Entrevista: Alan Sabbagh “El Once que se muestra en la película es bastante parecido a lo real”

Gran momento el que vive Alan Sabbagh, presenta fillme con protagónico “El Rey del Once”, y además espera el estreno de dos películas más (entre ellas “Me casé con un boludo” junto a Adrián Suar) durante 2016. Explosivo, temperamental y verborrágico, Sabbagh ofrece en el filme de Daniel Burman una interpretación más contenida y relajada, algo que lo enorgullece “Daniel me llevó todo el tiempo, sacándome el chiste y la broma” afirma en una exclusiva entrevista para EspectadorWeb.
¿En qué momento de tu vida te llega “El rey del Once” y por qué decidiste aceptar actuar en ella?
Me llega en un momento espectacular, estaba siendo padre dos semanas después que me enteré que iba a hacer la película, y encima el filme habla mucho del tema padre/hijo, así que me vino en un momento muy lindo y profesionalmente había parado un poco para ser papá así que llegó muy bien. Después hubo como un año de reuniones para ultimar temas de personaje y vueltas de guión que hizo Daniel, que además me hizo vivir la previa como nunca la había vivido con otra película.
¿Cómo construiste a Ariel, un personaje muy medido e introspectivo, diferente a tus anteriores papeles?
Acá tuve que apagar esa térmica de la comedia y Daniel me llevó todo el tiempo, sacándome el chiste y la broma, limpiándome manías, manos, maneras, tics, cosas que traía muy televisivo, haciéndolo escena por escena. Trabajé mucho con la mirada, con tratar de hacer y entender qué es lo que siente el personaje en ese mundo. Estoy contento con el resultado final, un personaje un poco incómodo para mí.
¿Qué tiene de real y de ficticio el Once que muestra la película?
El Once que se ve es bastante parecido a lo real, tengo contacto, amigos, comerciantes que viven aquí y para mi es bastante fiel, no hay nada que me haga ruido, si la película me acercó al Once de beneficencia, que no conocía, que existe en la vida real y esa parte de gente que necesita cosas básicas y compañía, como cuando se muestra el almuerzo de beneficencia, que es real y lo filmamos medio clandestino, y la gente que va ahí es gente muy necesitada, principalmente de cariño y comer con alguien.
¿Cómo fue ese momento del rodaje?
Fue un “quilombo” de emociones, me habían anticipado que iba a ser un lugar que me iba a pegar emocionalmente y fue así, un salón repleto de gente, y ellos me filmaban con un lente enorme desde muy lejos y yo metido ahí, sin que sepan que era actor, sin que sepan nada, y fue realmente interesante, algunas señoras nos arruinaron cuando me reconocían, pero esto fue algo real para mí, y traté de reflejarlo en mi personaje, y switchear lo mismo que me pasaba a mí en la interpretación, fue una experiencia muy buena.
¿Cómo fue la relación y el trabajo con Julieta Zylberberg y Elisa Carricajo?
Con Julieta era raro porque si bien hay una escena en la que me habla, eran monólogos y ella sólo me devolvía algo con la mirada, o con señas, fue “difícil”, pero ella me la hizo fácil también. Era complicado el desafío de estar hablando solo y no quedar descolgado o fuera de tono. La película la leí mucho y la ensayamos poco. La verdad que el resultado es orgánico. Con Elisa fue todo por guión y no tuve contacto directo, y las escenas la hice más con la voz del otro así que el trabajo fue más automático estudiando las reacciones.
¿A qué recuerdos apelaste para la capa “nostálgica” del personaje y su infancia?
Hay cosas que son de mi infancia, la Eroticón, las galletitas, cuando la gente ve esa escena se emocionan, y nadie se acuerda cómo se llamaban, creo que Ortiz, y me conecté con ese universo, algo mío hubo, pero la verdad es que ya tenía claro el personaje y hacia dónde iba, Daniel me explicó muy bien eso y por eso pude conectarme fácilmente con aquello que le está pasando.
¿Cuáles son tus expectativas ante el estreno y la participación del filme en Berlín?
Para mí es una alegría, que la película se estrene como se estrena y que además vayamos a Berlín, que nunca fui a un Festival en mi vida, es increíble. Recuerdo cuando “El abrazo partido” ganó en Berlín y pensaba: “si algún día me pasa esto me muero”, así que para mí ir a mostrarla es algo que no puedo creer. Espero que a la gente le guste, sin prejuicios, porque me parece que pone la lupa sobre un grupo de gente que ayuda sin nada a cambio, es el verdadero misterio del bien, esto que haya gente que vaya todos los martes y jueves a la Fundación a ayudar y los ves y no se llevan nada y me parece ideal que se vea este trabajo.
¿Pensás que la película rompe con el estereotipo de la comunidad judía?
No lo dudo, y es importante que además se ve cómo la fundación ayuda sin preguntar, porque no te pregunta si sos judío o no para darte algo, el que toca ahí la puerta tiene algo para comer, tiene una corbata, un traje, o puede ir a un almuerzo, no es condición de la religión. Se muestra como el lado B del Once, un lugar en donde siempre hay tanto comercio. El comienzo de la película además marca, con el tema de conseguir un par de zapatillas, cuál será la relación entre mi personaje y su padre.
¿Habías manejado un Citroen? ¿Fue difícil?
Nunca. Y me ayudó mucho el dueño (que también está en el filme). Manejamos mucho, en la autopista, por ejemplo, el auto estaba destartalado y tenía sus mañanas, pero fue increíble.
