Entrevista: Andres Habegger «Todos convivimos con nuestra propia historia».

Andres Habegger se acerca, a partir de una búsqueda personal, a construir un relato sobre la memoria, y lo que de ella presuponemos en “El (IM)posible olvido”, un doloroso relato acerca de aquello que quiere recuperar sobre su pasado y su padre.

Habegger se pone por primera vez delante de la cámara y cual investigador genera un filme de pesquisa en el que su cuerpo y sus recuerdos marcan el tempo narrativo.

EspectadorWeb dialogó con él para conocer más sobre el rodaje y cómo pudo de una historia tan particular hacer un filme universal.

El proceso de rodaje y preparación fue largo, ¿Cómo te sentís ante el estreno?

Es un momento particular y esperado porque la película es el resultado de un proceso de seis años, surgió como algo sobre el olvido y fue cambiando la forma, cuando el proceso es largo y llega el estreno es un momento en el que la película cobra independencia porque depende del público, ya no del autor y el equipo. La expectativa es grande porque es una película muy personal e íntima y cuidé mucho en el rodaje y el montaje la posibilidad que sea un relato para otros, para que se identifiquen y puedan sentir empatía y salgan afectados en el buen sentido de la palabra de la sala.

¿Por qué decidiste ponerte delante de la cámara?

Yo siempre estuve del otro lado y es la primera de mis películas en las que pongo el cuerpo y la voz en off, y esto llegó como resultado o decantación y la idea cuando empecé tenía que ver con el olvido como contrapartida de la memoria, ver si es posible recuperar las cosas olvidadas, dónde se alojan, y en un primer momento no era mi idea estar delante, pero al encontrarme con materiales tardé dos años en darme cuenta que lo que quería contar tenía que ver con mi propio olvido o falta de memoria.

Hay una escena en la que comparás una foto con el lugar en el que se sacó, in situ, y no recordás nada ¿Fue duro?

Hay varios así, con la premisa de si uno va a los lugares donde estuvo hay algo que se puede activar, hay algún recuerdo que puede volver, no sabìa la respuesta pero quería probar. Lo que me pasó es que ningún recuerdo se activó, nada sucedió, lo que era interesante fue algo que está en el inconsciente, claro que algún recuerdo en el cuerpo uno tiene, entonces uno puede fabular, no inventar, sino como me imagino que hubiera sido así, hay una fotografía y está el lugar y la posición y sentís que estuviste, no lo recordás, pero sabes que estuviste.

Es como aquello que sucede con tu diario íntimo…

Sí, el no tener un recuerdo consciente de las cosas escritas ahí, pero me reconozco con el uso de algunas palabras, o las cosas escritas ahí, o en la comida que me gustaba, en el gato, yo tenía uno, hoy otro y me reconozco aunque no sea absolutamente consciente, sino que se va armando y va cobrando forma a partir de los registros, esos elementos en la película lo configuran.

En el filme te convertís en un investigador que en la pesquisa recupera su memoria…

Sí, la película termina siendo la construcción de una fábula de una historia, me pasó en Mendoza que quería filmar en Super8, y en México también, pensaba que si la hubiera tenido en ese momento lo más probable es que hubiese filmado eso.

Al cierre decís eso de “la forma eficaz para recordar algo es filmarlo”…

Si, porque de alguna manera terminan constituyendo mi memoria, y no siento que sean muy lejanas a lo que podría haber sucedido, de hecho son los lugares precisos, y hay una analogía interesante en la construcción del relato y a su vez de la memoria.

Como cineasta ¿cuáles fueron tus principales desafíos en esta película?

Uno justamente fue encontrar entre pensar la narrativa, porque me gusta mucho estar del otro lado, ser cuidadoso en los encuadres y estar en ambos costados fue interesante, el otro que si bien la película parte de un relato particular busqué que sea universal, dejé cosas afuera para que fuera una película interesante con cohesión. También, después de pensar mucho en los dispositivos, evidenciar la construcción del relato, en el sentido de que uno construye el relato como la memoria, por eso las fotos aparecen sobre un imán o una diapositiva sostenida, para mostrar que el relato se está construyendo.

¿Por qué la gente tiene que ver la película?

Porque es una historia íntima y personal que habla de algo universal como la memoria y el olvido, y a su vez las recuperaciones, y creo que básicamente todos convivimos con nuestra propia historia, no sólo la compleja vinculada a la última dictadura, sino la que atraviesa en el presente, no la que sucedió allá atrás y que a uno lo conlleva y todo eso hace al hoy en el mejor sentido de la palabra.

 

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *