«Tres tiempos»: A través del espejo

La ópera prima de Marlene Grinberg viene de haber recibido una mención del jurado en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Protagonizada por Mara Bestelli, Florencia Dyszel, Violeta Postolski, Fernado Contigiani, se sucede en una sola locación y sus alrededores en medio de San Martín de los Andes y retrata el reencuentro entre tres generaciones de mujeres.
Emma y su nieta Alicia viven aisladas en una casona del Sur argentino. La mujer le enseña danza y esa práctica se ha convertido en algo cotidiano, una manera de relacionarse. Entonces regresa Bárbara, la madre biológica de la joven, junto a su acompañante terapéutico, porque parece sufrir una enfermedad mental que la hace comportarse como si fuese una niña. Entre las tres se generan tensiones, algo que siempre parece estar a punto de quebrarse, hasta que cada una va encontrando la manera adecuada de relacionarse y comunicarse entre ellas. Y quizás así, entre esos roles desdibujados, entenderse un poco mejor a sí mismas.
Dirigida e interpretada de manera precisa, la película además está cargada de detalles que refuerzan la trama. El sur como escenario para plasmar la temperatura, lo frío, lo distante. Sonidos como el tic tac del reloj o el teclado, la música del piano. Un grito en medio del bosque, una catarsis que se resignifica cuando es respondida. Los reflejos: en el lago o en un espejo, el miedo a esa imagen que nos devuelve.
Además flota en el aire la idea de lo que se hereda, del legado. ¿Estamos destinadas por sangre a ser de una determinada manera? ¿Se puede escapar de ciertos genes? ¿Necesitamos diferenciarnos?
Allí están la hija, cargada de ilusiones por volver a ver a su mamá pero sin saber cómo comunicarse hasta que de a poco descubre que los gestos pueden ser más efectivos que las palabras. La madre, que en realidad no termina de entender su función, es una madre constantemente cuidada por alguien más. Y la abuela, que además es madre y por dos, porque ese rol maternal lo encuentra con su nieta antes que con una hija con la cual no puede conectarse.
La danza, los cuerpos que se retuercen, que se chocan, que se pegan entre sí, que se empujan y se separan a veces, es funciona como eje para retratar este triángulo filial. La experiencia por momentos es inmersiva pero nunca pierde el eje argumental.
El pasado regresa en forma de memorias, recuerdos que quizás estén decorados con fabricaciones de la mente o deformados por el paso del tiempo. Lo que vive dentro de una, a veces reprimido, y busca o necesita salir en algún momento, de alguna manera. Y el cuerpo es quien carga todo siempre.
Tres tiempos está cargada de subtextos y de manera sutil va desarrollando a estos personajes, donde el aparente intruso, el hombre que llega con la mujer a su cuidado, se termina convirtiendo en un cómplice más. Grinberg utiliza con inteligencia la danza para incorporarla a su historia y conseguir que sus personajes expresen a través de ella lo que las palabras a veces no pueden, no son suficientes.
