«Silent Night, Deadly Night» (Noche de Paz, Noche de Horror): ¿Te has portado mal?

Durante la era dorada de los slashers, en algún momento se pusieron de moda aquellos que sucedían alrededor de alguna festividad, siendo Halloween su principal antecesora, claro. La película de 1984 dirigida por Charles E. Sellier Jr. fue controvertida porque su asesino era Papá Noel: en realidad era un hombre de carne y hueso que de niño había sufrido la muerte de sus padres durante Nochebuena a manos de una persona disfrazada de Santa (como se lo acostumbra a llamar por aquellos pagos). En 1987 llegó la primera de sus cuatro secuelas y en el 2012 tuvo una olvidada remake dirigida por Steven C. Miller. Quizás porque justamente nadie se acuerda de aquella, que de todos modos se tomaba varias libertades con respecto a la original, es que este año Mike P. Nelson (director de otra remake, Wrong Turn, en 2021) nos regala con moño una nueva versión para poner bajo el arbolito, bueno, ir a ver al cine.
La historia empieza de manera similar. El pequeño Billy sobrevive al asesinato de sus padres, que son interceptados mientras manejaban por un hombre disfrazado de Papá Noel que les dispara hasta matarlos, justo cuando volvían de visitar al abuelo del niño en un geriátrico la misma noche en que fallece. Ya como adulto, Billy se ha convertido en un cuidado asesino serial que arma su propio calendario de adviento: los días previos a Navidad va cosechando víctimas y guardando un pequeño recuerdito de cada uno de ellos.
Pero en ese viaje interminable en el que se ha convertido su vida suponemos para no ser descubierto por la policía, llega a un pueblo donde no esperaba conocer a una joven muchacha agradable aunque con una personalidad muy particular. Pronto comienza a trabajar en el local de decoraciones que pertenece al padre de la chica y nace de a poco entre ellos una complicidad mutua.
Rohan Campbell (a quien habíamos visto en Halloween Ends) es el actor que se pone tras el complejo personaje que lucha con voces en su cabeza y su instinto asesino. Su interpretación es ideal: consigue parecer inocente y bienintencionado y luego rabioso y fatal, oscilar entre la ternura y lo patético y lo siniestro. Ruby Modine (que aparecía en Happy Death Day) es la actriz que da vida a la mujer que enamora a Billy y que también puede mostrarse amable y generosa pero estallar de bronca ante lo que le parece una situación injusta. Ambos parecen compartir turbulentas luchas internas.

Mike P. Nelson, quien además escribe el guion, dirige una versión que homenajea y rememora a su original pero con frescura y libertad creativa como para resultar lo suficientemente novedosa. Con mucho humor negro y sangre, el Papá Noel de esta película presenta una vuelta de tuerca que le funciona a la historia y también le permite jugar y entregar unas secuencias tan delirantes como fascinantes. De esas que dan ganas de aplaudir en medio de la sala -como sucedió en la función de clausura del Buenos Aires Rojo Sangre donde se la pudo ver de manera anticipada. Quizás el problema principal es que después de «aquella» alucinante secuencia que no quiero adelantarles, las muertes que le siguen ya no son tan impresionantes ni sorprendentes.
Si bien bebe de muchas de sus referentes en el subgénero, tanto de aquella época dorada como de esta actual donde se lo relee constantemente, se destaca la construcción de dos personajes entrañables, con sus buenas motivaciones, construcciones psicológicas, matices. El gore, que no es excesivo como por ejemplo en las Terrifier, cuenta con la presencia necesaria y además se homenajean algunos asesinatos de la película original. Y lo positivo es que se utilizan en su mayoría efectos prácticos.
Noche de Paz, Noche de Horror es una grata sorpresa. Divertida y sangrienta, llena de humor negro y una incorrección política que se agradece porque en estos tiempos todo suele ser suavizado y digerido mientras que en aquellas películas de los 80s estaba muy presente el querer generar incomodidad. Ridícula en el mejor de los sentidos, porque se toma en serio lo justo y necesario, que por momentos es casi nada (porque qué tan en serio queremos tomarnos una película sobre un asesino serial traumado que se disfraza de Papá Noel) pero también consigue ser un retrato de personajes oscuros, con una psicología compleja. El final sugiere que quizás este no sea el final después de todo y abre una puerta a lo que puede venir.
