«Avatar: Fire and Ash» (Avatar: Fuego y Ceniza): Un mundo expandido

Every time we dream, we dream as one
En esta tercera entrega, James Cameron sigue desarrollando su mirada del mundo y las sociedades desde este universo propio y con la animación que rompió moldes allá por el 2009. Hoy hay al menos dos entregas más confirmadas para los próximos años. Aunque se trata de un director que sabe contar historias y transmitir emociones, lo cierto es que empieza a sentirse que es un poco más de lo mismo.
Avatar: Fuego y Ceniza tiene otra vez como conflicto principal a Jake Sully y la gente de Pandora enfrentando al malvado coronel Miles Quaritch, al avatar de éste. Pero esta vez no estará solo, porque aparece una tribu, el pueblo de las cenizas, liderada por la perversa y salvaje Varang (Oona Chaplin), seductora y juguetona al mismo tiempo que letal y sanguinaria, sin una pizca de piedad. También se permite seguir desarrollando los personajes principales de ese mundo, haciéndolos evolucionar a medida que transitan duelos, dolor, peleas y victorias.
James Cameron está indudablemente enamorado de su creación. No solo es un proyecto que le toma mucho tiempo desarrollar, sino que se nota que le pone tanto empeño como corazón. La calidad de las animaciones visuales no decayó ni quedó anticuada, al contrario, con la entrega anterior El camino del agua nos pudimos imaginar al realizador más feliz que nunca al poder desarrollar con su imaginación ese mundo acuático que da pie a tanto misterio y belleza (si lo sabremos acá con la fascinación que generó el streaming del Conicet). Si bien Fuego y Cenizas promete un elemento nuevo, no abandona ninguno de los anteriores.
Incluso uno de los personajes secundarios más interesantes es el del biólogo marino que interpreta el actor neozelandés Jemaine Clement. Su arco empezó a desarrollarse en la entrega anterior pero aquí es cuando crece y toma una decisión independiente, siempre en base a sus convicciones.

Aire, fuego, tierra y agua. Batallas descomunales junto a todo tipo de criaturas se despliegan a lo largo de Pandora y en el medio, los personajes crecen a través de la experiencia. Pero un James Cameron cada vez más sentimental y cursi, junto al guion escrito una vez más por el matrimonio conformado por Rick Jaffa y Amanda Silver, no pueden escaparle a clichés y subrayados que suenan como frases hechas, de esas inspiradoras que parecen salidas de un cuadrito palermitaño. Tampoco ayuda que todo se sienta bastante predecible o, lo que es peor, que ya lo hayamos visto… y hace no tanto.
En cierto modo, Fuego y Ceniza repite las mismas fórmulas que su antecesora. Hay escenas que incluso se sienten casi como un deja vu. Sin embargo, más allá de su duración y de algunas secuencias que se tornan largas y monótonas, no pierde el ritmo, no se pierde el interés. Hay que ser muy hábil, supongo, para eso. De las más de tres horas de duración, es la última la que consigue su punto más álgido y es en gran parte gracias a las escenas de acción.
Es evidente que con James Cameron estamos ante un autor con ambición. Le ha impreso su estilo a todo lo que hizo y encontró la obra magnánima que quiere dejar al mundo, una obra que continuará escribiéndose por muchos años seguramente. Podía pasar que no pudiera mantenerse siempre en el mismo nivel de sorpresa y solidez o que algunos ya empezaran a sentirse agotados. Pero también están aquellos que lo comprenden y lo bancan hasta el final, ávidos de cada historia que la saga tiene para contar, de cada personaje y sus experiencias que le permiten crecer.
Grandilocuente y excesiva (la duración es solo un aspecto de esta característica, porque lo cierto es que quiere abarcarlo todo: la crítica social, la ambientalista, la religión, las dinámicas familiares, etc), esta nueva entrega parece dirigida especialmente a aquellos fieles adeptos y no los decepciona. Hay un espectáculo visual que siempre hace que sea la película que verdaderamente valga la pena pagar un poco más para verla en 3D, el amor por sus personajes está presente en cada momento, y también hay alguna sorpresa con una de las actrices involucradas en el proyecto desde el minuto uno. De hecho, que el director haya podido mantener su elenco principal original a lo largo de tantos años habla del amor y el compromiso que no solo él, sino también todo el elenco, han puesto en cada película
