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«Lost in Translation» (Perdidos en Tokio): el discreto encanto de perderse en tierras lejanas

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Recuerdo la vez que la ví, con mucho detalle. En ese cálido febrero de 2004, muy relajado y en plena época pre-Oscar, recuerdo que no prestaba mucha atención a lo que iba a ver de antemano, sino que entraba a los complejos de una, directamente a que me sorprendieran.

Conocía a Sofía Coppola por «Virgin suicides» y sabía que algo interesante había en esta peli (ya la movida publicitaria la señalaba como gran candidata, y finalmente se alzó con el premio al mejor guión original), así que, un poco desarmado me acomodé en la sala a ver de que se trataba…

«Lost in translation» fue una gran sorpresa. De las pocas veces que me sentí apelado, convocado desde lo emocional, como espectador, a subirme a un recorrido por tierras desconocidas. Más allá de que a simple vista, uno pueda pensar que es una película ideal para viajeros, en el sentido de que muestra claramente como te vinculás con extraños cuando estás en un lugar muy hostil, en términos culturales, esta cinta tiene muchas capas que se degustan lentamente y te dejan un placentero sabor en el paladar…

La historia nos presenta a Bob Harris (Bill Murray), un actor americano veteranísimo, de vuelta de todo, que viaja a Japón para hacer un tour publicitario y conocer un poco el lugar. Lo nueve exclusivamente el dinero, ya que no tiene mucho interés ni conoce mucho de lo que va a hacer. Está casado y con hijos y se nos presenta como un tipo parco, silencioso, con un sentido del humor peculiar, un poco desorientado por la complejidad del lugar adonde arribó.

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En su camino se cruzará a Charlotte (Scarlett Johansson), una joven (muy) quien no debe tener más de 20 años, también de visita en tierrra nipona. Ella viene a acompañar a su pareja, John (Giovani Ribisi), que es fotógrafo y anda todo el tiempo de un lado para otro, dejandola sola la mayor parte del día.

Los dos, Bob y Charlotte, coinciden entonces en un lujoso y céntrico hotel , donde accidentalmente se cruzarán, y cómo no hay nada interesante para hacer en semejante ciudad, y su nacionalidad (y la disponibilidad que tienen en ese momento) les permite vincularse rápidamente, así que organizarán la tarea de entretenerse y conocer la ciudad.

Claro, tienen sus cosas, no pueden dormir (la diferencia horaria), ninguno de los dos sabe hablar japonés y la verdad, Tokyo se presenta con todo su esplendor y complejidad: pareciera que todo es posible allí, pero perderse es lo más viable, dado el estado de indefensión que posee nuestra pareja protagonista.

Los dos representan mundos diferentes, sus edades e historias de vida, no tienen mucho que ver. Pero la tarea real, el enfrentar esa estadía, los hermana. Eso hace que Bob se relaje y comience a flexibilizar su vestuario, sus modos de comunicarse y se entregue a la aventura junto a Charlotte, quien como es chica, se vincula más rápido con la gente. Las luces de neón del lugar, impactan, los dos, hacen una pareja deliciosa, tienen una química infernal, pero apenas se tocan en todo el recorrido.

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De qué va exactamente entonces «Lost in translation»? Habla del afecto, de sentirse solo y pedir ayuda en un medio desconocido, de descubrirse y maravillarse con un extraño y animarse a compartir, por el tiempo que de, un intercambio significativo y movilizante.

Durante una semana (más o menos), los dos compartirán muchas aventuras, principalmente nocturnas, recorriendo cada rincón de una gran metrópolis que nunca descansa… y en ese camino, descubrirán que sentimiento los une.

Hay escenas absolutamente mágicas. En cierto momento, en una noche de karaoke, el personaje de Bill Murray toma el micrófono y nos regala una versión de «More than this», (de Roxy Music) absolutamente increíble. Son dos minutos solo, pero su interpretación y el contexto en que se da, conmueve hasta al más pintado. Johansson hace lo que siempre hizo bien: sonreir, mostrarse vulnerable y pequeña, pero a la vez seductora. Le sale perfecto. Entendemos que logran presentar una relación de amor imposible, en un espacio particular y con el tiempo jugando en contra.

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Si alguna vez viajaron lejos, y solos, seguramente se sentirán identificados con ella. Si les pasó preguntarse que les sucede, cuando la vida está armada y se topan con alguien especial, también. Lo cierto es que «Lost in translation» es un film potente, emotivo y que cada vez que lo volvés a ver, encontrás en su estructura, elementos que te permiten volver a leer algunas escenas, de manera distinta.

Costó algo más de 4 millones de dólares, se filmó en 27 días y recaudó globalmente, 119. Descomunal.

Hay muchísimas anécdotas sobre como trabajó la producción de Coppola allí (incluso una noche fueron presos por filmar cerca de un subte), y algo más, que no deben saber… en la escena final (que no vamos a describir aquí), Bob susurra algo al oído de Charlotte, y nadie, en el público, logra decifrar que es… pero en 2009, la directora y sus protagonistas reconocieron una grabación con un audio deficiente pero audible donde se desestraña cuáles son las palabras finales del personaje de Murray… que tal?!

Es exótica, fascinante y tiene actuaciones sobresalientes.

Eso si, en cierta manera, la manera en que está presentada la cuestión central es un poco triste, aunque esa oscuridad, se va, cuando las luces de la noche de Tokyo explota en mil formas diferentes a lo largo del film. Una película de las que llevo en el corazón, si no la vieron, es un auténtico viaje emocional…

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