«The Exorcism» (Exorcismo): Los demonios que acarreamos

Primera aclaración: no, esta película nada tiene que ver con El exorcista del Papa, aquella en la que Russell Crowe también interpretaba a un sacerdote que debía realizar un exorcismo. Segundo, un poco de contexto que enriquece el visionado: el director Joshua John Miller es el hijo de Jason Miller, el actor que interpretó al Padre Karran en la mítica película El exorcista de William Friedkin (por la que incluso fue nominado a los Premios Oscars). Es un dato interesante porque Exorcismo no es una típica película de terror, es decir, no es lo que seguramente gran parte de la que gente que elija verla en sala espere encontrarse.

En esta película, Crowe interpreta a Anthony Miller, un actor devenido a menos tras haber pasado los últimos años en rehabilitación a causa de su adicción al alcohol y a las drogas. Tampoco tiene una buena relación con su hija, a quien acaban de expulsar o suspender de la escuela y por lo tanto cae a vivir con él. Sin embargo se le presenta una nueva oportunidad en su carrera, un papel en una importante película que, según el director de aquella, no es de terror sino un drama disfrazado de película de terror. El papel a interpretar es el de un sacerdote que debe exorcizar a un demonio que ha poseído a una adolescente, un papel que originalmente era para otro actor que falleció en una situación extraña en el estudio. Nunca se menciona el título verdadero de la película, se rueda bajo otro nombre como proyecto, y todo indicaría que es una especie de remake de El exorcista, pero es algo que queda implícito, apenas sugerido por la similitud de ciertas escenas.

El guion que escribe el mismo director junto a M.A. Fortin, tiene por un lado a este actor queriendo recuperar su carrera y tratando a la vez de que las presiones y algún trauma que cobra fuerza no lo derrumben. Por el otro, a la hija que tiene una imagen del padre como abandónico y en quien le cuesta confiar, al mismo tiempo que empieza a sentir algo por la chica que actúa en la película.

Pero mientras la película (dentro de la película) se va sucediendo, también cosas extrañas a su alrededor. De repente Tony empieza a actuar de manera cada vez más rara, asustando en especial a su hija, que trata de entender si se trata de algún efecto de su medicación, la presión ejercida sobre él de parte del director, los demonios que acarrea de su pasado… o algo más.

Producida por Kevin Williamson (guionista de las Scream de Wes Craven), lo más rico de la película se encuentra en toda esa parte meta, de cine dentro de cine, en especial relacionándola con la película maldita de Friedkin, una de aquellas que se alimentan de esa especie de leyenda urbana sobre los problemas que siempre acontecen cuando deciden meterse con el Diablo. También la idea de cómo se puede ser consumido por el cine, en este caso el actor por su personaje. Pero el guion no termina de aprovechar esto y todo queda en la superficie.

Como mencioné antes, no es una típica película de terror. De hecho, a excepción de unas escenas, se podría decir que ni siquiera es una película de terror. Y eso es intencional. Incluso en aquellos momentos donde lo sobrenatural cobra presencia, la dirección apela a un estilo menos fabricado, sin una banda sonora que acentúe climas, y una iluminación que en su afán de parecer naturalista se siente pobre. La edición y el montaje hacen que una trama más simple de lo que parece se enrede y por momentos genere confusión.

El resultado es lamentablemente flojo. Porque no logra ser ni una cosa ni la otra, ni una película de terror al menos eficaz dentro de lo seguro, ni un drama oscuro sobre los demonios de un pasado que nos atormenta aunque intentemos reprimir ni sobre recuperar la fe que se perdió. Al final, nos quedamos con lo anecdótico y con un esfuerzo más por parte de Russell Crowe por no caer en el olvido.

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