“El último mago o Bilembambudín”: Aldana en el país de las maravillas

En los años noventa se acuñó el término “trasnochados” para una serie de estrenos que de la noche a la mañana saltaban a la grilla de estrenos nacionales, sin que nadie lo notara; estrenos sorpresa sería otro modo de decirles.
Ligados a lo que en su momento fue la novedad de la aparición del ya desaparecido Complejo tita Merello, títulos nacionales ignotos, películas que hacía décadas se encontraban “cajoneadas”, de golpe veían su aparición en cartel sin ningún tipo de aviso ni publicidad, y más de una vez no llegaban ni a su fin de semana de proyección; época bastante nefasta que nunca dejó bien claro el porqué de estas razones.
Pero cuando esas maniobras parecían haber quedado atrás con los adelantados estrenos en los Espacios INCAA, esta semana, sin que nadie se avivara se presentó, nada menos que en 12 salas, la mayoría de ellas comerciales, de shoppings, El último mago o Bilembambudín producción de 2012 de Diego Cacique Rodriguez.

Sí, con la misma gente en la producción que hizo la prometedora y subvalorada La máquina que hace estrellas, se decidió adaptar el increíble cuento de Elsa Borneman, una de las mejores cuentistas que supo tener nuestro país.
El último mago… cuenta la historia de Aldana, una niña de 8 años, incomprendida en el mundo de los adultos, que decide fugarse de una función de teatro junto a un mago que la lleva a un mundo mágico, Bilembambudín, habitado por seres mitológicos. Allí la nena vivirá aventuras de todo tipo que la llevarán a salvar los colores de la naturaleza enfrentándose a peligrosos seres.
Borneman se caracterizó por ser una autora infanto juvenil audaz, la dictadura le censuró su cuento Un Elefante Ocupa mucho Espacio en el que hacía una temprana referencia a lo que estaba sucediendo en el país, y en sus posteriores recopilaciones de cuentos de terror para niños, no se privó de hacer claras alusiones a los desaparecidos, la vuelta de la democracia, y la recuperación de nietos.
El último Mago o Bilembambudín no es la excepción, lleno de matices, en sus líneas se entreveían varias capas y sublecturas que lo hacían un relato riquísimo. Todo eso, en el traspaso de al film se ha perdido, quedando un argumento bastante simple, de aventura puramente infantil, colorida y entretenida; hasta se toma varias libertades respecto del original, todo en plan simplificación.
De inmediato se nota la baja de presupuesto, hay un esmero por hacer las cosas con el mayor profesionalismo y así se siente un film de rigurosidad técnica, con algunos problemas de contrastes y terminaciones englobadas, pero correcto en su conjunto.
El público al que apunta es claramente el más infantil, aportando mucho ritmo, algunos gags que funcionan, y mensajes muy bonitos a favor de las libertades y el cuidado ecológico.

Todo el equipo que realizó este film demuestra pelearla desde abajo y con buenas armas, quizás no pueda hacer competencia frente a grandes tanques (su calidad es algo inferior a La máquina…), pero su desarrollo de guión sobre todo, la ubican en un lugar interesante. Más aun teniendo en cuenta una total intención de eludir cuestiones violentas o ritmo frenético, se recupera un verdadero tono infantil.
Hay algo que queda claro, El último mago o Bilembambudín merecía mejor suerte, el film fue pensado para proyectarse en 3D y sus copias de estreno no lo son. Un film de animación conlleva un esfuerzo de realización que merecería algo de promoción, de notoriedad; presentarla de esta manera la equipara a los impresentables estrenos evangélicos extranjeros que llegaron durante este año bajo el mismo formato de incógnita.
Una pena, Rodriguez y su gente pensó un film que tenía todas las herramientas para hacerse un lugar dentro de la importante cuota de público menudo, de esta manera, corre con desventaja.

