“Baal”: El poeta y la censura

En pleno proceso de refacciones en el Teatro San Martín, la Sala Leopoldo Lugones reabre esta semana en una nueva sede transitoria, el Centro Cultural San Martín. La ocasión para esta reapertura no podía ser más especial, el estreno después de casi cinco décadas de uno de los films malditos más conocidos en el mundo del cine, Baal, de Volker Schlöndorff.
Es imposible analizar esta película al día de hoy, sin el entorno de su estreno tardío, por eso, vayamos a algo de historia. En 1970, el director de las dispares El Tambor de Hojalata y Palmetto, se encargó de la realización de un telefilm basado en la obra de Bertolt Brecht.
Este film, emitido en la televisión pública de la Alemania Occidental, solo pudo ser emitido esa única ve, ya que al verlo, la viuda de Brecht pidió su levantamiento y prohibición inmediata, por tratarse de una adaptación (a su ojos) infiel e irrespetuosa para con la figura de su marido.

Este asunto, llevó a una batalla legal de más de cuarenta años, acrecentando en el mientras la fama del film, y recién en 2014, habiéndose levantado la prohibición, pudo proyectarse en el marco del Festival de Berlín; iniciando luego un tardío recorrido por salas mundiales alternativas.
¿Qué es lo que se aprecia en esta propuesta protagonizada por el célebre director Rainer Fassbinder? Una obra que sí, para su época, intentaba convulsionar al espectador, y que aún hoy día puede tener el mismo efecto.
En el traspaso, Baal no deja de ser una obra de teatro, se exteriores y las escenas interiores se notan aireadas, pero aun así, su estructura es netamente teatral desde los diálogos hasta lo esquemático de la división de escenas.
Fassbinder es Baal un poeta y cantante triste, entregado a su suerte, desamparado, perdido en una serie de vicios, especialmente la bebida; y lo que atendemos es su escalada en esa desdicha. De ahí que Schlöndorff esté a sus anchas para ofrecer imágenes que pueden resultar hirientes. A diferencia de otras obras de Brecht más formales, la propuesta de Baal apunta directamente a las falsas morales de la sociedad acomodada.

Baal es un personaje incorrecto, que podría gozar de esa vida burguesa, pero que la rechaza y se entrega a las bajezas mundanas. La estructura narrativa está lejos de ser clásica, es más presenta diferentes finales, y lo que se nos presenta más que una historia son viñetas separadas de una vida anti social.
Dependiendo de las ideologías de cada uno, el personaje podrá caer mejor o peor en cuanto a sus actitudes. Pero visto en retrospectiva se puede analizar la película como una suerte disrupción en el cine alemán de ese momento, adelantado a su época, más tratándose de un film pensado para la televisión oficial.
Ver a Fassbinder, acompañado entre otros por la también cineasta Margarethe von Trotta, resulta un placer aparte. El hombre naturalmente se siente cómodo con un personaje así, revulsivo, antipático, pero no carente de un extraño carisma.
Lejos de toda polémica, ahora podemos decir que la obra debió ser apreciada en su momento, que la censura jamás tiene sentido. Hoy puede ser vista con un valor artístico y antológico especial, como una representación de un cine que años después se haría masivo, y que abriría a Alemania y al mundo a una nueva forma de observar la realidad.
