#BAFICI 16 (IX): mucho más Competencia Internacional!

Seguimos analizando los títulos de la primera competencia del #BAFICI y hoy estuvimos en sala viendo el segundo trabajo de Nawapol Thamrongrattanarit, «Mary is happy, Mary is happy», más conocido en el ambiente como «la primera película de Twitter».

Por qué fue definida así? El director tomó 410 tweets de una adolescente thai (Mary Malony) para armar el guión de una historia que dura, un año escolar (el último de esa etapa, con el salto hacia la universidad o similar). Mary (Patcha Poonpiriya) es un chica común, que vive en una especie de escuela donde los alumnos son pupilos, tienen sus dormis y están alejados de sus familias durante todo el período escolar. Su mejor amiga es Suri (Chonnikan Netjui), con quien prácticamente, comparten todo.

La trama se va armando entre tweet y tweet, con los clicks que hacen cada mensajes al publicarse como sonido que marca el desarrollo de cada escena. Mary vive una existencia conflictuada, está enamorada y no es correspondida, hace viajes sin saber porqué (París), sufre una pérdida importante (que es crucial en la cinta y no anticiparemos) y pasa sus horas armando un anuario para el colegio, que le fue asignado como tarea. Transita entre pensamientos profundos muy bellos, otros banales y en algunos casos, casi insoportables por su repetición.

Thamrongrattanarit hace una obra única, es imposible no reconocerle el valor del armado de un guión de dos horas con un puñado de tweets y que tengan alguna estructura narrativa coherente. El problema es que, si bien logra el objetivo, y también nos regala un par de segmentos excelentes (las reflexiones de Mary sobre la soledad y el tratamiento de los problemas emocionales está bien logrados), lo cierto es que el film es bastante extenso, tiende a repetir el formato (fondo negro, tweet, escena donde la protagonista dice esas líneas, en la mayor parte de los casos) y eso puede agotar al espectador.

Lo mismo sucede con el vestuario (siempre los mismos uniformes a lo largo de todo el film??) y el sonido, demasiado monótono y estridente. Tienden a socavar el ánimo del público. Más allá de eso, negar el impacto que produce el conjunto, no sería justo. «Mary is happy, Mary is happy» abre un campo a explorar muy vasto, y en ese sentido, ser pionera le da status de culto. A tener en cuenta.

Pasamos a otro título que se presenta en días dentro de esta grilla, «Un Chateau en Italie», de Valeria Bruni Tedeschi. Lo primero que sentí a los pocos minutos era una sensación de confort y delicada profundidad, típico para los films franceses que venimos viendo en estas tierras hace un par de años. Sí, es cierto que la historia personal de la directora se nota bastante en este film, en el que vemos como la crisis económica lleva a la venta de un castillo que estuvo muchos años bajo la órbita de una familia rica. La pregunta es, cómo funciona, una vez que el universo se instaló en la trama.

La cabeza del grupo es la madre (Marisa Borini) y una de las ideas que gira en las discusiones con los herededores es el destino del bien mueble. abrirlo al público y hacerse cargo de los costos podría ser una solución, pero puede este grupo venido a menos afrontarlo?.

Su familia, tiene bastantes problemas (algunos de salud, otros de relación) y aunque el amor se hace presente, de manera extraña (Louis Garrel aportará lo suyo, en un rol más simpático que útil a la cinta), lo vincular se transforma en el corazón del film cuando las subtramas comienzan a detonar. «Un Chateau…» de a ratos intenta ser una comedia elegante, presuntuosa, y sólo logra, a través de sus diálogos, navegar en la medianía. No es un film que tenga fueza e incluso ideológicamente, le falta decisión cuando coquetea con alguna cuestión social divergente (las clases pudientes con serios temas económicos).

     

A su favor, esta rodado con solvencia y no se puede negar que el cast cumple ajustadamente las órdenes de la directora. De a ratos, un aire de film «a la Woody-Allen» pasa como una brisa y Valeria (en su doble rol de protagonista y directora) ensaya unos pasitos para mostrar que de lo suyo, sabe. Sin embargo, el film carece de fibra y toda la artificiosidad que parecía al principio estar al servicio de la historia, se la devora, dejando a esta «Chateau…» solo peleando en el final, por evitar que el público se adormezca en su butaca. Supongo que dentro de lo que llevo visto de Competencia, va por el lado menos luminoso de las elegidas.

Y cerramos con un film peruano, que se estrenará en junio en su país, el segundo opus de Daniel y Diego Vega, quienes se hicieron conocidos en el medio cuando su primer trabajo, «Octubre», compitiera en 2010 en la sección «A certain regard» de Cannes. Esta vez vuelven a la carga con un film políticamente comprometido, que le valió a su protagonista, Fernando Bacilio, el premio a mejor actor en el festival de Locarno.

Esta es la historia de un juez, incorruptible y honesto. Constantino Zagarra hace honor a la tarea, lleva una vida ordenada, está casado (tiene una hija adolescente) y lo más importante para él en la vida, es cumplir con lo que se debe hacer. En los primeros minutos vemos que una mujer intenta sobornarlo y ante su negativa, se retira a los gritos insultando al hombre de la ley. Seguimos con Constantino llegando a su auto y viendo que la ventana de su auto está destrozada y terminamos esta secuencia con el atentado, central en el film.

Circulando con su auto, en un semáforo, el juez recibe un bala que se aloja en su cuello, destrozando sus cuerdas vocales. Logra salir bien de la operación, pero no puede hablar. De ahí en más, utilizará papel para comunicarse con el resto del mundo. El está enojado, quiere encontrar a los responsables del atentado pero…el sistema se encarga de embarrar la cancha. La policía investiga poco y nada, y encima, de los 800 casos que él llevaba, más de la mitad de los involucrados podrían tener razones para atacarlo. Por dónde empezar?

Zagarra hará de detective y junto a un oficial que le prestará ayuda (y, gratis, no saldrá), intentará descubrir quién es el responsable de su herida.

El problema de «El mudo» es que no logra definir su objetivo. De a ratos se centra en lo policial, y cuando crece la intensidad de ese foco, el guión nos lleva a la exploración de su vida familiar, deteniendo el interés (este punto es de los más débiles del film) y ralentizando la trama.

Arranca por momentos con la discusión política, pero como el personaje principal no habla, se pierde la fuerza de esa veta. Hay lazos que podrían haber sido más trabajados (el rol del padre y ese grupo de funcionarios almorzando siempre opíparamente en ese restaurant que aparece varias veces, la esposa que apenas lo quiere) y sólo funcionan como soporte para el derrotero de Zagarra, quien aparece siemple conflictuado y a punto de explotar. Pero no lo hace. Y tampoco parece que esa cuestión que lo consume tenga la fuerza para arrastrar a «El Mudo» a un lugar de exposición visual y dramática. No sucede. Todo se vuelve frágil y previsible hasta el apagado final.

Debo decir que no me pareció una propuesta lograda, aunque sí le reconozco el valor de elegir un tema álgido para latinoamérica (la corrupción y lo difícil que tienen la vida los tipos derechos). Eso es válido y nos hace bien saber que Perú comienza con fuerza a transitar este camino en festivales. Si su denuncia social hubiese tenido más intriga, violencia o debate ideológico, habría sido perfecta. Veremos cuál es la dirección de los Vega a partir de su próximo film.

Nos vamos a BAFICI y ya saben que pueden seguirnos en twitter y estar atentos a las noticias del día.

 

 

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *