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"Viva la vida": Un tributo a los jóvenes de ayer

Valeria Ambrosio ha demostrado que en el terreno del musical, pocas directoras tienen el talento de montar espectáculos creativos y con apuestas innovadoras.

Ha rendido tributos a grandes estrellas de la música como lo hizo en “Mina, che cosa sei?” “Ella” (el tributo a Raffaella Carrá) “Bocatto di Cardinale” (para los temas de la inolvidable Rita Pavone) “Frustrados en Baires” (con la música de Charly García) y “Amado Mio” (con las canciones italianas de los años ’60).

Fue la directora de grandes puestas como “Mueva la Patria!” la primera ópera cumbia, “Priscilla, la reina del desierto” o “Sras. y Sres. del musical” pero, con su espíritu completamente inquieto ha recorrido también un camino fuera del musical, en el teatro de texto con “Mentiras Inteligentes” (actualmente en cartel con Bettiana Blum, Mariano Martinez y Arnaldo André) “Yo amo a Shirley Valentine” o “Como te soñé” (con Esther Goris).

En este caso, con “VIVA LA VIDA!”, Ambrosio vuelve de lleno a una propuesta musical, nutriéndose de los temas de unos de los íconos de la música popular como es Palito Ortega, temas que no solamente tienen un ritmo pegadizo sino que identifican a toda una época y apela al mundo de nuestros recuerdos además de ser de esas canciones que podemos cantar y tararear en grupo porque son conocidas por todos.

La puesta abre con un clip que nos muestra la Buenos Aires de los ’70, la calle Corrientes tan diferente a la de ahora, Lavalle en su máximo esplendor, los colectivos que algunos que peinamos canas recordamos y una arquitectura muy diferente a como la concebimos hoy.

Es más precisamente Año Nuevo del ’74 y un grupo de seis amigos festeja en una terraza y hacen un juramento que es ley: apenas aparezcan los primeros síntomas de la vejez en alguno de ellos, se irán a vivir juntos y felices por lo que les quede de vida en una casita en el Tigre: una especie de versión porteña de la película de Stéphane Robelin “Y si vivimos todos juntos…?” con Jane Fonda, Geraldine Chaplin y Pierre Richard. Rápidamente, la historia nos transporta cuarenta y cinco años después donde este grupo de amigos, cumpliendo fielmente con lo que oportunamente se prometieron, viven juntos en el Tigre y se encuentran preparando la bienvenida de otro nuevo año.

Los encontramos ocupados en los preparativos de ese festejo y la puesta alterna el presente junto con las fantasmáticas apariciones de aquellos que ellos fueron en su juventud, la excusa perfecta para incorporar esos grandes éxitos musicales populares de los años ’70.

El elenco que representa al grupo de amigos en la tierna juventud es un verdadero “dream-cast” de talentos de la comedia musical actual como Natalia Cociuffo, Ivanna Rossi, Andrea Lovera, Cristian Gimenez, Patricio Witis y Emmanuel Robledo Ortiz, de una extensa trayectoria cada uno de ellos en los más importantes musicales del off y del teatro comercial porteño como por ejemplo “Los monstruos” “La desgracia” “Chicago” “Piaf” “El violinista en el tejado” “Forever Young” y tantas grandes producciones.

Ellos serán los encargados de representar a quienes en el presente encarnan Nora Cárpena, Mercedes Carreras, Martha Bianchi, Rodolfo Ranni, Jorge Martinez y Alberto Martin, otro enorme ensamble de talentos de la escena nacional que pisan nuevamente el escenario y demuestran y validan sus cartas de presentación divirtiéndose, bailando y cantando en el escenario con envidiable vitalidad.

El problema principal es que la línea argumental que vincula presente y pasado se torna endeble, algo confusa y sobre todo, desaprovecha enormemente el talento de los jóvenes cantantes que no logran lucirse demasiado en los cuadros musicales que lucen algo esquemáticos y estructurados –sobre todo para los montajes innovadores de Ambrosio y las coreografías que suele presentar Elizabeth de Chapeaurouge-, para no desplazar totalmente a la historia que se narra en la actualidad.

Con algunos apuntes que hacen referencia concreta a la situación económica actual, a nuestra historia reciente, algunos nombres de personalidades famosas en los diálogos le dan un aire –que sumado a las canciones populares- no dejan duda de la marca argentina del musical dirigido por Ambrosio.

Pero la propuesta en general luce híbrida, inconexa y hay demasiado talento en el escenario como para que el libro no haya podido darle un lucimiento particular a cada uno de ellos.

Dos brillantes cantantes y comediantes completan el elenco: la demoledora Lula Rosenthal (que tiene a su cargo uno de los mejores cuadros musicales del espectáculo) como la enfermera que cuida a uno de los amigos que está atravesando un delicado proceso y Liza Spadone, como la tosca almacenera que lleva provisiones con su lancha a esa casa del Tigre y que irrumpe con muchísimo desparpajo y demuestra tanto sus condiciones para la comedia como para el canto.

Cociuffo, Rossi, Lovera, Gimenez y Witis demuestran su ductilidad vocal y los arreglos de estas canciones populares les permiten un mayor lucimiento e indudablemente el desparpajo para la comedia y la fuerza escénica de Nora Cárpena es uno de los puntos más altos de la obra y se gana los mayores aplausos y magnetiza cada vez que saborea sus líneas de diálogo. “VIVA LA VIDA!” se completa con un vital y preciso Rodolfo Ranni y una Mercedes Carreras completamente dispuesta a jugar en el escenario.

Alberto Martin y Jorge Martinez muestran oficio aunque sus papeles no tienen un mayor lucimiento.

A la que se la vez algo “perdida” dentro del elenco es a Martha Bianchi que parece desentonar en el ritmo general de la propuesta pero que seguramente conseguirá adaptar su personaje a medida que la obra comience a rodar con mayor cantidad de funciones.

Una comedia musical que, fiel al perfil de Valeria Ambrosio, genera un espacio novedoso y de calidad pero que se resiente con un libro demasiado básico y que no logra una cohesión entre los recursos y el resultado final, que de todas formas se disfruta muchísimo en la platea pero que deja un sabor de ganas de más.