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#BAFICI 16 (III): «The Congress», bandera de largada

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Siempre la película de Apertura marca la impronta del festival. Ha sido así durante muchos años hasta que en 2012, la organización decidió que la primera película del BAFICI sea exhibida al aire libre, en Parque Centenario (fue «No», se acuerdan?) y prendió tanto en el público que se repite en esta oportunidad.

El animador israelí Ari Folman fue la sorpresa de Cannes en 2008 con «Waltz with Bashir» y luego de semejante hit (ganó también el Globo de Oro a la mejor película en lengua extranjera y estuvo nominada al Oscar), era esperable que se animara a la ficción. Es importante decir que «Waltz…» era un documental animado, algo muy original en su género. Y que estaba basado en las propias memorias del director, como soldado en el conflicto de las horrendas matanzas en la invasión del Líbano en 1982.

«The Congress», por el contrario es una pieza que funciona como un mix de dos realidades contrastantes, el universo físico, por un lado y la digitalización que se viene, inevitable (sino piensen en cómo terminará Paul Walker, su «Fast & Furious» desde el más allá) y que sumerge al espectador en debates internos muy ricos.

Basada en la novela de Stanislaw Lem, «The Congress» es una apuesta arriesgada y transgresora, una propuesta para movilizar, inquietar y tomar partido, aunque más no sea para plantearnos cómo querremos atravesar los próximos años de revolución tecnológica.

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La propuesta arranca con Robin Wright, haciendo de ella misma y evaluando una oferta de los estudios «Miramount» (Miramax + Paramount, obvio) para digitalizar su perfil y apropiarse de ella y su nombre: ya camino a los 50, le está costando conseguir buenos papeles y el estudio le ofrece un contrato para inmortalizarla en su mejor versión.

Claro, seguirá participando en películas pero… Será una digitalización de la actriz ya que ella, después de la firma del documento, no podrá volver a actuar en ningún campo. Los grandes estudios trabajan para bajar los costos y explotar la veta de la animar un perfil del actor, sin necesidad de depender de él.

Este segmento, está rodado con actores de mucho prestigio (Wright, Harvey Keitel, Paul Giamattti y Jon Hamm) y concluye con el fin de la carrera «humana» de Robin. Presten atención a la extraordinaria escena entre Keitel y la protagonista, en la que él la ayuda a grabar las emociones que el estudio necesita atesorar de la actriz. Fantástica e inolvidable.

Luego, años más tarde, la dama regresa y va a formar parte de un Congreso donde Miramount muestra sus avances en la materia. Para empezar, a la hora de ingresar al espacio donde se da el evento, hay que entrar como un avatar autorizado, imaginen! En este momento de la historia, los grandes estudios filman con actores digitalizados en forma total y ya aquí veremos que esto no es privativo del mundo del cine, sino que la población va aceptando esta manera de existencia y desdibuja los límites entre la realidad, «desmaterializando» lo que entendíamos por vida.

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Aquí es donde el relato se complejiza, toma partido y también, se enreda en sus propios conceptos: hay una tormenta de conceptos existencialistas y sobre el cambio en el mundo tecnológico que va demasiado veloz para cualquier tipo de espectador.

El cast muestra un ensamble formidable aunque la animación, es solo convencional y correcta. Folman se excede en el tiempo y en el desarrollo de muchas historias secundarias de poco interés pero aún así logra mantener el interés hasta el final del metraje.

Donde estalla “The Congress” es en su comprometido mensaje ideológico. Es cine de autor, fuerte, vital y original. Una apertura más que interesante para un festival que abraza este tipo de productos. Vayan a Parque Centenario, vale la pena, el momento 0 de este BAFICI16 lo amerita.

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