«La virgen de la tosquera»: Adolescencia, deseo y horror

Llega tras bastante retraso la esperada película de Laura Casabé que adapta dos cuentos del libro Los peligros de fumar en la cama de la exitosa escritora Mariana Enríquez.
Ella averiguó un poco y dijo que teníamos que ir a la tosquera de la Virgen, que era la mejor, la más limpia. También era la más grande, la más honda y la más peligrosa de todas las tosqueras.
Desde el año pasado, La Virgen de la tosquera, de Laura Casabé, es una de las películas más esperadas. Su paso por el BAFICI, con funciones agotadas y el Gran Premio de la Competencia Argentina parecían asentar las bases para un posible éxito en salas cuando se estrenara. Habrá que ver si el hecho de que se retrasara bastante el estreno y de que llegue finalmente en época de vacaciones la ayuda, de todos modos, el verano terminará de hacer lo suyo para sumergirnos en esta historia de apagones eléctricos, cuerpos sudorosos y un calor palpable.
Además por un lado pone en evidencia el interés y el buen momento que el cine de género viene transitando en nuestro país, aunque en estos tiempos tenga mucho viento (y políticas) en contra, y por el otro se trata de la adaptación de dos cuentos de una de las escritoras más leídas en la actualidad: Mariana Enríquez.
La virgen de la tosquera y El carrito son dos historias que aparecen en el primer libro de cuentos de la escritora generalmente asociada al terror (aunque también se dedica mucho al periodismo cultural y ha publicado libros sobre literatura y música), Los peligros de fumar en la cama. No es ni será la primera adaptación de la escritora, pero sí es la primera que cobra notoriedad (en el 2002 Leyla Grunberg dirigió Bajar es lo peor, basada en su primera novela que escribió cuando tenía solo 19 años, y desde hace un tiempo la directora británica Prano Bailey-Bond lucha por llevar adelante la adaptación del cuento Las cosas que perdimos en el fuego, que da título a su segundo libro de cuentos). Laura Casabé además viene de desarrollar una interesante carrera con películas como La valija de Benavídez (que adaptaba a Samantha Schweblin, otra escritora argentina muy en boga) y Los que vuelven. Como si todo esto fuera poco, detrás del guion se encuentra ni más ni menos que el consagrado ya Benjamín Naishtat, director de Rojo y co-director de Puan.
La película sigue mayormente la historia del cuento que le da título a la película. El segundo cuento ayuda a reforzar la época y el clima en que se sucede. Se trata del verano tras la crisis que estalla a fines del 2001. Tres inseparables amigas que viven en las afueras de Buenos Aires pasan su verano enamoradas de Diego, un amigo de toda la vida. Natalia tiene más afinidad con él y cree que este es el momento para que aquello que está en el aire se concrete. Pero entonces él aparece con una nueva amiga y las cosas empiezan a torcerse.

Mientras el país parece sumido en tiempos oscuros, con la violencia y la desesperanza creciendo entre sus habitantes, Natalia vive encerrada en su mundo, en ese tiempo de despertar sexual y donde las emociones están a flor de piel, porque a veces parece que una nunca siente las cosas con tanta intensidad como cuando se está volviendo adulta. La aparición de esa otra chica, más grande, más experimentada, más interesante, viene a romper el equilibrio y sus planes de esas vacaciones relajadas.
Casabé y el guion de Naishtat logran retratar muy bien lo que es ser mujer adolescente, los cambios en el cuerpo y en el humor, al mismo tiempo que construye climas de una extrañeza que se va acrecentando a la par del enojo de su protagonista. Una joven que a simple vista parece tranquila y callada pero carga en su interior con una rabia que siempre parece a punto de explotar.
Con ecos a Carrie o La Bruja, de Robert Eggers, la debutante en el cine Dolores Oliverio se carga un protagónico potente y lo hace de manera notable. En su mirada, en sus gestos, en esos labios apretados, va transmitiendo la angustia y la furia que se apoderan de ella.
La historia de El carrito no tiene mayor desarrollo en comparación con el libro, funciona para reforzar el componente social. Aquello que en el papel se convertía en una maldición para el barrio y un espiral de locura y violencia, acá está sugerido, de fondo. En cambio la tosquera, ese espacio solitario de tranquilidad y silencio, ese oasis que funciona un poco como escape, se convierte en el escenario que verá aflorar la verdadera naturaleza de Natalia.
Con un buen manejo de la tensión e incorporación de lo fantástico, Casabé construye una atmósfera tan intrigante como inquietante. El elenco compuesto mayormente de rostros nuevos demuestra un casting acertado. La virgen de la tosquera es una muestra más de que el cine de género en nuestro país está más vivo que nunca y seguramente no decepcione a los lectores más fieles de la escritora que hoy parece una estrella de rock entre los adolescentes. Y en tiempos donde hacer cine es resistir, toca apoyar y acompañar la película ahora que finalmente ha llegado a salas.
