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Entrevista: Luján Loioco «El cine es un lenguaje que enseguida te permite entablar una comunicación fluida»

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Con experiencia en la producción y asistencia cinematográfica, Lujan Loioco debuta con su ópera prima «La niña de tacones amarillos» en la dirección.

La historia, una fábula que habla de la pérdida de la inocencia y la imposibilidad de escapar a etiquetas que conllevan a una violencia de género solapada. Sobre el origen del proyecto, el rodaje y sus expectativas ante el estreno, EspectadorWeb dialogó con Loiocco para conocer más de su trabajo.

¿Cómo encontraste a “Isabel”?

A Mercedes Burgos, la actriz que interpreta Isabel, la conocí a través de Natalia Dolensky, II de dirección de la película. Ambas son salteñas y se conocían por medio de una profesora de teatro de Salta (Claudia Mendía) la misma profesora de Lucas Gauna, el actor que encarna el personaje del hermanito, Luis. Claramente es muy buena. Mercedes fue la primera actriz que vi y, luego viaje a Jujuy. Habíamos organizado un casting de dos jornadas para buscar todos los personajes de la película. Vi bastantes chicas pero cuando regresé me decidí a hacer una segunda prueba con Mercede y el resto de la familia pre seleccionada y finalmente me di cuenta que era ella y que María Fernanda Domínguez y Lucas Gauna terminaban de completar ese trío tan hermoso.

¿Cómo seleccionaste las locaciones y el resto del elenco?

El resto del elenco, lo seleccioné de ese casting de San Salvador, de ahí salieron todos los roles. Menos Miguel Manuel Vignau, a quien ya conocía de haber rodado dos años antes un mediometraje.

¿Cuánto tiempo duró el rodaje?

Cuatro semanas de rodaje y tres de previa.

¿Cómo fue filmar en Jujuy?

Para mi fluyo de una forma natural y maravillosa. Seis meses antes de salir a rodar, iniciamos el contacto con Tumbaya. En San Salvador vive, Pablo Aramayo, productor local. Él iba a scoutear y levantar referencias. Desde Bs As hacíamos las gestiones y fuimos construyendo un vinculo de confianza con el pueblo y viendo entre todos que fecha hacíamos el rodaje. Yo dependía de la posibilidad de la Universidad del Cine de prestarme los equipos y de la liberación de la plata del INCAA. Tumbaya dependía de sus fechas más tranquilas fuera de celebraciones como carnaval y demás. Con respecto al rodaje, convivimos juntos durante casi dos meses. Fue algo muy bonito y la paz de Tumbaya inundó nuestro rodaje, No había señal de celular ni internet. A veces agarrabas un viento que traía un poco de señal de Claro y ahí te comunicabas con Buenos Aires. Al final del día había mucho encuentro con el equipo y durante los días libres nos escapábamos a los distintos pueblos de la quebrada, Tilcara, Purmarmarca, Humahuaca a tomar aire y regresar.

¿Que más uno podría desear?

Fueron dos meses hermosos de mi vida.

Y el trabajo minucioso de las rutinas del lugar, ¿cómo lo conseguiste plasmar?

Con respeto, sin apurarnos. El guión ya estaba cerrado y trabajado antes de salir y en eso estaba marcado el tono y los tiempos de las escenas. No se improvisó en set. Se buscaron las locaciones que mejor representen el universo de Isabel y luego fuimos de a poco. Registré mucho paisaje porque es realmente imponente el cerro y la altura. Ese contexto se mete en tu cotidianidad. Una vez que habitas ahí no podés ser indiferente al cerro, por eso aparece tanto en la película. La naturaleza está ahí, para ubicarte para protegerte. Naturalmente a lo largo del rodaje cuando te encontrabas desbordado por alguna circunstancia tus piernas te llevaban a la punta del cerro a calmarte a mirar todo desde ahí arriba y te tranquilizaba. Eso no podía faltar en el relato.

¿Fue difícil ensamblar los equipos de trabajo?¿Los locales con la gente de Buenos Aires?

No en absoluto. El cine es un lenguaje que enseguida te permite entablar una comunicación fluida, uno empieza a interpretar sus tiempos, y por donde está pasando en ese momento lo importante. En San Salvador hay gente de mucha preparación técnica y con mucho talento para trabajar que se sumó a nuestro equipo técnico, también tuvimos equipo salteño. Y Con respecto a la gente de Tumbaya nos ensamblamos todos con mucha naturalidad pero fuimos entendiendo los tiempos de cada uno. Ni nosotros exigíamos de un minuto para el otro las cosas y nuestro equipo de Tumbaya, entendió enseguida cual era el ritmo de un rodaje.

«La niña… «habla de una búsqueda desesperada por trascender rutinas y mandatos, ¿cómo pensaste la línea narrativa de la historia? ¿Te inspiraste en algún filme, cuento en particular?

No, no tuve una película base de referencia. Pero si vi muchas a lo largo de los años y cada tanto había una puntual que me despertaba algo. Me pasó por ejemplo con la película peruana “Paraíso” de Héctor Gálvez que vi en un BAFICI, la cual narraba la vida de un grupo de jóvenes en un barrio de Lima y encontré un universo que me remitia al mundo de Isabel. Luego en una línea completamente opuesta por ejemplo encontré en “Joven y Bonita” de Ozon un camino maravilloso de la protagonista y se lo di de referencia a Mercedes para Isabel. Así hay un par más de películas que ahora no recuerdo. Pero con respecto la línea narrativa la fui trabajando de a poco y mejorando en cada versión. Tuve algunos tutorías de Luz Orlando Brennan cercanas a rodaje, ella me entiende muy bien y sobretodo tiene buen ojo para las marcaciones de progresión, para que no te estanques y de vueltas en círculos. Me sirvieron siempre sus encuentros.

¿Cuántas versiones tuvo el guión?

Muchas, seis quizá no sé, A veces eran retoques y no actualizaba el documento.

¿Cómo te sentiste con La niña… en varios Festivales?

Agradecí mucho todos los que invitaron a la película, me genero mucha felicidad tener pantallas de proyección.

¿Cuáles son tus expectativas ante el estreno comercial del filme?

Que ojalá se vea y tenga tiempo para que la gente se entere de la película. Pero sé que en el fondo depende de otras cosas que escapan a mis medios y posibilidades. Es muy difícil conseguir sala y luego es imposible comunicar sin tener un gran presupuesto, por lo tanto no hay mucho que se pueda hacer. Yo hago lo máximo que me da el cuerpo siempre. Estoy atenta, presente. Pero no le puedo cargar a la película la obligación de convocar porque no tiene estructura que la sostenga. El mercado va por el lado del capital y tenes que tener para invertir si queres convocar. No es la situación en este caso. Veremos después del circuito comercial, la posibilidad de seguir exhibiéndola de la forma que podamos.

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?

Si. Tengo una productora que se llama Libre Cine y desde ahí estoy produciendo un largometraje “Algo con una mujer” de Mariano Turek y un cortometraje ya en post producción “Olor a Ratas” también de Turek. Luego estoy escribiendo mi segunda película “Madre del Bosque”, la cual voy a producir desde ese espacio pero calculó que faltarán mínimo dos años hasta que logre conseguir la financiación suficiente.

 

«La niña de los tacones amarillos» continua en las salas luego de su estreno comercial el 31 de marzo.

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