«Un susurro invocó mi nombre»: Cicatrices

En esta coproducción dirigida por la argentina Emilia Cotella junto a su pareja, el norteamericano John Matis, nuestra scream queen local, Clara Kovacic, protagoniza una historia de terror rodada en Córdoba con una fuerte impronta local.

La historia, que está escrita por su directora, empieza con un grupo de adolescentes que en un lugar alejado de las sierras de la provincia intentan realizar un ritual con ayahuasca. Pero las cosas se salen de control y años después, Carla (Kovacic) vive atormentada por recuerdos y pesadillas sobre lo que pasó aquella noche, donde presenció la muerte de su amiga embarazada. Y ahora es de hecho una nueva muerte lo que la llama a regresar tras tantos años a ese lugar del que se alejó, con una vida profesional encaminada pero una salud mental frágil que debe cuidar mucho.

En esos reencuentros tan familiares como enajenados, pronto todo se le irá torciendo y una fuerza maligna cobrará fuerza. La trillada expresión «pueblo chico, infierno grande» nunca fue tan acertada como acá. Y ya que hablamos de citas trilladas, también se podría repetir que «las cicatrices nos recuerdan que el pasado fue real», y eso es lo que tiene que cargar todo el tiempo su protagonista, esas marcas físicas y psicológicas que no la abandonan. ¿Es todo producto de un fuerte trauma, o hay fuerzas malignas despertando que amenazan con destruirlo todo?

La película, de buena factura técnica y con una destacable fotografía y sonido, apuesta a climas ominosos y situaciones que parecen salidas de las más oscuras pesadillas. La sangre cobra vida, no se disimula y los efectos prácticos ayudan a no ser tibios con el gore cuando aparece. Además de escenarios que le sientan muy bien a la historia, Kovacic se entrega como ella sabe, con convicción y sin miedo al ridículo, sin dudas una de las actrices más preparadas para transitar todos los estadíos a los que el género la expone.

Un susurro invocó mi nombre (o en su título en inglés de esta coproducción: The Devil Whispered My Name) se estrenó en el festival Terror Córdoba, donde ganó la Competencia Nacional, y luego tuvo su paso por el Buenos Aires Rojo Sangre. De sólida construcción atmosférica y con una interpretación a la altura, el ritmo es desparejo y el guion desaprovecha personajes secundarios y resuelve de manera un poco rápida y brusca.

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