a haber problemas, pero una película es un proceso de tres o cuatro años, sería como sabio si supiera que en el momento del estreno pase algo como lo que relato, a mí no me interesa el momento coyuntural, ligado a un gobierno o política particular de emergencia concreta, porque creo que eso es lo que más rápido envejece, las historias deben pensarse no en el momento que se hacen sino en el momento que se ven, y se ven en el estreno pero también 20 años después, en una televisión o filmoteca y esperas que tengan sentido también en ese momento, por eso buscas lo esencial, y eso tiene que ver con lo humano, y no cambian. Me gustan los retratos, las personas, el ser humano en su esencia.
¿Cómo se logra ser tan detallista y luego transformarlo en imágenes?
Es importante contar con documentación, a mí me ayudó en este filme recibir las impresiones directas y usarse a sí mismo, proyectar y devolvérselo a los personajes, me uso a mí mismo como materia prima, más allá que no lo he vivido. Algo como aquello que hacen los actores, ponerse en el lugar de los personajes, en todos, y no sólo con los protagonistas. Ayuda escribirlos de una manera reconocible para que el espectador empatice con ellos.
¿Cómo fue el proceso de casting?
Partimos de un personaje medular como el de Mambrú, que interpreta Benicio Del Toro, en el que volqué mucha experiencia mía, y pensé en el y le propuse la idea, le envié el guión, vio mis películas anteriores y le habían gustado y leyó la historia y le interesó. Nos encontramos rápido y tuve su confirmación. Desde allí empezamos a trabajar, pensé que Sophie tenía que ser una actriz francesa, puro, como el agua, con ojos claros, sin corromper aún, y realicé un casting en Francia y así apareció Melanie Thierry. Lo de Robbins fue una bendición, Benicio le comentó en un aeropuerto que coincidieron que iba a rodar conmigo y me llamó él para preguntarme si lo consideraría a Tim y acepté y le envié el guión. El entendió la parte de la historia del trabajador humanitario y le gustó la parte de actuar sin reflexionar del personaje, porque siempre hay una enorme inercia que imposibilita esto, pero le gustó eso.
¿Cómo ves al cine español hoy?
Creo que es muy ecléctico y somos como francotiradores contando cada uno su historia, y eso es como una riqueza, creo que en el cine español predominó una manera de narrar no tan adscriptas a un género y en la convivencia es bueno. Creo que en la industria hay más obstáculos que apoyos, como el IVA a la cultura y los subsidios.
¿Es la coproducción una vía de salida a esta disyuntiva?
Tengo poca experiencia en eso, de hecho esta no lo es, las percibo como una riqueza y es una cuenta pendiente para mí, porque creo que no solo es económica la colaboración.
¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?
Sí, acompaño todavía a “Un día perfecto” que se estrena ahora en Francia, por ejemplo, pero también tenés la necesidad de soltar para empezar con otras cosas. Tengo un proyecto con Javier Bardem, en busca de financiación, también estaría Penélope Cruz, para fines de este año.
¿Qué conocés del cine argentino? ¿Quisieras trabajar con alguien de aquí?
Hay un viejo sueño compartido con amigos actores como Javier y es poder hacer algo con Ricardo Darín, me gusta mucho, su trabajo es formidable, me seduce mucho, creo que aquí hay mucha verdad. Del último cine español he visto las que llegan como “Relatos Salvajes” o los filmes de Pablo Trapero que respiran mucha verdad.
